Julio 23

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El libro Valor para cambiar señala: “Los resentimiento señalan los lugares en donde me siento una víctima.”

De vez en cuando me sentía abrumada por los resentimientos. Pensar en ellos agotaba mi energía diaria. Mi interior se corroía de amargura. Sentir resentimiento era como tomar veneno y esperar que la persona con quien estaba resentida muriera.

A menudo sentía que no podía hacer nada, pero en realidad sabía lo que tenía que hacer: Aplicar Los Pasos a mis resentimientos y dejar que mi Poder Superior los eliminara. No obstante, me resistía tanto a hacerlo que me preguntaba: “¿Qué es lo que gano con mi papel de víctima?”, Al meditar sobre esta cuestión, mi Poder Superior me hizo tomar conciencia de forma gradual.

Comprendí que me sentía protegida por mis resentimientos; qué estos actuaban como un alambre de púas que me separaba de la gente que yo creía que me había herido. El problema era que yo misma me lastimaba con las púas. También me sentía cómoda con mis resentimientos. Me preguntaba qué sería yo sin ellos, porque ya me eran tan familiares como mi propia piel.

Cuando comprendí que mis resentimientos no eran necesarios ni que tampoco me protegían, se abrieron las puertas del cambio. Comencé a depender de mi Poder Superior para que me mostrara formas más sanas de defenderme en situaciones en que me sentía herida o perjudicada. Respiré profundamente y permití que mi Poder Superior echará por tierra un defecto de carácter poderosamente autodestructivo. Fue entonces que me sentí completamente dispuesta.

Pensamiento del día

¿Tengo un defecto de carácter que uso para protegerme? ¿Todavía lo necesito?

”No es suficiente ver que tenemos defectos y decidir de forma vaga hacer algo mejor. Entraña un esfuerzo considerable abrirnos a nosotros mismos.”

                                                                  Los Doce Pasos y las Tradiciones, Pág. 6

 

Julio 22

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Una de las cosas más importantes que he aprendido en el grupo es a ser amable conmigo misma, en especial, respecto a la asistencia a las reuniones. Asisto a dos reuniones con frecuencia y a veces, asisto a una tercera o una cuarta. Pero en ocasiones prefiero aislarme. Es entonces que debo obligarme a ir a la reunión, y lo hago. Tengo presente algo que escuché en las reuniones: Si estoy pensando en asistir a una reunión, es mejor ir a la reunión y pensar en ello después.

Me doy cuenta de que hay épocas en que no me es beneficioso ir una reunión. Hay días en que tengo que cumplir otras obligaciones. Puede que tenga deberes o que tenga que estudiar para un examen al día siguiente. Tal vez sólo necesite irme a la cama y dormir bien. Quizás necesite relacionarme en silencio con mi Poder Superior a través de la oración, la meditación o escribir en mi diario. En otras ocasiones, sé que necesito una atención personal y también dejar caer un par de lágrimas. Entonces me quedo en casa y llamo a mi madrina. También hay momentos en que necesito relajarme, divertirme y volver descansada a mi labor de recuperación.

Mi recuperación es cuestión de equilibrio. En el grupo he aprendido a concentrarme en mí y a discernir lo que realidad necesito hacer por mí, lo que no “debería” hacer. Esto puede significar ir a una reunión, o puede querer decir otra cosa. Debo recordar que Al-Anon es una manera agradable de vivir la vida, no un entrenamiento militar.

Pensamiento del día

Asistir a las reuniones de Al-Anon es tan sólo una parte del equilibrado viaje hacia la recuperación.

”Después de escuchar lemas como Mantenlo simple y Primero las cosas más importantes, llegué a percibir que no ayudaba a nadie cuando no me ocupaba física y mentalmente de mí mismo.”

                                                                               Living Today in Alateen, Pág. 76

 

Julio 23 (Forzar a que suceda algo)

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Deja de tratar que suceda algo.
Dejar de hacer, tanto si esto te está desgastando o con ello no estás logrando los resultados deseados. Deja de pensar tanto en ello. Deja de preocuparte por ello. Deja de estar tratando de forzar, de manipular, de obligar o de hacer que suceda.
Hacer que sucedan las cosas es controlar. Podemos tomar una acción positiva para ayudar a que sucedan las cosas. Podemos hacer nuestra parte. Pero muchos de nosotros hacemos más que nuestra parte.
Sobrepasamos los límites de cuidar y hacer nuestra parte y nos embarcamos en una conducta controladora, coercitiva, de cuidar excesivamente a los demás.
Controlar es autoderrotista. No funciona. Al ofrecernos demasiado para hacer que suceda algo, de hecho podemos estar impidiendo que ocurra.
Haz tu parte relajadamente, con armonía, en paz. Luego, déjalo ir.
Simplemente déjalo ir. Oblígate a dejarlo ir si es necesario. “Actúa como si”. Pon tanta energía en dejarlo ir como las has puesto en tratar de controlar. Obtendrás mucho mejores resultados.
Puede que no suceda. Puede ser que ocurra de la manera como nosotros queríamos y esperábamos. Pero nuestra conducta controladora tampoco hubiera logrado que sucediera.
Aprende a dejar que las cosas sucedan, porque así ocurrirá, de todas maneras. Y mientras esperamos a ver qué sucede, estaremos más felices y también lo estarán quienes nos rodean.
Hoy dejaré de forzar a que sucedan las cosas. En vez de ello, permitiré que las cosas ocurran de manera natural.
Si me sorprendo tratando de forzar eventos o de controlar a la gente, me detendré y descubriré una manera de desapegarme.

Julio 22 (Aprende a confiar de nuevo)

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Muchos de nosotros tenemos asuntos relacionados con la confianza.
Algunos de nosotros hemos tratado largo tiempo de confiar en gente que no es digna de confianza. Una y otra vez hemos creído en mentiras y promesas que nunca se cumplieron. Algunos de nosotros tratamos de confiar en imposibles; por ejemplo, confiar en que un alcohólico practicante no iba a volver a beber.
Algunos de nosotros confiamos inadecuadamente en nuestro Poder Superior. Confiamos en Dios para que consiguiera que otra gente hiciera lo que nosotros queríamos, y luego nos sentimos traicionados cuando eso ocurrió.
A algunos de nosotros se nos enseño que no se podía confiar en la vida, que teníamos que controlar y manipular nuestro paso por ella.
A la mayoría de nosotros se nos enseñó, inapropiadamente, que no podíamos confiar en nosotros mismos.
En la recuperación, nos estamos curando de nuestros asuntos relacionados con la confianza. Estamos aprendiendo a confiar de nuevo. La primera lección en cuanto a la confianza es ésta: podemos aprender a confiar en nosotros mismos. Se puede confiar en nosotros.
Si otros nos han enseñando que no podemos confiar en nosotros mismos, estaban mintiendo. Las adicciones y los sistemas disfuncionales hacen mentir a la gente.
Podemos aprender a confiar apropiadamente en nuestro Poder Superior, no para que la gente haga lo que queremos que haga, sino para que nos ayude a cuidar de nosotros mismos y a traer a nosotros las mejores circunstancias posibles, y en el mejor momento posible, a nuestra vida.
Podemos confiar en el proceso, de la vida y la recuperación. No tenemos que controlar, obsesionarnos o volvernos hipervigilantes.
Quizá no siempre comprendamos a dónde estamos yendo, o que se está obrando en nosotros, pero podemos confiar en que está ocurriendo algo bueno.
Cuando aprendamos a hacer esto, estaremos listos para aprender a confiar en otras personas. Cuando confiemos en nuestro Poder Superior y confiemos en nosotros mismos, sabremos en quién confiar y por qué confiamos en esa persona.
Quizá siempre lo hicimos. Simplemente no nos escuchamos lo suficiente a nosotros mismos o no confiamos en lo que habíamos escuchado.
“Hoy afirmaré que puedo aprender a confiar adecuadamente. Puedo confiar en mí mismo, en mi Poder Superior y en la recuperación.
También puedo aprender a confiar adecuadamente en los demás.”