Junio 15

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¿Por qué tendría que aplicar el Cuarto Paso? Porque yo me lo merezco. Porque vale la pena invertir tiempo y esfuerzos para alcanzar la recuperación en lugar de ahogarme en mis dificultades. Estoy tratando de decidir con toda serenidad lo que realidad me anima. No tengo que hacerlo yo solo, porque mi Poder Superior está conmigo en todo momento.

¿Cómo puedo beneficiarme con la realización de un examen de conciencia? Quiero deshacerme de las actitudes y comportamientos derrotistas que me impiden vivir plenamente. Se que mi recuperación es un viaje de toda la vida y lo comienzo identificando los sectores problemáticos aquí ahora. Me formulo ciertas preguntas. ¿Cuáles son las actitudes y comportamientos que me pueden haber servido (o por lo menos que me hicieron creer que servían) en el pasado pero que ahora limitan mi capacidad de experimentar la alegría y la plenitud? ¿Cuáles son los resentimientos que me mantienen atado al pasado? ¿Puedo admitir con serenidad la parte que me corresponde en mis dificultades y relaciones perturbadas? ¿Todavía me aferro a situaciones en las cuales no tengo nada que ver tengo? ¿Tengo el valor de asumir la responsabilidad por mis propios sentimientos y acciones? ¿Acepto que aunque sea incapaz para cambiar algo de mi pasado, puedo lograr ser feliz en el futuro? ¿Llego a confiar en mí y a valorarme? ¿Sé que soy digno de amarme como lo hace ya mi Poder Superior?

Hacer un examen de conciencia en el Cuarto Paso es algo que hago por mi, no para mí. La satisfacción que nos proporciona una tarea bien realizada sólo puede incrementar mi autoestima, y por ende, me quiero más.

Pensamiento del día

Con el Cuarto Paso comienzo el proceso de convertirme no en una persona perfecta, sino más perfectamente en paz conmigo mismo.

”Ahora necesitamos ser completamente sinceros para poder conocernos a nosotros mismos.”

                                            The Al-Anon Family Groups, edición clásica, Pág. 114

 

Junio 15 (Competencia entre mártires)

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“Si, ya sé que tu esposo es un alcohólico, pero mi hijo es alcohólico y eso es distinto ¡Es peor!
¡Mi dolor es más grande que el tuyo!
Que fácil trampa puede ser ésa para nosotros. Salimos para mostrarles a los demás cuanto nos han victimado, cuánto sufrimos, cuán injusta es la vida y qué tremendos mártires somos. ¡Y no estaremos contentos hasta que lo seamos!
No tenemos por qué probarle a nadie nuestro dolor y sufrimiento.
Nosotros sabemos que hemos tenido dolor. Sabemos que hemos sufrido.
Muchos de nosotros hemos sido auténticamente victimados. Muchos de nosotros hemos tenido lecciones difíciles, dolorosas que aprender.
La meta en la recuperación no es mostrarle a los demás cuánto sufrimos o hemos sufrido. La meta es detener nuestro dolor y compartir esa solución con otros.
Si alguien empieza a tratar de probarnos cuánto sufre, le podemos decir simplemente. “Parece que te han hecho sufrir”. Quizá lo único que esa persona está buscando es la validación de su dolor.
 Si nos sorprendemos tratando de probarle a alguien cuánto hemos sufrido si tratamos de detener el dolor de otra persona, quizá queramos detenernos a pensar y averiguar qué está pasando.
¿Necesitamos reconocer cuánto hemos sufrido o estamos sufriendo?
No hay un premio ni una recompensa en particular para el sufrimiento, como nosotros nos engañamos en creer en el colmo de nuestra codependencia. La recompensa es aprender a parar el dolor y a movernos a la alegría, a la paz y a la plenitud.
Ese es el regalo de la recuperación y está igualmente disponible para todos nosotros, aunque nuestro dolor haya sido más grande, o menor, que el de alguien más.
Dios mío, ayúdame a mostrarme agradecido por todas mis lecciones, incluso por aquellas que me causaron más dolor y sufrimiento.
“Ayúdame a aprender lo que necesito aprender. Para que pueda detener el dolor en mi vida. Ayúdame a concentrarme en la meta de la recuperación, en vez de en el dolor que me motivó hacia ella.”