Febrero 11 (La guía divina)

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Envíame el pensamiento, la palabra o la acción correctos. Muéstrame cuál debe ser mi siguiente paso. En tiempos de duda y de indecisión, por favor mándame Tu inspiración y tu guía. Alcohólicos Anónimos.
La buena nueva acerca de someternos a nosotros y de someter nuestra vida a un Poder Superior a nosotros mismos es que nos ponemos en armonía con un Plan Maestro, un plan más grande del que podamos imaginar.
Se nos ha prometido la Guía Divina si la pedimos, si trabajamos los Doce Pasos. ¿Qué mayor regalo podemos recibir que saber que nuestros pensamientos, palabras y acciones están siendo dirigidos?
No somos un error. Y no tenemos que controlarnos o reprimirnos a nosotros mismos ni a los demás para que la vida funcione. Incluso lo extraño, lo no planeado, lo doloroso y eso que llamamos errores pueden convertirse en armonía.
Seremos guiados para entender qué necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos. Empezaremos a confiar en nuestros instintos, en nuestros sentimientos, en nuestros pensamientos. Sabremos cuándo ir, cuándo detenernos, cuándo esperar. Aprenderemos una gran verdad: el pan se dará a pesar de nosotros, no a causa de nosotros.
“Hoy, y todos los días, rezo porque mis pensamientos, palabras y acciones sean guiados Divinamente. Rezo porque pueda proseguir mi camino con confianza, sabiendo que mis pasos son guiados.”

Febrero 10 (Deja ir la tristeza)

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Un obstáculo para la alegría y el amor puede ser una tristeza no resuelta del pasado.
En el pasado nos decíamos a nosotros mismos muchas cosas para negar el dolor: “No duele tanto…. Quizá si espero un poco, las cosas cambiarán… No es para tanto. Puedo con esto… Tal vez si trato de hacer cambiar a la otra persona, no tendré que cambiar yo mismo”.
Negábamos que nos dolía porque no queríamos sentir el dolor.
Sin embargo, los asuntos inconclusos no desaparecen. Se siguen repitiendo hasta que captan nuestra atención, hasta que los sentimos, lidiamos con ellos y nos curamos. Esa es
una lección que estamos aprendiendo en la recuperación de la codependencia y de problemas propios de hijos de alcohólicos.
Muchos de nosotros no tuvimos las herramientas, el apoyo o la seguridad que necesitábamos para reconocer y aceptar el dolor en nuestro pasado. Está bien. Ahora estamos a salvo.
Lentamente, con cuidado, podemos empezar a abrirnos a nuestros sentimientos. Podemos empezar el proceso de sentir lo que hemos negado desde hace tanto tiempo, no para culparnos, no para avergonzarnos, sino para curarnos en preparación para una vida mejor.
Está bien llorar cuado necesitemos llorar y sentir la tristeza que muchos hemos guardado durante tanto tiempo. Podemos sentir esos sentimientos y liberarnos de ellos.
El proceso de pena es un proceso de purificación. Es un proceso de aceptación. Nos lleva del pasado al presente y un futuro mejor, un futuro libre de conductas saboteadoras, un futuro que guarda más opciones que nuestro pasado.
“Dios mío, mientras vivo el día de hoy, déjame abrirme a mis sentimientos. Hoy, ayúdame a saber que no necesito forzarme ni reprimir la curación que tengo a mi disposición en mi recuperación.
Ayúdame a confiar en que si estoy abierto y dispuesto, la curación se dará en forma natural, de una manera que puedo manejar.”

Febrero 9 (Condúcete con amor)

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Cuando la gente con un trastorno compulsivo hace lo que se siente obligado a hacer, no está diciendo que no te ama, está diciendo que no se ama a sí misma.
Ya no seas codependiente.
Las personas suaves, las almas amables, van con amor.
Si, a veces necesitamos ser firmes, asertivos: en esas épocas en que cambiamos, en que adquirimos una nueva conducta, en que necesitamos convencer a los demás y a nosotros mismos de que tenemos derechos.
Esas épocas no son permanentes. Tal vez necesitemos enojarnos para tomar una decisión o fijar un límite, pero no podemos permitirnos quedar resentidos. Es difícil sentir compasión por alguien que nos está victimizando, pero una vez que nos hemos apartado de nuestro papel de víctimas, podemos encontrar compasión.
Nuestro sendero, nuestro camino, es un camino suave que seguimos con amor, amor a nosotros mismos, amor a los demás. Fijar límites.
Desapegarse. Cuidar de nosotros mismos. Y, tan pronto como sea posible, hacer eso con amor.
“Hoy, y cada vez que sea posible, Dios mío, déjame ser gentil conmigo mismo y con los demás. Ayúdame a encontrar el equilibrio entre la acción asertiva emprendida en busca de mis mejores intereses y el amor por los demás. Ayúdame a comprender a que a veces esas dos ideas son una sola. Ayúdame a encontrar el sendero adecuado para mí.”