Junio 6

PAG-desprendimiento-emocional

Durante mis muchos años en Al-Anon, puse en práctica el desprendimiento emocional de los demás y al final lograba hacerlo bastante bien. Desarrollé técnicas que funcionaban para mí, como retirarme de un debate potencialmente álgido para leer las publicaciones de Al-Anon. Aprendí a suavizar las críticas contestando: “Tal vez tengas razón”, y usando el lema “Piensa” para ayudarme a actuar en vez de reaccionar impulsivamente.

No obstante, no era muy buena el desprendimiento de mí misma. Durante un ataque enloquecedor provocado por mi reacción ante mis propias emociones, mi Madrina sugirió que sincronizara mi mente con mi cuerpo haciendo algo físico y repitiéndome lo que estaba haciendo; y yo repetía: “Estoy lavando los platos”, o “Estoy caminando sobre la cita en el gimnasio.”

Como buscaba algo más profundo, descarté su idea por más de ocho años hasta que me casé de repetir el mismo comportamiento. Probé con su sugerencia y funcionó.

Cuando ocurre algo perturbador, a menudo me invaden viejos recuerdos de heridas pasadas, lo que hace más difícil permanecer en el presente, y empiezo a vivir de forma simultánea en el pasado y en el futuro. Los resultados del pasado se proyectan en situaciones presentes y futuras. Caigo en la trampa de la desesperanza y me resulta difícil tomar las decisiones adecuadas.

Cuando me pierdo el tiempo, me pregunto qué es lo que necesito en este momento para ocuparme de mí. Si hago algo concreto, como hacer una llamada algún miembro del grupo, escribir en mi diario, hacer ejercicios o trabajar en algún proyecto, me desprendo de mí misma. El pasado y el futuro vuelven a su lugar de origen y yo vuelvo, más calmada, al presente.

Pensamiento del día

¿He experimentado el poder del desprendimiento emocional para mantener mi mente en el mismo lugar que mi cuerpo?

”El desprendimiento ayuda a los familiares a ver su situación realista y objetivamente, haciendo posible que se tomen decisiones inteligentes.”

                                                                                                         Desprendimiento emocional

Junio 7 (En órbita)

PAG-rojo

No importa que ellos se estén haciendo daño a ellos mismos. No importa que nosotros podríamos ayudarlos si tan solo nos escucharan y cooperaran con nosotros. NO IMPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA,
NO IMPORTA.
Ya no seas codependiente
Creo que puedo hacerlo cambiar. Nadie lo ha amado y lo ha apreciado realmente ántes. Yo seré quien lo haga, y entonces él cambiará….
Ella nunca ha estado antes con nadie en quien se pueda confiar. Yo demostré lo digno de confianza que soy, y entonces ella será capaz de amar… nadie antes ha sido capaz de llegar hasta ella, de conquistarla. Yo seré quien lo haga…. Nadie le ha dado realmente a él una oportunidad… Nadie antes ha creído realmente en él…
Estas son señales de advertencia. Luces rojas. Banderas rojas. De hecho, si estuviéramos teniendo estos pensamientos, necesitarían ser señales de alto.
Si nos hemos enganchado en creer que de alguna manera nosotros seremos aquél que marque la diferencia en la vida de alguien, si estamos tratando de probar lo buenos que podemos ser para alguien, podemos estar en un lío.
Esto es un juego. Un engaño. No funcionará. Nos volverá locos. Podemos confiar en ello. No estamos viendo las cosas claramente. Algo nos está pasando a nosotros. Será contraproducente. Podremos ser “la persona” correcta, la que acabará de víctima.
El patrón de pensamiento en su totalidad destila codependencia, destila no ser responsable de uno mismo, destila victimización. Cada persona necesita hacer su propio trabajo.
Nadie en el pasado lo comprendió realmente… Nadie ha visto en ella lo que yo veo… Es un artificio. Nos dispone a dejar de prestarnos atención a nosotros mismos al tiempo que nos concentramos demasiado en la otra persona. Nos aleja de nuestro sendero y a menudo nos pone en órbita.
Nadie lo ha apreciado lo suficiente… Nadie ha sido suficientemente bueno con ella o ha hecho por ella lo que yo puedo hacer… Es un rescate. Es una jugada de un juego, de un juego que no tenemos porqué jugar. No tenemos que probar que nosotros somos la persona. Si salimos a enseñarle a la gente que somos lo mejor que alguna vez le ha sucedido, puede ser tiempo de que veamos si ellos son lo mejor que alguna vez nos ha ocurrido.
No hemos sido asignados como ángel guardián, ni como madrina o padrino, o “el que lo hará”.
La ayuda, el apoyo y el aliento que verdaderamente benefician a los demás y a nosotros mismos surge de una manera natural. Déjalos surgir.
“Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de satisfacer retos disfuncionales en mis relaciones.”