Febrero 20 (Fijemos nuestro propio curso)

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Somos impotentes ante las expectativas que otras personas tienen de nosotros. No podemos controlar lo que los otros quieren, lo que esperan o lo que quieran que hagamos o seamos.
Podemos controlar cómo respondemos a las expectativas de los demás.
Durante el curso de cualquier día, la gente hace de mandas acerca de nuestro tiempo, talentos, energía, dinero y emociones. No tenemos por qué decir sí a cada una de sus peticiones. No tenemos por qué sentirnos culpables si decimos que no. Y no tenemos
por qué permitir que el alud de exigencias controle el curso de nuestra vida.
No tenemos que pasarnos la vida reaccionando a los demás y al curso que quisieran que tomara nuestra vida.
Podemos fijar límites, barreras firmes acerca de qué lejos vamos a ir con los demás. Podemos confiar en nosotros mismos y escucharnos a nosotros mismos. Podemos fijarnos metas y dar una dirección a nuestra vida. Podemos valorarnos a nosotros mismos.
Podemos adueñarnos de nuestro poder al tratar con la gente.
Resérvate algo de tiempo. Piensa acerca de lo que tú quieres.
Considera cómo afectaría el curso de tu vida el hecho de que respondieras a las necesidades de otros. Vivimos nuestra propia vida no permitiendo que otra gente, ni sus expectativas, ni sus demandas controlen el curso de nuestra vida. Podemos dejar que tengan sus expectativas y que hagan sus demandas; podemos dejar que tengan sus sentimientos. Podemos adueñarnos de nuestro poder para elegir el camino correcto para nosotros.
“Hoy, Dios mío ayúdame a adueñarme de mi poder desligándome , y a elegir en paz el curso de acción adecuada para mí. Ayúdame a saber que me puedo desligar de las expectativas y deseos de los demás. Ayúdame a dejar de complacer a otra gente y a empezar a complacerme a mí mismo.”

Febrero 19 (Nuestro sendero)

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Acabo de pasar unas horas con alguien de mi grupo y ya siento que estoy perdiendo la cabeza. Esta mujer insistió en que la única manera como podría progresar en mi programa era yendo a su iglesia y sucumbiendo ante las reglas religiosas que ahí se practicaban. Me presionaba y me insistía, y me insistía y me presionaba. Ella ha estado en el programa mucho más tiempo que yo. Yo pensaba que ella debía saber de qué estaba hablando. Pero no lo sentía correcto. Y ahora me siento loca, asustada, culpable y avergonzada.
Anónimo
El sendero espiritual y el crecimiento interior que nos han prometido los Doce Pasos no dependen de ninguna creencia religiosa, ni secta o denominación. Tal como afirman las tradiciones de los programas de Doce Pasos, éstos no están afiliados a ninguna denominación u organización religiosa.
No tenemos por qué permitirle a nadie que nos fastidie con la religión durante la recuperación. No tenemos por qué permitirle a la gente que nos haga sentir avergonzados, temerosos o menos porque no nos suscribamos a sus creencias en cuanto a religión.
No tenemos por qué dejarlos que nos hagan esto en nombre de Dios, del amor o de la recuperación.
La experiencia espiritual que encontraremos como resultado de la recuperación de los Doce Pasos será nuestra propia experiencia espiritual. Esta consistirá en una relación con Dios, nuestro Poder Superior, tal como nosotros lo concebimos.
 Cada uno de nosotros debe encontrar su propio sendero espiritual.
Cada uno de nosotros debe construir su propia relación con Dios tal como cada quien lo conciba. Cada uno de nosotros necesita un Poder Superior a uno mismo. Estos conceptos son de crítica importancia en la recuperación. E igualmente importante es la libertad para escoger cómo hacerlo.
“Poder Superior, ayúdame a saber que no tengo por qué permitirle a nadie que me avergüence o me fastidie por las creencias religiosas.
Si ellos confunden eso con la espiritualidad que surge en la recuperación, ayúdame a regresarles su confusión. Ayúdame a descubrir y a desarrollar mi propia espiritualidad, un sendero que me funcione a mí. Guíame, con Sabiduría Divina, a medida que voy creciendo espiritualmente.”

Febrero 18 (Estar en lo correcto)

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La recuperación no es cuestión de estar en lo correcto; se trata de permitirnos ser lo que somos y de aceptar a los demás como son.
Ese concepto puede ser difícil para muchos de nosotros si hemos vivido dentro de sistemas que funcionaban en la escala de justicia del “bien y el mal”. La persona que estaba en lo correcto estaba bien; a la persona que estaba en lo incorrecto se le avergonzaba.
Todo el valor y la valía podían haber dependido de estar en lo correcto; estar en lo incorrecto significaba la aniquilación del yo y de la autoestima.
En la recuperación estamos aprendiendo a luchar por el amor dentro de nuestras relaciones y no por la superioridad. Sí, tal vez necesitemos tomar decisiones de vez en cuando acerca de la conducta de la gente. Si alguien nos está lastimando, necesitamos defendernos. Tenernos la responsabilidad de establecer límites y de cuidar de nosotros mismos. Pero no necesitamos justificar el hecho de cuidar de nosotros mismos condenando a alguna otra persona.
Podemos evitar la trampa de concentrarnos en los demás en vez de en nosotros mismos.
En la recuperación estamos aprendiendo que lo que hacemos necesita ser correcto sólo para nosotros. Lo que otros hagan es asunto suyo y necesitar ser correcto sólo para ellos. Resulta tentador descansar en la superioridad de estar en lo correcto y de analizar las motivaciones y las actuaciones de los demás, pero es más recompensante ver más adentro.
“Hoy recordaré que no tengo que esconderme detrás del hecho de estar en lo correcto. No tengo que justificar lo que quiero y necesito diciendo que algo está bien “bien” o está “mal”. Puedo permitirme ser como soy.”