Mayo 31

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Crecí creyendo que mi comportamiento tenía que ser perfecto y odiándome cuando no lo era. Nadie me dijo en realidad que tenía que ser perfecto pero eso era lo que yo creía. Mi autoestima disminuía cada vez que cometía un error, o no sabía algo que debía hacer, o me equivocaba, o cuando algo que hacía o decía sin intención lastimaba a alguien. Pensaba que mis errores eran la prueba de mi fracaso en lo único que según yo debía lograr: La perfección.

Después de un tiempo en Al-Anon, sentía que necesitaba aplicar el Cuarto Paso, “un sincero y minucioso examen de conciencia” de mí mismo. Temía abordar este Paso y me avergonzaba de cada imperfección por la cual tendría que asumir la responsabilidad. Creía que este examen era una enumeración de lo “bueno” y lo “malo” que pronto demostraría a Dios, a mí mismo y a los demás que yo era un fracasado.

Después de estudiar a fondo este paso en las publicaciones del grupo y hablar con mi Padrino, decidí cambiar mi actitud.

Humildad, no humillación, es el objetivo a largo plazo del examen del Cuarto Paso. El examen de conciencia no tiene como meta ser un tablero de resultados o un boletín de notas. Hay muchas cosas en mi vida que lo puedo controlar pero puedo escoger mis actitudes y comportamientos. El verdadero propósito del examen del Cuarto Paso es ayudarme a desarrollar una lista de cosas que puedo cambiar para que mi vida sea más espiritual, más sana, más satisfactoria y serena en este contexto, la perfección no tiene cabida.

Pensamiento del día

Hacer el examen de conciencia del Cuarto Paso esclarece las cosas sobre las cuales si tengo poder.

”Puede exigir valor y autodisciplina, pero al reconocer libremente lo que hemos sido, podemos introducir cambios positivos en lo que seremos.”

                                                                                                        Valor para cambiar, Pág. 158

Mayo 31 (¿Qué tal si?)

PAG-reflejo

Un día estaba hablando con una amiga acerca de algo que había planeado hacer. De hecho, me estaba preocupando de cómo reaccionaría una persona en particular hacia lo que yo tenía intención de hacer.
“¿Qué tal si no lo sabe manejar muy bien?, le pregunté. “Entonces”, me dijo mi amiga, “serás tú la que tendrás que manejarlo bien.”
Los “qué tal si” nos pueden volver locos. Ponen el control sobre nuestra vida en las manos de otro. Los “qué tal si” son una señal de que hemos regresado a pensar que la gente tiene que reaccionar de una manera particular para que nosotros podamos seguir nuestro curso.
Los “qué tal si” son también una clave de que podemos estar pensando si podemos confiar en nosotros mismos y en nuestro Poder Superior para hacer lo que mejor nos conviene. Estos son retazos de maneras codependientes de pensar, de sentir y de comportarse, y son señales de miedo.
Las reacciones, sentimientos, gustos o desagrados de otros no tienen por qué controlar nuestras conductas, sentimientos y dirección. No necesitamos controlar la forma como los otros reaccionan ante lo que hemos elegido. Podemos confiar en que nosotros , con la ayuda de un Poder Superior, manejaremos cualquier resultado, aun el más incómodo. Y, amigo mío, podemos confiar en que lo manejaremos bien.
“Hoy no me preocuparé de las reacciones de los demás o de los eventos que están fuera de mi control. Mejor me concentraré en mis reacciones. Manejaré bien mi vida hoy y confiaré en que, mañana, podré hacer lo mismo.”