Agosto 13

PAG-isla9

El Duodécimo Paso me anima a “… practicar estos principios en todas nuestras acciones.” Algunas de mis acciones, o asuntos, son de orden financiero y algo en mí me decía que podía administrarlos sin la ayuda de un Poder Superior.

No sólo pensé que podía administrar mis finanzas sin ayuda, ignorando los principios del programa, sino que también creía que si ganaba una cierta cantidad de dinero en mi trabajo, podría decirle a Dios que se tirara al río. Aún me aferraba a la noción de que algo, en este caso una suma de dinero, iba permitirme administrar mi vida a mi manera y según mis propias condiciones.

El resultado fue final fue irónico, pero también es lógica. Cuanto más le pedía a Dios que me ayudara a alcanzar la meta para dejar de necesitar un Poder Superior, más perdía mi sano juicio. Por fin me di cuenta de lo que estaba haciendo y volví a los tres primeros Pasos. Una vez más, acepté que mi Poder Superior siempre estuviera a cargo de mí y de todas mis acciones.

Pensamiento del día

Cuando dependo solamente de mi voluntad, limito seriamente todos mis recursos. Cuando recurro a mi Poder Superior, esas limitaciones desaparecen.

“Podemos ser capaces de dirigir nuestro destino rindiéndonos a una voluntad diferente de la nuestra.”

                                                                                   Forum Favorites, Vol. 3, Pág. 40

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