Julio 31

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Mientras crecía en una familia afectada por el alcoholismo, recorté un artículo de una revista que sugería que el uso correcto de la mente lleva a la sabiduría y que el uso incorrecto de la mente lleva a la locura. Poco sabía entonces que llegaría a aplicar un programa que tiene por núcleo el uso tanto de la mente como del corazón.

Hoy el programa me proporciona la orientación espiritual que anhelo. He aprendido que todo en mi recuperación comienza y termina en mí. He descubierto que el poder de mi propia mente y de mi corazón puede ayudarme o hacerme daño, pero que la decisión es mía. La manera más noble de usar mi mente y mi corazón es concentrarme en mi Poder Superior mediante la oración y la meditación, solicitando solamente conocer Su voluntad hacia mí y las fuerzas para cumplirla.

En el estudio del Tercer Paso aprendí que “voluntad” se refiere nuestros pensamientos y sentimientos y que mi “vida” se refiere a nuestras acciones. Cuando oro basándome en el Undécimo Paso, pido saber qué pensamientos y sentimientos desea Dios que experimente y oro por recibir el poder de ponerlos en práctica. Es reconfortante saber lo sencillo que me resulta entender el Undécimo Paso. Reafirmo que Dios es un Poder Superior a mí misma que tiene pensamientos y sentimientos muy distintos a los míos. Esto me permite dejar de lado mis pensamientos y aprovechar el tiempo para concentrarme en Sus pensamientos y en cómo Él desea expresarlos a través de mí. De esta manera puedo ubicar mi mente y mi corazón en el camino correcto.

Pensamiento del día

¿Se concentran mi mente y mi corazón en la recuperación, o permanecen en lugares que me hacen menos bien?

”Sólo Dios sabe lo que necesito.”

                                                             Having Had a Spiritual Awakening, Pág. 46

Julio 30

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Hace poco comencé a darme cuenta de que abrigaba demasiadas ilusiones con respecto al alcance de mi control. Esta toma de conciencia fue causada por la lectura de “Cómo ayuda Al-Anon a familiares y amigos de alcohólicos”, donde se habla no de abandonar el control sino de abandonar la ilusión de controlar.

Le imploré a mi Poder Superior que me liberara de este tipo de ilusiones, aunque ello fuera penosamente brutal. A esto le siguió un periodo de amargura, de decepción y de desprecio. Toda la gente que había colocado en un pedestal, donde debía haber colocado a mi Poder Superior, se desplomó revelando sus proverbiales “pies de barro”. Y le pregunté a Dios a gritos: ¿Dónde puedo encontrar la verdadera integridad?

La respuesta fue: Si deseas la integridad en tu vida, tu misma debes hacerlo saber. Mi pensamiento siguiente fue: “Que empiece por mí.” Este lema asumió un nuevo y poderoso significado. Como estaba familiarizada con el funcionamiento de mi Poder Superior, confiaba en que habría oportunidades de poner estas palabras en práctica.

Mi especial atención este lema me ha hecho crecer más allá de los límites dentro de los cuales me sentía cómoda. Me ha desafiado a perdonar a mi padre alcohólico. Me ha desafiado a darle a mi madre el tipo de amor que yo quería recibir de ella.

”Que empiece por mi” también me ha impulsado a ofrecer puntos de vista incómodos, aunque basados en las Tradiciones, en las reuniones de examen de conciencia de grupo. Al mostrarme cómo anteponer los principios a las personas, ahora poseo un instrumento que me ha permitido encontrarme a mí misma, en vez de perder el camino analizando mis reacciones.

Pensamiento del día

Cuando dejo de lado la ilusión del control y hago que empiece por mí, adquiero mi poder verdadero.

”Pero sí tenemos un poder; proviene de Dios: el de cambiar nuestra propia vida.”

                                                                           Un día a la vez en Al-Anon, Pág. 86

Julio 28 (Miedo)

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Un día, decidí probar algo nuevo. Llevé a mi hijo de diez años al río Saint Croix en una Waverunner. Una Waverunner es un pequeño vehículo de bote parecido a una motocicleta.
Nos pusimos chalecos salvavidas y nos embarcamos en una experiencia que resultó ser tan regocijante como atemorizante: regocijante cuando me permití disfrutarla; atemorizante cuando pensé demasiado en lo que estaba haciendo y en las terribles cosas
que podrían suceder.
A la mitad de nuestro paseo, el peor de mis miedos se hizo realidad.
Volcamos. Estábamos dando tumbos en treinta pies de agua. La Waverunner se sacudía en las olas frente a mí, como una tortuga motorizada sobre su lomo.
“Que no te entre pánico”, dijo mi hijo calmadamente.
¿Y si nos ahogamos?, objeté.
“No podemos”, me dijo. “Tenemos chalecos salvavidas. ¡Mira! Estamos flotando”.
“El aparato está bocabajo”, le dije. “¿Cómo vamos a hacer para enderezarlo?”
“Justamente como el hombre nos dijo”, respondió mi hijo. “La flecha apunta hacia este lado”.
Con un movimiento fácil, volteamos el aparato boca arriba.
“¿Y qué si ya no podemos volver a subirnos en ella?”, pregunté.
“Sí podemos”, contestó mi hijo. “Para eso están hechas las Waverunners: para montarlas sobre el agua.”
Me relajé y mientras conducía de regreso, me pregunté por qué me había asustado tanto. Pensé que quizá era porque no confío en mi capacidad para resolver problemas. Quizá porque una vez casi me ahogué por no traer puesto un chaleco salvavidas.
Pero tampoco esa vez te ahogaste, me aseguró una pequeña voz en mi interior. Sobreviviste.
Que no te entre el pánico.
Los problemas se hicieron para resolverlos. La vida se hizo para vivirla. Aunque a veces el agua nos tape la cabeza, sí, quizá hasta necesitemos sumergirnos en ella unos cuantos
momentos y tragar unos cuantos buches de agua, no nos ahogaremos. Llevamos puesto –y siempre lo hemos llevado puesto- un chaleco salvavidas. Ese chaleco de apoyo se llama Dios.
“Hoy me acordaré de cuidar de mí mismo. Cuando me hunda hasta la cabeza, Dios estará allí apoyándome, aunque mis miedos traten de hacérmelo olvidar.”

Julio 29

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El Segundo Paso, “Llegamos a creer que un Poder Superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio”, me daba la esperanza de poder vivir una vida sana y equilibrada. En mi familia nunca existió la noción de equilibrio, sólo los extremos: pobreza y abundancia, poder y desamparo, violencia y calma engañadora. Ansiaba el equilibrio, un sentimiento de normalidad que me ayudara a sentir segura y a relacionarme con los demás.

Cuando vine por primera vez a una reunión de Al-Anon para los hijos adultos de los alcohólicos, varias personas me aseguraron que la esperanza que promete el Segundo Paso es real.

Mientras escuchaba, empecé a ver los milagros obrados en los miembros que habían dejado atrás la insania y que encontraban equilibrio en sus vidas. Percibí que sus historias cambiaban de tono, cambiaban de la preocupación a la fe y de la confusión a la claridad.

Al ser testigo de estos milagros, llegué a creer que Dios podría guiarme hacia una forma de vida más sana. Me dejé guiar, solicité ayuda y confié en mi Poder Superior para recobrar el sano juicio. La respuesta a mi súplica fue aprender a vivir la Oración de la Serenidad. Con la ayuda de otros miembros del grupo empecé poco a poco a definir un ordenamiento equilibrado para mí misma. Dios me ayudó a discernir cuando debo soltar las riendas de las cosas que no puedo controlar y cambiar las cosas que puedo.

Antes, pensaba que el equilibrio era privilegio de aquellos que habían crecido en familias normales, familias no afectadas por el alcoholismo. Pensaba que estaba dañada para siempre a consecuencia de los extremos caóticos que conocí en mi niñez.

Ahora sé que es posible sanar, renacer, recobrar el sano juicio.

Pensamiento del día

Independientemente del daño que haya sufrido durante mi niñez, el Segundo Paso me da esperanzas de cicatrización.

”El Segundo Paso nos ofrece una opción: el sano juicio. Con esta nueva perspectiva, empezamos verdaderamente a experimentar la esperanza de lo que tanto se habla.”

                                                                                   Senderos de recuperación, Pág. 20

 

Julio 27

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Al recuperarme de los efectos del alcoholismo, descubro muchas cosas acerca de mí. De forma instintiva quiero solucionar problemas que no son necesariamente míos. En realidad, la mayoría de las veces no lo son.

Si no hubiera asumido tantas responsabilidades mientras crecía en una familia alcohólica, nadie lo habría hecho. Me convertí en alguien de quien los demás dependían. Creía que era mi responsabilidad ayudar a los que no podía o no querían ayudarse a sí mismos. Lo que cualquier persona llamaría cuidar, yo lo llamaba ser responsable.

No me daba cuenta de que hacer por los demás lo que ellos podían hacer solos representaba en realidad un gran perjuicio. Al hacerlo no les permitía ser responsables sino que los ayudaba a ser irresponsables. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Si uno se encarga de todo, les roba a los demás la autoestima que se desprende de luchar con los retos que Dios ha puesto en sus vidas y superarlos. Dejar que los demás asuman las consecuencias de sus acciones les permite aprender y crecer a través de sus decisiones.

Pensamiento del día

De pie, con los brazos extendidos y girándolos en círculos, puedo tener una visión del alcance de mis responsabilidades. Lo que no quepa dentro de mi espacio, no me ocupo.

”Hoy recordaré que tengo opciones, así como también el alcohólico las tiene. Elegiré las opciones de la mejor manera posible y permitiré que aquellos que forman parte de mi vida hagan lo mismo, sin interferencias.”

                                                                                 Valor para cambiar, Pág. 5

Julio 25

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Siempre estás conmigo Poder Superior

 

Al criarme con mis padres alcohólicos, aprendí a ocultarme de ellos antes de que comenzaran los problemas.

Al llegar a la adolescencia me había entrenado tan bien que desaparecía en el momento en que oía el sonido de un cubito de hielo al caer en un vaso.

Ahora, años después, el impulso de escapar puede surgir de la misma manera repentina e irracional. Un pequeño malentendido o un silencio incómodo entre otra persona y yo es suficiente para desencadenar mi temor y hacerme huír y esconderme de alguna forma. A veces me escondo de maneras obvias, como no respondiendo el teléfono. Con más frecuencia me escondo sencillamente no diciendo lo que en realidad quiero decir para evitar convertirme en blanco de críticas.

En el grupo aprendí a reflexionar antes de huir de una persona, de un conflicto o de la oportunidad de compartir intensamente con alguien. Cuando reaccionó con temor, le doy poder a esa parte enferma en mí que me dice que no es seguro ser como soy y que nunca podré cambiar. Ahora mi búsqueda de soluciones nuevas a problemas viejos comienza por la autoaceptación o el cambio.

Pensamiento del día

La Oración de la Serenidad me recuerda que siempre puedo contar con mi Poder Superior para recibir ayuda cuando me esfuerzo por superar mis temores utilizando los instrumentos del programa.

”Necesito valor para cambiar mi actitud y mi comportamiento. La Oración de la Serenidad puede ayudarme a lograrlo.

                                                                                         Alateen, un día la vez, Pág. 247

Julio 24

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Me resultó difícil asimilar la idea de “Dios según nuestro propio entendimiento de Él” durante mis primeros seis meses en el grupo.

Estaba en una etapa inicial de mi recuperación durante la cual una parte de mi dolor ya había desaparecido. Ya no lloraba todo los días y empezaba a cuestionarme todo lo que escuchaba en las reuniones. Todos seguían hablando de éste “Poder Superior” que yo consideraba algo sacrílego. Mis devotos padres me llevaban a la iglesia cada vez que se abrían las puertas y ¡yo ya sabía quién era Dios! Algo en mi cabeza me decía que debía sacar a esta gente de su error. Si sólo entendieran a Dios tal como yo lo hacía, estarían bien.

En esos momentos de mojigatería pretenciosa, mi Poder Superior decidió enviarme un despertar espiritual. Me dijo que tal vez ellos entendían mejor a Dios que yo. Después de todo, ellos eran felices y libres, llenos de paz. Quizás yo podía aprender algo de ellos si abría la mente lo suficiente para escuchar y si abría el corazón lo suficiente para arriesgarme a comprometerme en el programa.

Escuché el mensaje y corrí el riesgo. Después de hacer las dos cosas por varios años, hoy me siento cómoda no “entendiendo” nada sobre Dios sino más bien experimentándolo a través de la aplicación de los Doce Pasos, de la asistencia a las reuniones, compartiendo con mi Madrina y sirviendo a la hermandad.

Mediante estas acciones he llegado a conocer el amor y la paz que surgen al confiar en un Poder Superior a mí misma. Al tratar de entender menos, experimento más.

Pensamiento del día

Hay muchas maneras de entender a mi Poder Superior.

”Siempre había tenido una religión, pero ahora pude experimentar la espiritualidad de la que hablaban los demás.”

 As We Understood…, Pág. 88

 

Julio 23

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El libro Valor para cambiar señala: “Los resentimiento señalan los lugares en donde me siento una víctima.”

De vez en cuando me sentía abrumada por los resentimientos. Pensar en ellos agotaba mi energía diaria. Mi interior se corroía de amargura. Sentir resentimiento era como tomar veneno y esperar que la persona con quien estaba resentida muriera.

A menudo sentía que no podía hacer nada, pero en realidad sabía lo que tenía que hacer: Aplicar Los Pasos a mis resentimientos y dejar que mi Poder Superior los eliminara. No obstante, me resistía tanto a hacerlo que me preguntaba: “¿Qué es lo que gano con mi papel de víctima?”, Al meditar sobre esta cuestión, mi Poder Superior me hizo tomar conciencia de forma gradual.

Comprendí que me sentía protegida por mis resentimientos; qué estos actuaban como un alambre de púas que me separaba de la gente que yo creía que me había herido. El problema era que yo misma me lastimaba con las púas. También me sentía cómoda con mis resentimientos. Me preguntaba qué sería yo sin ellos, porque ya me eran tan familiares como mi propia piel.

Cuando comprendí que mis resentimientos no eran necesarios ni que tampoco me protegían, se abrieron las puertas del cambio. Comencé a depender de mi Poder Superior para que me mostrara formas más sanas de defenderme en situaciones en que me sentía herida o perjudicada. Respiré profundamente y permití que mi Poder Superior echará por tierra un defecto de carácter poderosamente autodestructivo. Fue entonces que me sentí completamente dispuesta.

Pensamiento del día

¿Tengo un defecto de carácter que uso para protegerme? ¿Todavía lo necesito?

”No es suficiente ver que tenemos defectos y decidir de forma vaga hacer algo mejor. Entraña un esfuerzo considerable abrirnos a nosotros mismos.”

                                                                  Los Doce Pasos y las Tradiciones, Pág. 6

 

Julio 22 (Aprende a confiar de nuevo)

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Muchos de nosotros tenemos asuntos relacionados con la confianza.
Algunos de nosotros hemos tratado largo tiempo de confiar en gente que no es digna de confianza. Una y otra vez hemos creído en mentiras y promesas que nunca se cumplieron. Algunos de nosotros tratamos de confiar en imposibles; por ejemplo, confiar en que un alcohólico practicante no iba a volver a beber.
Algunos de nosotros confiamos inadecuadamente en nuestro Poder Superior. Confiamos en Dios para que consiguiera que otra gente hiciera lo que nosotros queríamos, y luego nos sentimos traicionados cuando eso ocurrió.
A algunos de nosotros se nos enseño que no se podía confiar en la vida, que teníamos que controlar y manipular nuestro paso por ella.
A la mayoría de nosotros se nos enseñó, inapropiadamente, que no podíamos confiar en nosotros mismos.
En la recuperación, nos estamos curando de nuestros asuntos relacionados con la confianza. Estamos aprendiendo a confiar de nuevo. La primera lección en cuanto a la confianza es ésta: podemos aprender a confiar en nosotros mismos. Se puede confiar en nosotros.
Si otros nos han enseñando que no podemos confiar en nosotros mismos, estaban mintiendo. Las adicciones y los sistemas disfuncionales hacen mentir a la gente.
Podemos aprender a confiar apropiadamente en nuestro Poder Superior, no para que la gente haga lo que queremos que haga, sino para que nos ayude a cuidar de nosotros mismos y a traer a nosotros las mejores circunstancias posibles, y en el mejor momento posible, a nuestra vida.
Podemos confiar en el proceso, de la vida y la recuperación. No tenemos que controlar, obsesionarnos o volvernos hipervigilantes.
Quizá no siempre comprendamos a dónde estamos yendo, o que se está obrando en nosotros, pero podemos confiar en que está ocurriendo algo bueno.
Cuando aprendamos a hacer esto, estaremos listos para aprender a confiar en otras personas. Cuando confiemos en nuestro Poder Superior y confiemos en nosotros mismos, sabremos en quién confiar y por qué confiamos en esa persona.
Quizá siempre lo hicimos. Simplemente no nos escuchamos lo suficiente a nosotros mismos o no confiamos en lo que habíamos escuchado.
“Hoy afirmaré que puedo aprender a confiar adecuadamente. Puedo confiar en mí mismo, en mi Poder Superior y en la recuperación.
También puedo aprender a confiar adecuadamente en los demás.”