Julio 1

PAG-plantita

La última oración de la Segunda Tradición dice así: “Nuestros dirigentes son tan sólo fieles servidores y no gobiernan.” Esto me hace pensar enseguida en uno de los obstáculos en el camino del éxito en el grupo: El dominio. Procuramos celebrar nuestras reuniones como una hermandad de iguales y tratamos de practicar el sistema de turno de nuestros dirigentes. Sin embargo, a veces un miembro puede mantener un puesto de servicio porque nadie más parece dispuesto a ofrecerse para el mismo.

En ocasiones, he ocupado puestos de servicio durante demasiado tiempo. He aprendido que a veces es necesario soltar las riendas, haya o no un reemplazo. Nadie puede recoger la pelota hasta que yo no la deje caer. También enteré de que lo que considero como un sentido de responsabilidad muy desarrollado podría ser en realidad una forma de dominio.

No puedo intentar dirigir los asuntos del grupo sin obstaculizar la recuperación del grupo y la mía.

Pensamiento del día

Hoy participaré en el sistema de turno del liderazgo de grupo.

”Un motivo por el que es tan importante turnarse en el grupo es que le da a todos la misma oportunidad de ser responsables. Turnarse también ayuda a impedir que una persona asuma autoridad en el puesto.”

                                                                                Senderos de recuperación, Pág. 214

Julio 1 (Permítete recibir algo)

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He aquí un ejercicio:
Hoy, deja que alguien te dé. Deja que alguien haga algo bueno por ti. Deja que alguien te haga un cumplido o te diga algo bueno acerca de ti mismo. Deja que alguien te ayude.
Luego, quédate ahí parado y acéptalo. Siéntelo. Sabe que vales la pena y eres merecedor. No te disculpes. No digas: “No debes tenerlo”. No te sientas culpable, atemorizado, avergonzado y con pánico. No trates de dar inmediatamente algo a cambio.
Simplemente di, “gracias”
“Hoy me permitiré recibir algo de otra persona y me permitiré sentirme a gusto con ello.”

Junio 30

PAG_GRACIAS

Durante mi niñez, pocas veces sentí que tenía lo que necesitaba, en especial: amor, atención y aprobación. Parecía que independientemente de lo que hicieran mis padres, siempre quería más. De adulta, traté de satisfacer mis necesidades de otra manera. Comía mucho, pensando que podía llenar el vacío con alimentos. Iba demasiado de compras, buscando esa mercadería difícil de encontrar que me iba a sentir realizada. Busqué “padres sustitutos” cuya atención y aprobación me hicieran sentir bien conmigo misma y con la vida.

En Al-Anon aprendí que cuando espero más de lo que los otros me pueden dar, me tiendo una trampa. Tratar de que alguien o algo externo me haga sentir satisfecha en mi interior es inútil.

Como dice mi Madrina, la felicidad es una tarea interna; es mi responsabilidad. No es de extrañar que mis padres no pudieran hacer, decir o dar suficiente. Aunque no hubiesen sido alcohólicos, tampoco habrían podido responsabilizarse por mi paz y satisfacción interiores.

Hoy, encuentro la felicidad en Al-Anon y en una relación estrecha con mi Poder Superior. Mediante la plegaria y la meditación diarias, descubro que estoy precisamente donde Dios desea que esté. En épocas buenas y malas, siempre puedo contar con que mi Poder Superior me suministre generosamente todo lo que necesito. He llegado a aceptar también que mis padres están donde Dios desea que estén. Ellos no pueden hacer que yo me sienta plena y realizada. Esta tarea nos corresponde a mi Poder Superior y a mí. Poseer este conocimiento me da fuerzas.

Es un paso hacia una nueva forma de vida, llena de amor, atención y aprobación de mi Poder Superior. Hoy sé que siempre tendré lo suficiente.

Pensamiento del día

¿Qué comportamientos utilizo para satisfacer mis necesidades? ¿Cómo funcionan?

”Los miembros del grupo me brindan amor incondicional y atención sana.”

                                                                  De la supervivencia la recuperación, Pág. 26

 

Junio 30 (Acepta el cambio)

PAG-macetas

Un día, mi madre y yo trabajábamos juntas en el jardín. Estábamos trasplantando unas plantas por tercera vez. Habiendo crecido a partir de una semilla en un bote pequeño, las plantas habían sido transferidas a un bote grande; y luego trasplantadas al jardín.
Ahora, como me estaba mudando de casa, las estábamos trasplantando otra vez.
Siendo inexperta como jardinera, me volví a mi experimentadísima madre. “¿No les hace daño?”, le pregunté mientras las desenterrábamos y les sacudíamos la tierra de las raíces. “¿ No les hará daño a estas plantas que se les desenraíce y se les transplante tantas veces?” “Ay, no” respondió mi madre. “Trasplantarlas no les hace daño. De hecho, es bueno para las que sobreviven. Así es como se les fortalecen las raíces. Sus raíces crecerán en lo profundo, y las plantas se pondrán fuertes.”
A menudo me he sentido como esas pequeñas plantas: desarraigada y boca arriba. A veces he soportado el cambio con buena disposición, a veces con renuencia, pero por lo general mi reacción ha sido una combinación de ambas.
¿No será duro esto para mí?, pregunto ¿No sería mejor que las cosas permanecieran igual? Ahí es cuando me acuerdo de las palabras de mi madre: así es como las raíces crecen en lo profundo y se fortalecen.
“Hoy, Dios mío, ayúdame a recordar que durante los tiempos de transición están siendo fortalecidos mi yo y mi fe.”