Agosto 8

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Mi padre me invitó a ir de campamento y me sentí muy contento de que me invitara a participar en una actividad con él. Me hizo sentir especial. Poco antes de salir me llamó y me dijo que tenían que reparar el avión y que por eso no podía venir. Mi reacción inmediata fue: ¡ah!, no importa papá. Después de unas cuantas semanas, reconocí que mi reacción seguía un viejo patrón: mi padre hacía planes conmigo que me llenaban de gozo, estos nunca se concretaban y yo no compartía mi decepción con él.

Sin embargo, compartí mis sentimientos con mi grupo acerca de la anulación del viaje al campamento; al hacerlo lloré y esto me hizo sentir bien. La gente se me acercó después de la reunión y me agradeció la franqueza. Un miembro comentó que el don más precioso que había recibido en su vida fue que sus hijos le dijeran que él los había herido.

Temía muchísimo hablar con mi padre sobre mis emociones pese a que había estado en AA durante más de 10 años y en Al-Anon por más de uno. Hablé con mi Padrino, quien me sugirió que le contara a mi padre cómo me sentía. Después de terminar la conversación lo llamé le dije que lo quería mucho y que dedicar tiempo para estar juntos era importante para mí. Luego comencé a llorar y él me dejó hacerlo sin interrumpirme. Le conté que me sentía decepcionado por la anulación de aquel viaje. Me escuchó y cuando terminé de hablar me dijo que lamentaba que me sintiera herido. Y agregó. “Me alegro de que me lo hayas dicho.”

Pensamiento del día

Cuando hablo con franqueza sobre mis emociones en las reuniones y los otros miembros me agradecen mi sinceridad, reúno el valor para hacerlo en otros ámbitos de mi vida.

“Con un cambio de actitud, puedo decidir acerca de lo que debo hacer con mis sentimientos.”

                                                                          Valor para cambiar, página 270

Agosto 8 (Aprende a decir sí)

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Ayer hablamos acerca de aprender a decir no. Hoy hablemos de otra palabra importante: sí.
Podemos aprender a decir sí a las cosas que nos hacen sentir bien, a lo que queremos, para nosotros mismos y para los demás.
Podemos aprender a decir sí a la diversión. Si a las reuniones, a llamar a un amigo, a pedir ayuda.
Podemos aprender a decir sí a las relaciones sanas, a la gente y a las actividades que nos convienen.
Podemos aprender a decir sí a nosotros mismos, a lo que queremos y necesitamos, a nuestros instintos y a la guía de nuestro Poder Superior.
Podemos aprender a decir sí cuando sentimos que es correcto ayudar a alguien. Podemos aprender a decir sí a nuestros sentimientos.
Podemos aprender a identificar cuándo necesitamos dar un paseo, tomar una siesta, que nos froten la espalda o comprarnos flores.
Podemos aprender a decir sí al trabajo que nos gusta. Podemos aprender a decir sí a todo lo que nos nutre y alimenta. Podemos aprender a decir sí a lo mejor que pueden ofrecernos la vida y el amor.
“Hoy diré sí a todo lo que me hace sentir bien y sienta que es conveniente.”