Julio 26

PAG-pajaritos

Como era una niña que vivía en un hogar afectado por el alcoholismo, no se me alentaba a compartir mis opiniones. Cuando lo hacía, tenía la impresión de que nadie me escuchaba. Alguien siempre terminaba yéndose dolido o enojado.

Cuando me ascendieron a supervisora en mi trabajo sentí por fin que estaba en una situación de completa autoridad. Cuando había que tomar decisiones o concretar acciones, nunca discutía las opciones con la gente que trabajaba para mí. Ellos, en represalia, hacían mal su trabajo y esto daba una imagen negativa de mí. Estaba confundida porque no sabía que estaba haciendo de manera equivocada.

Como madrastra, también me sentía que estaba al mando. Escuchaba con la mente, no con mi corazón. Los adolescentes en nuestro hogar respondían con ira y a veces se fugaban. Al final me sentí humillada por todo el mundo y nuestro hogar se había convertido en un hervidero de opiniones encontradas.

Cuando me enteré de las Garantías Generales en el Duodécimo Concepto, sentí esperanzas. Para mí, una garantía es precisamente eso. Si mis relaciones no funcionan, puedo volver a las Garantías Generales para equilibrar mis actitudes. Mediante las mismas he aprendido a no usar mi autoridad para promover mis opiniones o para castigar a alguien que no esté de acuerdo conmigo. También he aprendido a evitar las discusiones escuchando y estimulando a los demás a compartir sus puntos de vista la hora de tomar una decisión. A veces, podemos incluso llegar a decisiones unánimes.

Gracias a las Garantías Generales del Duodécimo Concepto, mi relación con los demás es más fácil y menos tensa. Por fin experimento la paz que ansiaba en mi niñez ¡Una vez más los instrumentos de Al-Anon han demostrado su utilidad en todas mis acciones!

Pensamiento del día

Nuestros Conceptos de Servicio y las Garantías Generales son instrumentos que me ayudan en mi recuperación personal. “Muchos miembros de Al-Anon también han encontrado que los Conceptos pueden aplicarse en casa y en situaciones laborales.”

                                                             Senderos de recuperación, Pág. 246

Julio 26 (Adueñémonos de nuestro poder)

PAG-colibri

¿No lo ves? no tenemos por qué sentirnos tan victimados por la vida, por la gente, por las situaciones, por el trabajo, por nuestros amigos, por nuestras relaciones amorosas, por nuestra familia, por nosotros mismos, por nuestros sentimientos, por nuestros pensamientos, por nuestras circunstancias.
No somos víctimas. No tenemos que ser víctimas. ¡De eso es de lo que se trata!.
Sí, admitir y aceptar la impotencia es importante.
Pero ése es un primer paso, una introducción a este asunto de la recuperación.
Luego, viene el adueñarnos de nuestro poder. Cambiar lo que podamos.
Esto es tan importante como admitir y aceptar la impotencia. Y hay tanto que podemos cambiar.
Podemos adueñarnos de nuestro poder, dondequiera que vayamos, dondequiera que estemos, con quienquiera que estemos. No tenemos que quedarnos ahí parados con las manos atadas, con un desamparo rastrero, sometiéndonos a cualquier cosa que venga.
Hay cosas que podemos hacer. Podemos hablar. Resolver el problema. Usar el problema para motivarnos a hacer algo bueno por nosotros mismos.
Podemos hacernos sentir bien a nosotros mismos. Podemos alejarnos.
Podemos regresar en nuestros propios términos. Podemos defendernos.
Podemos rehusarnos a dejar que los otros nos controlen y nos manipulen.
Podemos hacer lo que necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos. Esa es la belleza, la recompensa, la corona de la victoria que se nos da en este proceso llamado recuperación.
¡De eso es de lo que se trata!
Si no podemos hacer nada respecto de la circunstancia, podemos cambiar nuestra actitud. Podemos hacer un trabajo interior: encarar valientemente nuestros asuntos para no ser victimados. Se nos ha dado una milagrosa llave para la vida.
Ya no somos víctimas, a menos que queramos serlo.
La libertad y la alegría son nuestras si las tomamos, si las sentimos, por el duro trabajo que hemos realizado.
“Hoy me recordaré a mí mismo tan frecuentemente como sea necesario que no soy una víctima, y que no necesito ser victimado por ninguna cosa que me venga. Trabajaré duro para quitarme la mascara de víctima, ya sea que esto signifique fijar un límite y hacerlo respetar, alejarme, lidiar con mis sentimientos o darme a mí mismo lo que necesito. Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de sentirme victimado.”

Julio 25

PAG-barca
Siempre estás conmigo Poder Superior

 

Al criarme con mis padres alcohólicos, aprendí a ocultarme de ellos antes de que comenzaran los problemas.

Al llegar a la adolescencia me había entrenado tan bien que desaparecía en el momento en que oía el sonido de un cubito de hielo al caer en un vaso.

Ahora, años después, el impulso de escapar puede surgir de la misma manera repentina e irracional. Un pequeño malentendido o un silencio incómodo entre otra persona y yo es suficiente para desencadenar mi temor y hacerme huír y esconderme de alguna forma. A veces me escondo de maneras obvias, como no respondiendo el teléfono. Con más frecuencia me escondo sencillamente no diciendo lo que en realidad quiero decir para evitar convertirme en blanco de críticas.

En el grupo aprendí a reflexionar antes de huir de una persona, de un conflicto o de la oportunidad de compartir intensamente con alguien. Cuando reaccionó con temor, le doy poder a esa parte enferma en mí que me dice que no es seguro ser como soy y que nunca podré cambiar. Ahora mi búsqueda de soluciones nuevas a problemas viejos comienza por la autoaceptación o el cambio.

Pensamiento del día

La Oración de la Serenidad me recuerda que siempre puedo contar con mi Poder Superior para recibir ayuda cuando me esfuerzo por superar mis temores utilizando los instrumentos del programa.

”Necesito valor para cambiar mi actitud y mi comportamiento. La Oración de la Serenidad puede ayudarme a lograrlo.

                                                                                         Alateen, un día la vez, Pág. 247

Julio 25 (Sigue)

PAG-sigue

Sigue practicando tus conductas de recuperación, aunque las sientas difíciles, aunque aún no las domines, incluso aunque aún no las entiendas.
A veces se tarda unos años en que un concepto de recuperación vaya de nuestra mente a nuestro corazón y a nuestra alma. Necesitamos trabajar las conductas de recuperación con la diligencia, con el esfuerzo y con la repetida práctica que aplicamos a nuestras conductas codependientes. Tenemos que obligarnos a hacer cosas aunque no nos parezcan naturales. Necesitamos decirnos a nosotros mismos que nos importamos y que podemos cuidar de nosotros mismos aunque no creamos en lo que estamos diciendo.
Necesitamos hacerlo, y hacerlo, y hacerlo, día tras día, año tras año.
Es poco razonable esperar que adoptemos este nuevo modo de vida de la noche a la mañana. Podemos tener que “actuar como si” durante meses, años, antes de que las conductas de recuperación se conviertan en algo fijo y natural.
Incluso después de años, podemos descubrirnos, en tiempos de estrés o de coacción, revirtiéndonos a viejas maneras de pensar, de sentir y de comportarnos.
Podemos tener capas de sentimientos que no estamos listos para reconocer hasta que llevemos varios años de recuperación. ¡Eso está bien! Cuando llegue el momento, lo haremos.
¡No te des por vencido! Se lleva tiempo imbuirnos de amor propio hasta la médula. Requiere una práctica constante. De tiempo y experiencia. De lecciones, lecciones y más lecciones. Luego, justamente cuando creemos que hemos llegado, descubrimos que tenemos más que aprender.
Esa es la alegría de la recuperación. ¡Que seguimos aprendiendo y creciendo toda nuestra vida!
Sigue cuidando de ti mismo, a pesar de lo que sea.
Sigue bregando con las conductas de recuperación, un día a la vez.
Sigue amándote a ti mismo, aunque no lo sientas como algo natural. Actúa como si lo fuera, tanto tiempo como sea necesario, aunque ese periodo te parezca demasiado largo.
Un día sucederá. Despertarás y descubrirás que aquello con lo que estabas luchando, por lo que estabas trabajando tan duro y habías estado forzándote a hacer, finalmente lo sientes a gusto. Te ha llegado hasta el alma.
Luego, prosigues aprendiendo algo nuevo y mejor.
“Hoy bregaré con mis conductas de recuperación, aunque no las sienta como algo natural. Me forzaré a practicarlas aunque me parezca difícil. Trabajaré por amarme a mí mismo hasta que realmente me ame.”