Junio 26

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¿Se inquieta aún cuando su vida transcurre serenamente anticipando problemas continuamente? ¿Me identifico con esa pregunta del folleto del grupo titulado “Se crió junto a un bebedor con problemas?”

Hoy mi vida evoluciona bien, gracias a la labor de recuperación llevada a cabo en el grupo. Tengo un buen empleo, un marido maravilloso, y me empeño por fin en obtener el título de post-grado que tanto he anhelado. Sin embargo, por más magnífico que todo esto parezca, todavía me siento nerviosa.

Estoy siempre a la espera del próximo problema. Es como si no supiera aceptar la felicidad y tratara de buscar dificultades que me mantengan ocupada. Me quedo despierta por las noches preguntándome si mi auto irá a descomponerse. Trato de adivinar lo que piensan mis empleados y me siento angustiada si no tengo adelantado una semana el trabajo de la universidad. Esta obsesión es perturbadora, incluso para mí.

Por supuesto, preocuparme de este modo no tiene ningún sentido. Aunque pudiera prever los problemas que pudieran ocurrir y tener soluciones listas, mi preocupación no me protegerá de algo que quizás nunca ocurra. Cuando en el pasado ha recurrido a mi Poder Superior para eliminar mis inquietudes acerca de problemas reales, Ella me ha ayudado. Debo tener presente también que Ella puede eliminar dificultades imaginarias.

Si acepto que soy incapaz ante la energía negativa de mi mente, si deseo recuperar la cordura y si le pido a mi Poder Superior que me ayude, Ella lo hará. Puedo confiar en ella. A mí sólo me resta hacer la labor básica en cada cuestión según sea necesario. Entonces puedo soltar las riendas y disfrutar de la vida.

Pensamiento del día

Cuando he hecho todo lo posible, puedo “Soltar las riendas y entregárselas a Dios.”

”…la preocupación no me protegerá del futuro. Sólo me impedirá vivir el presente.”

                                                                                     Valor para cambiar, Pág. 15

 

Junio 26 (Sobrevivamos a los atorones)

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Un atorón puede durar varios días. Nos sentimos perezosos, faltos de concentración y a veces abrumados por sentimientos que no logramos clasificar. Podemos no entender qué nos está pasando. Hasta nuestros intentos por practicar conductas de recuperación parecen no funcionar. Todavía no nos sentimos emocional, mental y espiritualmente tan bien como quisiéramos.
En un atorón podemos descubrirnos revirtiéndonos instintivamente a viejos patrones de pensamiento, de sentimiento y de comportamiento, aunque ahora sepamos mejor cómo hacer las cosas. Podemos descubrir que nos estamos obsesionando, aunque sepamos que eso es precisamente lo que estamos haciendo y que no funciona.
Podemos descubrirnos buscando frenéticamente a otra persona que nos haga sentir mejor, sabiendo todo el tiempo que nuestra felicidad y bienestar no están en los demás.
Podemos empezar a tomarnos personalmente cosas que no son asunto nuestro y a reaccionar en formas que bien hemos aprendido que no funcionan.
Estamos en un atorón. No durará para siempre. Estos periodos son normales, necesarios incluso. Estos son los días que debemos superar. Son días para concentrarse en conductas de recuperación, aunque las recompensas ocurran o no en forma inmediata. Estos, a veces, son días para dejarnos ser como somos y amarnos a nosotros mismos tanto como podamos.
No tenemos por qué sentirnos avergonzados, no importa cuánto tiempo hayamos estado en recuperación. No tenemos por qué esperar de una manera poco razonable “más ” de nosotros mismos. Ni siquiera tenemos que esperar de nosotros mismos que vivamos la vida a la perfección.
Atraviesa el atorón. Este terminará. A veces, un atorón puede durar varios días y luego, en el curso de una hora, ver que salimos de él y nos sentimos mejor. A veces puede durar un poco más.
Practica una conducta de recuperación en un área pequeña y empieza a subir cuesta arriba. Pronto, el atorón desaparecerá. Nunca podemos juzgar dónde estaremos mañana por el sitio donde nos encontramos hoy.
“Hoy me concentraré en practicar una conducta de recuperación en uno de mis asuntos, confiando en que esta práctica me hará seguir adelante. Recordaré que la aceptación, la gratitud y el desapego son un buen lugar para empezar.”