Junio 4

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Todos los instrumentos de Al-Anon que he aprendido a usar me han señalado el camino de la sabiduría. Para mí, la sabiduría significa saber cuándo detenerme escucharme a mí misma y a mi Poder Superior en el lugar de apresurarme a tomar una decisión o pasar al acto. Antes pensaba que siempre tenía que hacer algo y que la espera era una pérdida de tiempo. Ahora sé que Dios me habla mientras espero.

La sabiduría significa ser paciente conmigo misma con los demás. Antes, yo me cortaba por todo, pero ahora puedo practicar el lema “Piensa”. Tal vez no tenga que sentirme responsable de una situación dada. Tal vez la otra persona tampoco necesite ser responsable de la misma. Tal vez todos estamos haciendo lo posible con lo que sabemos este momento.

La sabiduría significa saber que no puedo vivir de forma aislada. Necesito al prójimo. Necesito el amor de otros seres humanos que cometen errores, que comprenden mi humanidad y aún me aman. También necesito el amor y la guía del Dios que me creó, que siempre está a mi lado y que me responde cuando lo llamo.

La sabiduría significa aprender a desenterrar los diamantes que se ocultan en mis problemas. Antes derrochaba un tiempo valioso con mis depresiones debido a que me encontraba sola y sin amor. Estaba ciega ante todo lo hermoso que me rodeaba y no agradecía las bendiciones que recibía. Ahora cuando la vida me trae piedras, utilizo los instrumentos del programa para pulirlas y convertirlas en gemas valiosas.

Pensamiento del día

La sabiduría es el fruto de la aplicación del programa Al-Anon .

“Cuando pedimos sabiduría, le pedimos a Dios que comparta conocimientos especiales con nosotros.”

                                                                                Courage to Be Me. Pág. 166

 

 

Junio 4 (Confiemos en Dios)

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Una pareja de casados, amigos míos, decidieron hacer algunos cambios en su modo de vida. Siempre habían vivido en la ciudad y ahora decidieron que querían vivir en el campo, en un lago.
Encontraron una casa pequeña al borde del lago. No era la casa de sus sueños, pero cuando vendieran su casa en la ciudad, podrían reformarla. Habían ahorrado algo de dinero, de modo que se mudaron a la casa del lago antes de vender su casa en la ciudad.
Pasó un año y la casa en la ciudad no se vendió. Mis amigos atravesaron por muchos cambios durante ese tiempo.
Tuvieron momentos de paciencia y de impaciencia. Algunos días confiaban en Dios; otros, no podían descubrir por qué Dios los estaba haciendo esperar tanto, por qué Dios nos los dejaba adelantar con su plan. Las puertas sencillamente no se abrían de par en par.
Un día, un vecino vino a visitar a mis amigos. Su casa en el lago era la casa de los sueños de mis amigos, todo lo que ellos querían, y más. La primera vez que mis amigos vieron esa casa, la admiraron, deseando tener una igualita, pero luego se olvidaron de esa idea.
Nunca la creyeron posible.
La razón por la cual el vecino vino a visitar a mis amigos era porque él y su esposa habían decidido mudarse. Les ofreció a mis amigos la primera opción para la compra de su casa.
Mis amigos aceptaron su oferta y firmaron un contrato de compraventa. En los dos meses siguientes vendieron su casa en la ciudad y su pequeña casa del lago. Poco después, compraron la casa de sus sueños.
A veces experimentamos épocas de frustración en nuestra vida.
Creemos que estamos sobre la pista, confiando en Dios y en nosotros mismos, y sin embargo, las cosas no funcionan. Tenemos arranques y paradas en falso. La puerta rehúsa abrirse de par en par.
Podremos pensar que Dios nos ha abandonado o no le importamos. Quizá no comprendamos a dónde vamos, o cuál es nuestro rumbo.
Y luego, un día vemos: la razón por la que no obteníamos lo que queríamos es porque Dios había planeado algo mucho mejor para nosotros.
“Hoy practicaré la paciencia. Le pediré a mi Poder Superior que me mande lo mejor y confiaré en que así será.”

Junio 3

PAG-papas

La ira que había reprimido por haber vivido muchos años en una familia muy afectada por el alcoholismo llegó a su punto culminante durante una pelea que tuve con mis padres. Me marché de casa en un ataque de rabia y rehusé todo contacto con ellos. Cuando entré a mi primera reunión de Al-Anon, dos años más tarde, todavía no les hablaba.

En Al-Anon recibí las cosas que tanto necesité de mamá y papá. Los aportes de otros miembros, los Doce Pasos y las Doce Tradiciones, la Literatura Aprobada por la Conferencia, el amor que fluye de mi Poder Superior a través de mi Madrina. Todo esto me dio la sabiduría, la formación, la disciplina, la aceptación, el aliento y el apoyo que mis padres no me pudieron dar.

Recibir la formación que necesitaba me ha dado libertad para ver a mis padres de forma distinta. Ahora poder reconocer que son dos seres humanos que crecieron también con la falta de sano juicio que causa el alcoholismo activo.

Doy gracias porque al percibir los patrones del comportamiento de la enfermedad en mis padres, tengo la oportunidad de evitar sus errores. Mis padres me han evitado mucho dolor con su ejemplo. Sufrieron este dolor porque no contaban con el don de Al-Anon. Ahora soy un ser suficientemente independiente, pleno y completo para ofrecerles el amor que una vez anhelé de ellos. No siempre lo aceptan pero no cabe duda de que tenerlo para ofrecerlo me hace sentir bien.

 Pensamiento del día

Poder superior, por favor, llévame aquellos que pueden darme lo que necesito y otórgame la compasión para amar aquellos que no pueden.

”Ningún conocimiento puede superar a la experiencia.”

                                                                        Alcoholismo, contagio familiar, Pág. 22

Junio 3 (Caridad)

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Necesitamos tener límites sanos en lo que se refiere a recibir dinero, y a dar dinero.
Algunos de nosotros damos dinero por razones inadecuadas.
Quizá nos sintamos avergonzados porque tenemos dinero y no creemos merecerlo. Podemos pertenecer a una organización que usa la vergüenza como una forma de control para obligarnos a soltar nuestro dinero que la organización quiere.
Podemos quedarnos atrapados en darles dinero a nuestros hijos, familiares o amigos por sentimientos de culpa justificados o injustificados. Permitimos que nos chantajeen económicamente, a veces la que amamos.
Este no es dinero que damos libre o sanamente.
Algunos de nosotros damos dinero por una necesidad de cuidar en exceso. Podemos tener sentimientos de exagerada responsabilidad por otros, incluyendo la responsabilidad económica. Podemos estar dando simplemente porque no hemos aprendido a adueñarnos de nuestro poder para decir no cuando la respuesta es no.
Algunos de nosotros damos porque tenemos la esperanza o creemos que la gente nos amará si cuidamos de ella económicamente.
No tenemos por qué darle dinero a nadie. Dar dinero es una elección que hacemos. No tenemos por qué permitir que se nos victime, se nos manipule o se nos obligue para sacarnos dinero. Nosotros somos económicamente responsables de nosotros mismos. Par
te de estar sano es permitir que los que nos rodean sean económicamente responsables
de ellos mismos.
No tenemos por qué sentir vergüenza de tener el dinero que hemos ganado; nos merecemos el dinero que se nos ha pagado, cualquiera que sea la cantidad, sin sentirnos obligados a regalarlo todo, o culpables porque otros quieren lo que nosotros tenemos.
La caridad es una bendición. Darla es parte de vivir sanamente.
Podemos aprender a desarrollar límites sanos en cuanto a dar dinero.
“Hoy me esforzaré por empezar a desarrollar límites sanos en relación con dar dinero. Comprendo que el dar es una elección mía”