Agosto 14

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Antes de llegar a Al-Anon, en ocasiones tomaba decisiones originadas en mi reacción ante emociones irritantes como la confusión, la ira y el temor, y ninguna de ellas es una buena base para decidir nada. Reaccionaba y mi vida se volvía totalmente ingobernables.

El grupo me demostró cómo responder de modo adecuado a mis emociones. En lo que respecta mi manera de reaccionar, aprendí a analizar primero mis sentimientos para poder analizar con calma una situación. Cuando experimento emociones intensas llamo a mi Madrina para compartir mis problemas y aliviar mis sentimientos. Algunas veces escribo en mi diario o hago ejercicios, por ejemplo, nadar. La oración y la meditación también me ayudan a calmarme y a adquirir una perspectiva apropiada. Cuando deseo tomar una medida drástica, me pregunto: “¿Cuán importante es?” ¿Es el comportamiento que me propongo adoptar comparable con el problema? Con frecuencia no lo es. Cada uno de estos instrumentos me ayuda a ganar el tiempo y espacio necesarios para desenredar el hilo del intelecto y las emociones.

Luego puedo actuar en vez de reaccionar impulsivamente.

Siempre ayuda recordar que mejorar no siempre quiere decir sentirse mejor. Cuando debo experimentar el dolor para deshacerme de él recuerdo “Esto también pasará.” Me dijo que de la misma manera que pensar en algo no lo convierte en realidad, sentir algo tampoco lo hace real. Mi vida va a funcionar según la voluntad de Dios, independientemente de cómo se sienta, así que, ¿para qué manipular la situaciones con el fin evitar lo inevitable: las emociones humanas? Tal comportamiento sólo crea más dolor y yo estoy segura de que ¡no quiero más de eso!

Pensamiento del día

¿Utilizo mis sentimientos o dejo que ellos me utilicen?

”La verdadera naturaleza de mi problema era mi negativa tenaz a reconocer sentimientos, aceptarlos y a dejarlos marchar.”

                                                                              Valor para cambiar, Pág. 249

 

Agosto 14 (Adueñémonos de nuestro poder)

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Muchos de nosotros tenemos alguien en nuestra vida que desafía nuestra capacidad para confiar y cuidar de nosotros mismos.
Cuando escuchamos la voz de esa persona o estamos en su presencia, podemos olvidar todo lo que sabemos que es real, acerca de cómo ser dueños de nuestro poder, de cómo ser directos acerca de lo que sabemos y creemos que es verdad, de lo importantes que somos.
Le cedemos nuestro poder a esa persona. Nuestro niño interior queda enganchado en una mezcla de sentimientos poderosos, de amor, miedo o ira. Podemos sentirnos atrapados, impotentes, o tan atraídos por ella, que no podemos pensar con claridad. Puede dar se una poderosa contienda entre los sentimientos de ira y nuestra necesidad de ser amados y aceptados, o entre nuestra cabeza y nuestro corazón.
Podemos estar tan prendidos a ella o tan intimidados, que volvemos a nuestra creencia de que no podemos reaccionar ante esta persona o responderle de manera diferente.
Nos quedamos enganchados.
No tenemos por qué quedar bajo un hechizo.
Empezamos por hacernos conscientes de la gente que nos engancha, y luego lo aceptamos.
Podemos forzarnos a reaccionar distinto hacia esa persona, aunque esa nueva reacción nos resulte difícil e incómoda.
Indaga cuáles son tus motivaciones ¿Estamos de alguna manera tratando de controlar o de influir en esa persona?
No podemos hacer cambiar a otra persona, pero podemos dejar de jugar nuestra parte en el juego. Una buena manera de hacerlo es desapegándonos y dejando ir cualquier necesidad de control.
El siguiente paso es aprender a adueñarnos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos, de ser como somos cuando estamos libres de su influencia. Podemos aprender a adueñarnos de nuestro poder con la gente difícil. Puede que no ocurra de la noche a la mañana, pero podemos comenzar, hoy, a cambiar nuestras reacciones autoderrotistas hacia la gente que nos ha enganchado.
“Dios mío, ayúdame a identificar las relaciones en las cuales yo haya renunciado a mi poder. Ayúdame a desengancharme y a empezar a adueñarme de mi poder.”