Julio 18

PAG-nenesmexicanos

He encontrado “satisfacción e incluso alegría” aprendiendo a dejar la autocompasión y a reemplazarla por el humor. Al principio, consideraba a Al-Anon como un lugar para presentar quejas contra mi suerte en la vida, pero esta idea desapareció en poco tiempo.

En una reunión, cuando relataba cómo me trataba mi cónyuge, las lágrimas me corrían por el rostro. De repente alguien se rió con fuerza y esta risa inesperada hizo que me detuviera.

Retrocedí para analizar si lo que estaba diciendo era tan gracioso. Al hacerlo se secaron mis lágrimas y mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa. Me di cuenta de que mi historia era realmente graciosa. Quería “salvar” mi matrimonio, pero quería que mi marido se fuera de casa y luego le exigía que volviera. De repente logré ver el buen humor de la situación.

¿Cómo podíamos ocuparnos de nuestra relación en medio de la perturbación creada por el constante empaque y desempaque de cajas que provocaban sus idas y venidas? Mi indecisión acerca de compartir un hogar con él reflejaba una incertidumbre más profunda acerca de mi deseo de seguir casada, pero no podía darme cuenta en ese momento. Ahora podría entender que intentar una reconciliación en esa circunstancia era absurdo.

Ese día comencé a desarrollar el sentido del humor. A medida que avanzó en mi recuperación, encuentro cada vez más cosas de las que reírme. Ahora me río con mi marido, porque superamos esa etapa y seguimos juntos. Me río con mis hijos y ¡hasta me río con ganas de mí misma!

Pensamiento del día

¿Qué situación presente en mi vida puedo analizar con buen humor en lugar de autocompasión?

”Si observo este día tal como miro una película, estoy seguro de poder encontrar al menos un momento en que pueda disfrutar de algo jocoso.”

                                                     Valor para cambiar, Pág. 205

 

Julio 18 (Tiempo para enojarse)

PAG-rio

Ya es tiempo de que te enojes, sí, de que te enojes mucho.
La ira puede ser una emoción tan potente, atemorizante.
También puede ser un sentimiento que nos guíe hacia importantes decisiones, a veces decisiones difíciles de tomar.
Puede ser señal de los problemas de otras personas, de nuestros problemas, o simplemente de problemas que debemos enfrentar.
Negamos nuestra ira por una serie de razones. No nos damos permiso para permitir que aflore en nuestra conciencia, al principio.
Entiende que la ira no desaparece; se asienta en capas bajo la superficie, esperando a que estemos listos, a que nos sintamos seguros y que estemos lo suficientemente fuertes para lidiar con ella.
Lo que solemos hacer en vez de encarar nuestra ira y lo que ésta nos está diciendo acerca del cuidado de uno mismo, es sentirnos dolidos, victimados, atrapados, culpables e inseguros acerca de cómo cuidar de nosotros mismos. Podemos asilarnos, negar, dar pretextos y esconder la cabeza en la arena, por un tiempo.
Podemos castigar, desquitarnos, levantarnos y preguntarnos.
Podemos perdonar repetidamente a la otra persona por conductas que nos lastiman. Podemos temer que alguien se aleje si enfrentamos la ira que sentimos hacia él o ella. Podemos temer que tengamos que alejarnos nosotros si nos enfrentamos a nuestra ira.
Podemos simplemente tener miedo de nuestra ira y de la potencia de ésta. Podemos no saber que tenemos derecho, una responsabilidad incluso –para con nosotros mismos- de permitirnos sentir nuestra ira y aprender de ella.
“Dios mío, ayuda a que afloren mis sentimientos de ira ocultos o reprimidos. Ayúdame a tener el valor para encararlos. Ayúdame a comprender cómo debo cuidar de mí mismo con la gente hacia la cual siento ira. Ayúdame a dejar de decirme a mí mismo que algo anda mal conmigo cuando la gente me victimiza y me siento enojado por la victimización. Puedo confiar en que mis sentimientos son señal de que existen problemas que necesitan mi atención.”