Julio 17

PAG-meamo-2El primer límite que aprendí a fijar durante mi recuperación está relacionado con el sarcasmo. Había iniciado una discusión con una persona acerca de un conflicto determinado. Pese a que yo intentaba de buena fe llegar a una solución amistosa, me respondió con sarcasmo varias veces. Al cabo de un rato, le respondí que si seguía siendo sarcástica no diría una palabra más hasta que estuviera dispuesta a continuar el debate de manera respetuosa y productiva. Como continuó comportándose de forma desagradable, me levanté y me fui a ocupar de otros asuntos. Después de varios casos similares, el sarcasmo se convirtió en algo raro en mis discusiones con esa persona.

Después de un intercambio inicial airado, me gane su respeto cuando mis actos reflejaron mis intenciones. No obstante, el resultado más importante fue el respeto a mí mismo que esto me proporcionó.

Dejar en claro lo que es aceptable para mí es un instrumento que uso para ocuparme de mí. Esto lo coloco en la categoría de cambiar las cosas que puedo, como dice la Oración de la Serenidad. Para fijar límites sensatos efectivos, es importante discernir entre mis responsabilidades y las ajenas. La Oración de la Serenidad también puede ayudarme en este sentido. Luego puedo tomar una decisión sobre las acciones que concretaré o no. Soy libre de ocuparme de mí como lo considere necesario, le gusten o no mis decisiones a la gente.

Pensamiento del día

Hoy me ocupo de mí mismo poniendo límites razonables a los que me rodean.

“No se puede poner límites y ocuparse de los sentimientos ajenos al mismo tiempo.”

                                                                             The Forum, septiembre de 2000, Pág. 28

 

Julio 17 (Amor, con palabras y acciones)

PAG-pinguinos

Muchos de nosotros tenemos nociones confusas acerca de qué significa que nos amen y se preocupen por nosotros.
A muchos de nosotros nos cuidaron y nos amaron personas que tenían discrepancias entre lo que decían y lo que hacían.
Podemos haber tenido una madre o un padre que nos decía “te amo”, y que luego nos abandonó o nos descuidó, dejándonos con ideas confusas acerca del amor. Y por tanto, ese patrón de conducta lo sentimos como amor, el único amor que conocimos.
Algunos de nosotros hemos estado al cuidado de personas que nos proveían en nuestras necesidades y decían amarnos, pero simultáneamente abusaban de nosotros o nos maltrataban. Esa, entonces, se convierte en nuestra idea del amor.
Algunos de nosotros podemos haber vivido en ambientes emocionales estériles, donde la gente decía amarnos, pero no demostraba sus sentimientos ni su solicitud. Esa puede haberse convertido en nuestra idea del amor.
Podemos aprender a amar a los demás o a nosotros mismos de la manera como hemos sido amados, o podemos dejar que otros nos amen de la manera como hemos sido amados, nos sintamos bien con ello o no. Ya es tiempo de dejar que se satisfagan nuestras necesidades de maneras que realmente funcionen. El amor enfermizo podrá satisfacer algunas necesidades superficiales, pero no nuestra necesidad de ser amados.
Podemos llegar a esperar congruencia en la conducta de los demás.Podemos disminuir el impacto de las puras palabras e insistir en que estén de acuerdo las acciones con las palabras.
Podemos encontrar valor, cuando sea apropiado, para confrontar las discrepancias entre palabras y acciones, no para avergonzar, para culpar o para encontrar culpables, sino para ayudarnos a permanecer en contacto con la realidad y con nuestras necesidades.
Podemos dar y recibir amor cuando la conducta está de acuerdo con las palabras de uno. Merecemos recibir y dar lo mejor que el amor puede ofrecer.
“Hoy estaré abierto a dar y recibir el amor más sano posible.
Vigilaré las discrepancias entre las palabras y las conductas que me confunden y me vuelven loco. Cuando eso suceda, entenderé que no estoy loco; que estoy en medio de una discrepancia.”