Mayo 19 (Resolvamos problemas)

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“La vergüenza es el primer sentimiento que me pega cada vez que yo, o alguien a quien amo, tiene un problema,” dijo una mujer en recuperación.
Muchos de nosotros fuimos educados con la creencia de que tener un problema era algo de lo que debíamos avergonzarnos.
Esta creencia puede hacernos mucho daño. Puede impedirnos identificar nuestros problemas; nos puede hacer sentir enajenados e inferiores cuando los tenemos, o los tiene alguien a quien amamos.
La vergüenza puede impedirnos solucionar un problema y encontrar el regalo que constituye ese problema.
Los problemas son parte de la vida. Lo mismo las soluciones. La gente tiene problemas, pero nosotros, y nuestra autoestima, somos algo aparte de nuestros problemas.
Todavía no conozco una persona que no tenga problemas que resolver, ¡pero he conocido a muchas que se sentían avergonzadas de hablar acerca de los problemas que ya habían resuelto!
Nosotros somos más que nuestros problemas. Aunque nuestro problema sea nuestra propia conducta, el problema no es lo que somos, es lo que hicimos.
Esta bien tener problemas. Está bien hablar acerca de los problemas, en el momento adecuado, y con gente segura.
Está bien resolver problemas.
Y estamos bien. Aunque tengamos problemas, o los tenga alguien a quien amamos. No tenemos por qué perder nuestro poder personal o nuestra autoestima. Hemos resuelto exactamente los problemas que hemos necesitado resolver para convertirnos en lo que somos.
“Hoy dejaré ir mi vergüenza acerca de los problemas.”

Mayo 18 (Vivamos nuestras vidas)

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¡No dejes de vivir tu vida!
Muy a menudo, cuando se da un problema, dentro de nosotros o a nuestro alrededor, retrocedemos al pensar que si pusiéramos nuestra vida en suspenso posiblemente podríamos contribuir en forma positiva a la solución. Si una relación no está funcionando, si enfrentamos una decisión difícil, o si nos estamos sintiendo deprimidos, podemos poner nuestra vida en suspenso y atormentarnos con pensamientos obsesivos.
Abandonar nuestra vida o nuestra rutina contribuye a agrandar el problema y nos impide encontrarle una solución.
Frecuentemente, la solución llega cuando la dejamos ir lo suficiente para vivir nuestra vida, regresar a nuestra rutina y dejar de obsesionarnos por el problema.
A veces, aunque no sintamos quererlo dejar ir o poderlo dejar ir, podemos actuar “como si” pudiéramos, y eso nos ayudará a dejarlo ir, tal como deseamos.
No tienes porqué renunciar a tu poder para solucionar problemas.
Puedes dejar de concentrarte en tu problema y concentrarte en tu vida, confiando en que el hacerlo así te llevará a acercarte a una solución.
“Hoy seguiré viviendo mi vida y atendiendo mis rutinas. Decidiré tan frecuentemente como necesite hacerlo, dejar de obsesionarme acerca de lo que me esté molestando. Si no siento ganas de dejar ir alguna cosa en particular, actuaré “como si” ya la hubiera dejado ir hasta que mis sentimientos estén de acuerdo con mi conducta.”

Mayo 17 (Límites)

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A veces, la vida y la gente parecen presionar y presionar. Como estamos tan acostumbrados al dolor, podremos decirnos a nosotros mismos que no nos duele. Como estamos tan acostumbrados a que la gente nos controle y nos manipule, podremos decirnos que estamos equivocados.
No estamos equivocados. La vida nos está presionando y lastimando para captar nuestra atención. A veces, el dolor y la presión apuntan hacia una lección. La lección puede ser que nos hemos vuelto demasiado controladores. O quizá se nos está empujando para que nos adueñemos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. La cuestión son los límites.
Si alguien o algo nos está presionando hasta el límite, eso es exactamente lo que está sucediendo: nos han presionado hasta nuestro límite. Podemos estar agradecidos por esa lección que está aquí para ayudarnos a explorar nuestros límites y a fijarlos.
“Hoy me daré permiso para fijar los límites que quiero y que necesito fijar en mi vida.”

Mayo 16 (Amor propio)

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“Me desperté en la mañana y tuve unos momentos difíciles durante un rato”, dijo un hombre en recuperación. “Luego me di cuenta de que eso se debía a que no me estaba gustando mucho a mí mismo”. La gente que está en recuperación a menudo dice: “Simplemente no me gusto a mí misma ¿Cuándo empezaré a gustarme?”.
La respuesta es: empieza ahora. Podemos aprender a ser amables, amorosos y cariñosos con nosotros mismos. De todas las conductas de recuperación que estamos luchando por lograr, amarnos a nosotros mismos puede ser la más difícil y la más importante. Si habitualmente somos duros y críticos con nosotros mismos, aprender a ser amables puede requerir de un delicado esfuerzo.
¡Pero qué valiosa aventura!
Al no gustarnos a nosotros mismos, podemos estar perpetuando el desprecio, el abandono o el abuso que recibimos durante la niñez por parte de la gente importante en nuestra vida. No nos gustó lo que sucedió entonces, pero nos descubrimos copiando a aquellos que nos maltrataron al tratarnos mal a nosotros mismos.
Podemos detener ese patrón. Podemos empezar a darnos el tratamiento amoroso, respetuoso, que merecemos.
En vez de criticarnos, podemos decirnos que nos hemos desempeñado suficientemente bien.
Podemos despertar por la mañana y decirnos que nos merecemos tener un día bueno.
Podemos hacer el compromiso de cuidar bien de nosotros mismos durante el día.
Podemos reconocer que somos merecedores de amor.
Podemos hacer cosas amorosas por nosotros mismos.
Podemos amar a otras personas y dejarlas que nos amen.
La gente que en verdad se ama a sí misma no se centra destructivamente en sí misma. No abusa de los demás. No deja de crecer y de cambiar. La gente que se ama bien a sí misma aprende a amar también a los demás. Continuamente crece para convertirse en
gente más sana, aprendiendo que colocó su amor en e
el lugar correcto.
“Hoy me amaré a mi mismo. Si caigo en el viejo patrón de no gustarme a mí mismo, encontraré una manera de salir de el.”