Julio 4

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Hace poco tiempo, alguien me pidió que hablara acerca de mi recuperación en el ámbito de la intimidad y la sexualidad. El alcoholismo de mi familia ha tenido consecuencias en todos los aspectos de mi vida, y mi sexualidad y el goce de la intimidad no han sido excepciones. Temo a la intimidad tanto como la anhelo. La disfruto tiempo pero luego comienzo a sentir que me pierdo en la otra persona. Tengo algunas percepciones negativas sobre mi cuerpo y sus imperfecciones.

Debido a que el afecto no se expresaba con facilidad en mi familia, a menudo cuestiono mis impulsos internos espontáneos de abrazar o besar a alguien.

No creía que mi Poder Superior quisiera que trabajara sobre mis defectos de carácter en el ámbito de la sexualidad. Sin embargo, tomé conciencia de que Dios ya me estaba curando al respecto, con delicadeza, con suavidad, con gran compasión y con mucho amor. Aunque al principio no lo percibí, esta cicatrización empezó cuando mi Madrina sugirió que hiciera un examen de conciencia de mi sexualidad, sensualidad, intimidad, pasión, afecto, expresión propia y deseo.

Seguir a sugerencia de mi Madrina que demostró ser todo un viaje de sorpresas y descubrimientos. Primero, aprendí a reconocer, aceptar, disfrutar y confiar en mis instintos y expresiones.

Luego, aprendí a imponerme a mí y a los demás límites con respecto a comportamientos sexuales aceptables e inaceptables.

Ahora, estoy trabajando para diferenciar mi sexualidad física de mis pasiones y de mi sensualidad mental, física, emocional y espiritual. Ahora, celebro los dones de mi cuerpo, mis sentidos y mi alma en una relación íntima y sagrada con Dios, conmigo, con mi cónyuge y con otras personas que forman parte de mi vida.

Pensamiento del día

La intimidad, la sensualidad y la pasión no se limitan a la expresión física.

”Allí aprendí que el sexo es sólo parte de la intimidad, que la intimidad incluye afecto y participación, risas, llanto y plegarias conjuntas, caricias y abrazos, dar y recibir.”

                                       Intimidad sexual y la relación con el alcohólico, Pág. 40

Julio 4 (Festeja)

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Date tiempo para festejar.
Festeja tus éxitos, tu crecimiento, tus logros. Festéjate a ti y festeja cómo eres.
Durante demasiado tiempo has sido demasiado duro contigo mismo. Los otros han derramado su energía negativa –sus actitudes, creencias, su dolor – en ti. ¡Tú no tenías nada que ver con ello! Todo ese tiempo has sido un regalo para ti mismo y para el universo.
Tú eres una criatura de Dios hermosa, un deleite, una alegría. No tienes que esforzarte más duro, ser mejor, ser perfecto o ser cualquier cosa que no seas. Tu belleza está en tu interior, tal como eres a cada momento.
Festeja eso.
Cuando tengas un éxito, cuando logres algo, disfrútalo. Haz una pausa, reflexiona, alégrate. Durante demasiado tiempo has escuchado amonestaciones de que no te sientas bien con lo que has hecho, so pena de viajar por el camino descendente a la arrogancia.
La celebración es una forma superior de alabanza, de gratitud hacia el Creador por la belleza de la creación de Dios. Disfrutar y celebrar lo bueno no significa que esto te será quitado. Celebrar es deleitarse en el regalo, es mostrar gratitud.
¡Festeja tus relaciones! Festeja las lecciones del pasado y el amor y la calidez que tienes hoy. Disfruta la belleza de los demás y su relación contigo.
Festeja todo lo que tienes en tu vida. Festeja todo lo que es bueno.
¡Festéjate tu!
Hoy, le daré rienda suelta al júbilo de festejar.