Julio 12

PAG-perrofeliz

Gracias a la importancia que da Al-Anon al conocimiento de uno mismo, ahora sé que he vivido con temor toda mi vida.

Cuando apliqué el Cuarto Paso, percibí toda mi obstinación y cómo ésta se relacionaba con mi temor. Cuando más asustada estaba, más trataba de controlar. La fea cabeza del temor me hizo creer que no era suficientemente buena o inteligente para gozar relaciones estrechas, alegres y llenas de confianza. En lugar de permitirme relacionarme con los demás, los evitaba con frecuencia.

Por ejemplo, una vez, cuando iba caminando, observé que una vecina avanzaba con rapidez hacia mí del otro lado de la calle. Mi primer impulso -ese estímulo de mi Poder Superior- fue pegar un grito y agitar la mano, pero descarté de inmediato esa idea. Ella dobló en la esquina y perdimos la oportunidad de intentar un nuevo comportamiento y de comenzar una relación.

Después de este incidente me sentí incómoda. Examiné mis opciones, decidí empezar por mí y llamé a mi vecina. Sentí que había progresado un poquito al decidir hablar con ella en lugar de guardar silencio. El riesgo de fomentar una relación profunda con otro ser humano también me hizo sentir bien.

Empiezo a percibir con más claridad las veces en que mi decisión de aislarme me impide fomentar relaciones sanas. Mi Poder Superior y esta nueva conciencia que he desarrollado en relación con este defecto de carácter me ayudarán sin dudas a generar esa confianza receptiva y voluntaria que se necesita para abrirme a los demás y darles cabida en mi vida.

Pensamiento del día

Estoy dispuesta a aprender nuevas formas de relacionarme con el mundo cuando me deshago de mis temores. Confío en que mi Poder Superior está a mi lado y dentro de mí.

”…Mi Poder Superior es la confianza en mi interior que elimina mi temor…”

                                                                                                  As We Understood…, Pág. 105

 

Julio 11

PAG-NENESRIEN

Una de las cosas más extrañas que aprendí en la recuperación fue a desarrollar la tolerancia, e incluso el deseo de sentirme bien. Al principio, no me relacionaba mucho con la gente. Rehusaba cualquier cosa parecida la intimidad. Más tarde me dí cuenta de la siguiente paradoja: cuando alguien me aceptaba o se interesaba en mí, sentía satisfacción y dolor. Estaba perpleja. ¿Por qué sentiría dolor y felicidad al mismo tiempo? Le pregunté a una amiga de Al-Anon acerca de ello. Ella pensaba que el hecho de experimentar los sentimientos positivos que anhelaba planean en mi niñez podría causar un cierto dolor, y que “recibir” podría sacar a relucir brevemente el “no recibir.”

Sus palabras resultan ser ciertas. Atravesé una etapa de recuperación durante la cual recibir el amor, la aprobación y el respeto de los demás me hacía recordar de inmediato la profunda tristeza ocultada en mi interior por no haberlas recibido de mis padres en mi niñez. En realidad, a menudo no me daba cuenta de que el dolor estaba dentro de mí hasta que alguien era amable conmigo. Entonces descargaba ese dolor en los oídos y los brazos cariñosos de mi Madrina. Finalmente, aprendí que mis padres no podían darme lo que no tenían y poder compadecerlos.

Practicar el lema “Hazlo con calma” me ayudó también. A veces decidía irme de la reunión antes del final. Había recibido todas las “cosas buenas” que podía absorber ese día. A veces tenía que limitar la cantidad de abrazos que aceptaba. A veces compartía los pensamientos y sentimientos con mi Madrina. Poco a poco, me comenzó gustar, y hasta me encantó, recibir las “cosas buenas” que me hacen sentir serena y feliz.

Pensamiento del día

Si la recuperación resulta demasiado dolorosa, tal vez deba detenerme y poner en práctica el lema “Hazlo con calma.”

”Hazlo con calma y Primero las cosas más importantes” nos ayudan a seguir adelante pero nos recuerda que debemos avanzar con pasos pequeños.”

                                                        De la supervivencia a la recuperación, Pág. 95

 

Julio 12 (Deja ir el miedo al abandono)

PAG-mulderciniyyo

“Dios mío, ¿Dónde estás? ¿Adónde te has ido?”
Tantas personas se han ido. Podemos habernos sentido tan solos. En medio de nuestras batallas y lecciones, podemos preguntarnos si Dios se ha ido también.
Hay días maravillosos en que sentimos la protección y la presencia de Dios, conduciéndonos y dirigiendo cada paso y cada evento. Hay días grises, secos, espiritualmente estériles en que nos preguntamos si hay algo en nuestra vida que ha sido guiado y planeado. En que nos preguntamos si Dios lo sabe o le importa.
Busca momentos de tranquilidad en los días grises.
Fuérzate a la disciplina y a la obediencia hasta que venga la respuesta, porque vendrá.
“Criatura, no me he ido. Estoy aquí, siempre. Reposa en mí, con confianza. Toda tu vida está siendo guiada y planeada en cada detalle. Yo lo sé, y me importa. Las cosas se están
resolviendo tan pronto como es posible para tu mayor bienestar. Confía y agradece.
Estoy aquí mismo. Pronto verás y comprenderás”
“Hoy recordaré que Dios no me ha abandonado. Puedo confiar en que Dios está conduciendo, guiando, dirigiendo y planeando con amor cada detalle de mi vida.”

Julio 11 (Trae ante Dios cualquier petición)

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Gracias Luis Padrino adorado Te amamos (Ahora vamos juntos a todos los viajes SOMOS UNO)

 

Trae ante Dios cualquier petición que tengas.
Ninguna petición es demasiado grande; ninguna es demasiado pequeña o insignificante.
Cuán frecuentemente limitamos a Dios al no traer ante Dios todo lo que queremos y necesitamos.
¿Necesitamos ayuda para lograr el equilibrio? ¿Para pasar el día? ¿Necesitamos ayuda con alguna relación en particular? ¿Con un defecto de carácter en particular? ¿Para obtener alguna cualidad de carácter?
¿Necesitamos ayuda para progresar en alguna tarea en particular que nos esté desafiando? ¿Necesitamos ayuda con un sentimiento? ¿Queremos cambiar alguna creencia autoderrotista que nos ha estado desafiando? ¿Necesitamos información, un mayor conocimiento de uno mismo? ¿Apoyo? ¿Un amigo? ¿Hay algo en el universo de Dios que realmente nos pudiera brindar alegría?
Podemos pedirlo. Podemos pedirle a Dios cualquier cosa que queramos.
Pon la petición en manos de Dios, confiando en que ha sido escuchado, y luego suéltala, déjala ir. Déjale la decisión a Dios.
Pedir lo que queremos y necesitamos es cuidar de nosotros mismos.
Confiemos en que el Poder superior al que le hemos entregado nuestra vida y voluntad realmente se preocupa de nosotros y de lo que queremos y necesitamos.
“Hoy le pediré a mi Poder Superior lo que quiero y necesito. No exigiré, pediré. Y luego, lo dejaré ir.”