Agosto 12

PAG-playita3.jpg

Aprendí muy poco acerca del respeto en el lugar donde me crié. Se hablaba del respeto y se exigía respeto, pero no se hacía mucho por demostrarlo. Afortunadamente, mi Poder Superior me llevó a escoger un camino en el cual tuve la posibilidad de examinar un nuevo concepto: aprender a ganarme el respeto.

En mi trabajo, decidí que ganarme el respeto de los demás sería esencial y aconsejable. No obstante, estaba muy sola.

Al aprender a través de los errores, pronto descubrí que para ganarme el respeto tenía que respetar a los demás y con sinceridad. Milagrosamente, todo lo que brindaba a los demás, lo recibía de vuelta.

En mi vida personal, por el contrario, debido a los efectos del alcoholismo, aún me era difícil respetarme a mí misma así como a los alcohólicos que formaban parte de mi vida. Y esta dificultad se manifestó en repetidas ocasiones hasta que la buena fortuna me condujo a Al-Anon.

Durante las reuniones todos los turnamos para compartir, nos damos la oportunidad expresarnos y nos agradecemos mutuamente por haberlo hecho. Nos abstenemos de dar consejos, de criticar, de discutir o de juzgar. Dejamos que las palabras ajenas vuelen por el salón de reuniones sin que nadie ponga objeciones, esperando que quién las necesite las absorba. Nos damos tiempo para sacar provecho de las situaciones difíciles. Nos respetamos mutuamente y, por tanto, nos respetamos a nosotros mismos.

Pensamiento del día

La estructura de las reuniones del grupo me brinda la posibilidad de poner en práctica el dar y recibir respeto.

”Me encontré en medio de grupos que me trataban con confianza y respeto…”

                                                        Having Had a Spiritual Awakening…, Pág. 124

Agosto 11

PAG-playita2.jpg

Cuando empecé a asistir a un grupo, descubrí que no era la única que trataba de enfrentar los desafíos que impone crecer en un hogar afectado por el alcoholismo. Ese descubrimiento fue una bendición en muchos sentidos. Ser miembro de la hermandad de Al-Anon eliminó el pesado estorbo de la vergüenza que cargué sobre mi espalda por décadas. También llegué a la conclusión de que el alcoholismo es verdaderamente una enfermedad familiar que afecta a todos los que rodean al alcohólico.

El programa también me hizo dar un paso más en el camino de la recuperación y me proporcionó los instrumentos para hacer frente al enfermedad. Una dosis diaria de Pasos, lemas, servicio, experiencias compartidas y espiritualidad, tomadas día a día, mes a mes, año a año, ha hecho que la enfermedad haya entrado en remisión. Y aunque la terapia profesional me había brindado cierta ayuda, nada se compara con el alivio profundo que produce escuchar a otras estas personas compartir experiencias, fortaleza y esperanzas similares.

”La cicatrización está en escuchar” es una verdad sencilla pero poderosa en Al-Anon.

Me oigo a mí misma en las experiencias ajenas y me veo reflejada en nuestras emociones compartidas. Al aprender a sentir compasión y aceptación por los otros miembros, aprendo a sentir compasión y aceptación por los demás miembros, aprendo a sentir lo mismo por mí. Recibo fortaleza de sus fortalezas y esperanzas de sus esperanzas y creo que si ellos pueden sanar, yo también puedo lograrlo. Lo que se siente al presenciar la cicatrización, el cambio y el progreso de otros miembros de Al-Anon es algo irremplazable. Eso es todo el aliento que necesito para seguir aplicando mi programa junto a los que luchan contra esta enfermedad insidiosa.

Pensamiento del día

Compartir mutuamente experiencias, fortaleza y esperanza en las reuniones de Al-Anon nos libera del aislamiento y de la soledad.

”Al compartir nuestra diversidad y experiencia únicas es que realmente derribamos los muros del aislamiento, ampliamos nuestro entendimiento, nos damos cuenta de que no estamos solos y aprendemos que tenemos derecho a tener vidas felices, plenas y productivas.”

                                                                  Al-Anon Is for Gays and lesbians, Pág. 2