Junio 12

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Pensaba que porque ya no vivía con mi padrastro alcohólico podía omitir el Primer Paso. Luego escuché que otros miembros aplicaban el Primer Paso de manera distinta. Reemplazaban la palabra alcohol por otras. En lugar de decir que eran incapaces ante el alcohol, mencionaban a otra gente o situaciones ante las cuales sentían esa incapacidad.

Examiné mi pasado y vi con claridad los momentos en que había tratado de ejercer control sin resultado. Escondía las bebidas de mi padrastro. Regresaba tarde a la casa para evitar los gritos constantes de mi madre y, a menudo, me metía en dificultades.

Al final me di cuenta de que dichos intentos de controlar, en lugar de ayudarme, me habían causado daño.

Examiné el presente y reconocí como había buscado la aceptación ajena diciendo o haciendo, o en algunos casos no diciendo o no haciendo, las cosas que según yo los otros deseaban. La manipulación se había convertido en algo natural para mí. Descubrí cuanto quería que otra gente cambiara para que yo pudiera ser feliz. Hasta percibí como me empeñaba en controlar la velocidad y la dirección de mi propia recuperación.

A veces toma tiempo imaginar a quién o qué no puedo controlar. Cuando logro descubrirlo, puedo insertar la palabra apropiada en el Primer Paso. Hoy el Primer Paso me resulta mucho más útil porque puedo reemplazar la palabra “alcohol” por todo tipo de personas o situaciones. Este inmensa posibilidad también me ayuda a aplicar el Duodécimo Paso porque en cada una de mis acciones hay elementos que no puedo controlar.

Pensamiento del día

El Primer Paso puede ser un instrumento de múltiples propósitos.

”Podemos aplicar el Primer Paso de Al-Anon, admitiendo que somos incapaces de encarar la realidad de nuestra situación y a las otras personas involucradas y que nuestras vidas se han vuelto ingobernables.

                                                                              …En todas nuestras acciones…, Pág. 31

Junio 12 Espontaneidad y diversión

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Practica ser espontáneo. Practica divertirte.
La alegría de la recuperación es que finalmente llegamos a experimentar. Llegamos a aprender conductas nuevas y no tenemos que hacerlas perfectamente. Únicamente necesitamos encontrar una forma que nos funcione. Incluso nos divertimos experimentando, aprendiendo y haciendo lo que nos gusta.
Muchos de nosotros hemos caído en una rutina con rigidez, martirio y privación. Una de las experiencias “normales” de la que muchos de nosotros hemos sido privados es la de divertirnos.
Otra es la de ser espontáneos. Podemos no tener ni la más nebulosa noción acerca de lo
que nos gustaría hacer para divertirnos. Y podemos contenernos tanto que no nos permitamos probar algo divertido, de todas maneras.
Podemos dejarnos ir un poco de vez en cuando. Podemos aflojar un poco. No tenemos por qué ser tan tiesos y rígidos, estar tan asustados de ser como somos. Corre algunos riesgos.
Prueba nuevas actividades. ¿Qué nos gustaría hacer? ¿Qué disfrutaríamos hacer? Luego, corre otro riesgo. Escoge una película que quisieras ver; llama a un amigo o amiga e invítalo a acompañarte.
Si esa persona dice no, prueba con alguien más o inténtalo en otra ocasión.
Decídete a probar algo y luego llévalo a cabo. Ve una vez. Ve dos veces. Practica divertirte hasta que lo divertido se vuelva diversión.
“Hoy haré algo sólo para divertirme. Practicaré el divertirme hasta que realmente lo disfrute.”