Febrero 17 (Aceptación)

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Nuestro concepto básico de recuperación que nunca pierde su poder para obrar milagros es el concepto llamado aceptación.
No logramos la aceptación en un momento. A menudo tenemos que pasar por una miríada de sentimientos, a veces ira, rabia, vergüenza, lástima de uno mismo o tristeza. Pero si la aceptación es nuestra meta, la lograremos.
¡Qué cosa más liberadora es reírnos de nuestras debilidades y sentir gratitud por nuestros puntos fuertes! El llegar a conocer el paquete completo que llamamos “ nosotros” –con todos nuestros sentimientos, pensamientos, tendencias e historias-
merece la aceptación y nos trae sentimientos de curación.
Aceptar nuestras circunstancias es otra cura milagrosa. Para que cambie algo o alguien, primero debemos aceptarnos a nosotros mismos, a los demás y a las circunstancias exactamente como son. Luego, necesitamos ir un paso más allá. Necesitamos sentir gratitud por nosotros mismos y por nuestras circunstancias. Añadimos un toque de fe diciendo: “ Sé que así es exactamente como deben ser las cosas por el momento”.
No importa cuánto nos compliquemos, lo básico nunca pierde su poder para devolvernos al sano juicio.
“Hoy, Dios mío, ayúdame a practicar el concepto de la aceptación en mi vida. Ayúdame a aceptarme a mí mismo, a los otros y a mis circunstancias. Llévame un paso más allá y ayúdame a sentir gratitud.”

Febrero 16 (Desapego)

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El concepto del “dejar ir” puede ser confuso para muchos de nosotros. ¿Cuándo estamos haciendo demasiado o esforzándonos demasiado por controlar a la gente y los sucesos? ¿Cuándo estamos haciendo demasiado poco? ¿Cuándo estamos haciendo lo apropiado para cuidar de nosotros mismos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad y cuál no es?
Estas cuestiones nos pueden desafiar, ya sea que hayamos estado en recuperación durante diez días o diez años. A veces dejamos ir tanto, que descuidamos la responsabilidad para con nosotros mismos y con los demás. Otras, quizá crucemos la línea que existe entre cuidar de nosotros mismos y controlar a los demás y a los sucesos.
No hay un libro de reglas respecto a esto. Pero no tenemos por qué volvernos locos, no tenemos por qué tener tanto miedo. No tenemos que recuperarnos perfectamente. Si parece que necesitamos emprender determinada acción, podemos hacerlo. Si ninguna acción parece oportuna o inspirada, no la llevamos a cabo.
Tener y fijar límites sanos –fronteras sanas- no es un proceso ordenado. Podemos darnos permiso a nosotros mismos de experimentar, de cometer errores, de aprender, de crecer.
Podemos hablar con la gente, hacer preguntas y cuestionarnos a nosotros mismos. Si hay algo que necesitamos hacer o aprender, esto se volverá aparente. Las lecciones no se van. Si no estamos cuidando de nosotros mismos lo suficiente, lo veremos. Si estamos siendo demasiado controladores, también llegaremos a entenderlo. Las cosas se solucionarán. El camino se despejará.
“Hoy emprenderé las acciones que me parezcan apropiadas. El resto lo dejaré ir. Lucharé por conseguir el equilibrio entre la responsabilidad conmigo mismo, la responsabilidad para con los demás y el dejar ir.”