Agosto 19

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Mi costumbre de controlar, interferir y concentrarme en los demás comenzó a una edad muy temprana. Creía que tenía que proteger el bienestar de mi familia. En mi niñez, estos comportamientos me dieron un falso sentimiento de poder que me ayudó a sentirme segura en el ambiente caótico e incoherente creado por el alcoholismo. Cuando trasladé estos comportamientos a mi vida adulta, éstos empezaron a destruir mi salud y mi bienestar.

Me torné malhumorada, cansada, agotada, sin ánimo. Sufría de dolores constantes de cabeza, dolores de estómago y depresiones leves. ¿Pensé alguna vez en consultar a un médico sobre estos problemas? No, porque concentraba toda mi atención en otro lugar. Sin embargo, los mencioné a un amigo que me conoce desde la infancia y quien ya me había hablado de Al-Anon, pero ahora que yo me estaba destruyendo físicamente, insistió con más fuerza para que asistiera. Cuando toqué fondo, acepté su sugerencia.

La idea de ocuparme de mí me llamó la atención al enfocarme por completo las reuniones de Al-Anon y sólo escuchar.

Me resultaba un concepto extraño pero estaba dispuesta a intentarlo. Preparé un “informe de atención a mí misma” en un viejo cuaderno en el que preparé dos columnas: “interferencia” y “atención a mí misma.” En la segunda columna enumeraba las cosas que debía hacer o que me gustaría hacer para nutrirme mental, física, emocional y espiritualmente. Todos los días escribía los minutos y las horas que pasaba interfiriendo en los asuntos ajenos y tuve en cuenta cuánto esto afectaba mi salud y mi bienestar. Por ejemplo, en lugar de dedicar treinta minutos a sermonear a mi hijo adulto, mejor hacía una cita con un médico para aliviar mis dolores de cabeza. Por fin había encontrado una manera concreta de concentrarme en mí misma.

Pensamiento del día

Es una ilusión pensar que puedo ayudar a alguien cuando quedo totalmente sin energías.

”…forjar una vida para nosotros mismos, independientemente de lo que dejan de hacer otros, debe convertirse en la máxima prioridad.”

         Cómo ayuda Al-Anon a familiares y amigos de alcohólicos, Pág. 76

 

Agosto 18

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Los Pasos Cuarto y Quinto curaron mi vergüenza. El Sexto, Séptimo y Octavo curaron mi culpabilidad. La vergüenza es todo aquello relacionado con mis pensamientos y sentimientos, con mi yo íntimo. La vergüenza me indica que hay problemas con quién soy. La culpabilidad es todo aquello relacionado con mis palabras y acciones, con mi yo exterior. La culpabilidad me indica qué hay problemas con lo que hago. Antes de Al-Anon, arrastraba tanta vergüenza y culpabilidad que no me imaginaba que estas emociones podían serme útiles en algún momento. No sabía que la vergüenza y la culpabilidad podían advertirme cuando mi comportamiento era incompatible con mis valores. En mi familia afectada por el alcoholismo no aprendí valores sanos y coherentes. La vergüenza y la culpabilidad se usaba para castigarme y controlarme. Terminé sintiendo vergüenza y culpabilidad por casi todo.

Al-Anon y mi Padrino ayudaron a curarme de la vergüenza proporcionándome una atmósfera segura en la cual compartir mis pensamientos y sentimientos. Cuando apliqué los Pasos Cuarto y Quinto con mi Padrino, recibí el don de contar con alguien, que respeto y en quién confío, que conociera todo mi ser y me amara sin condiciones. Nunca imaginé que esto fuera posible. Los Pasos del Sexto al Noveno curaron mi culpabilidad suministrándome una guía para identificar la parte que me corresponde en una situación dada, para discernir mis errores y para reparar el mal. Ahora que he admitido mis errores y culpas ante Dios, ante mí y ante otro ser humano, mis sentimientos normales de culpabilidad y vergüenza me guían en el Décimo Paso, donde continúo haciendo mi examen de conciencia personal. Esas emociones molestas me indican que puedo haber dicho o hecho algo contrario a los valores que he desarrollado en Al-Anon. Entonces puedo reparar el mal ocasionado para proteger mi autoestima.

Pensamiento del día

¿He considerado que los sentimientos normales de vergüenza y de culpabilidad podrían ayudarme en la recuperación en lugar de obstaculizarla?

”Lo que hacemos con nuestros sentimientos y cómo respondemos a los mismos es lo más importante. Alateen me demuestra cómo responder.”                                                                 Alateen´s Fourth Step Inventory, Pág. 32

 

Agosto 19 (Deja ir la vergüenza)

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La vergüenza es ese sentimiento oscuro, poderoso, que nos detiene.
Si, la vergüenza puede impedir que actuemos apropiadamente. Pero muchos de nosotros hemos aprendido a unir la vergüenza con las conductas sanas que son las que más nos convienen.
En las familias disfuncionales se puede asociar la vergüenza a conductas sanas, tales como hablar acerca de los sentimientos, tomar alternativas, cuidar de nosotros mismos, divertirse, tener éxito, o incluso sentirnos bien con nosotros mismos.
Se puede haber asociado la vergüenza al hecho de pedir lo que queremos y necesitamos, a comunicarnos directa y honestamente, y a dar y recibir amor.
A veces, la vergüenza se disfraza de miedo, indignación, indiferencia, o de una necesidad de correr a escondernos, escribió Stephanie. E. Pero si la sentimos oscura y nos hace sentirnos mal acerca de quiénes somos, probablemente sea vergüenza.
En la recuperación estamos, aprendiendo a identificar la vergüenza.
Cuando podamos reconocerla, podremos empezar a dejarla ir. Podemos amarnos y aceptarnos a nosotros mismos, empezando ahora.
Y tenemos derecho a ser, a estar aquí, a ser lo que somos. Y nunca tenemos por qué dejar a la vergüenza que nos diga otra cosa.
Hoy atacaré y conquistaré la vergüenza en mi vida.

Agosto 18 (Valora este momento)

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El desapego implica vivir el momento presente, vivir en el aquí y en el ahora. Permitimos que en la vida las cosas se den por sí solas en lugar de forzarlas y tratar de controlarlas. Renunciamos a los remordimientos por el pasado y a los miedos por el futuro. Sacamos el mayor provecho a cada día.
Ya no seas codependiente.
En este momento estamos justo donde necesitamos estar, justo donde debemos estar.
Cuán frecuentemente desperdiciamos nuestro tiempo y energía deseando que fuéramos alguna otra persona, que estuviéramos haciendo alguna otra cosa, o que estuviéramos en alguna otra parte.
Podemos desear que nuestras circunstancias actuales fueran distintas.
Sin necesidad nos confundimos y desviamos nuestra energía al pensar que nuestro momento presente es un error. Pero estamos justamente donde necesitamos estar por ahora. Nuestros sentimientos, pensamientos, circunstancias, retos, tareas, todo está programado.
Echamos a perder la belleza del momento presente deseando cualquier otra cosa.
Vuelve a casa contigo mismo. Vuelve a casa al momento presente. No cambiaremos las cosas escapando al momento o abandonándolo.
Cambiaremos las cosas sometiéndonos al momento y aceptándolo. Algunos momentos son más fáciles de aceptar que otros. Para confiar en el proceso, para confiar en él en su totalidad, sin permanecer en el pasado ni atisbar demasiado lejos en el futuro, se requiere una gran cantidad de fe. Sométete al momento. Si te estás sintiendo enojado, ponte furioso. Si estas fijando un límite, sumérgete en ello. Si estás en proceso de pena, siente la pena.
Métete en ella.
Camina hacia donde te lleve el instinto. Si estás esperando, espera. Si tienes una tarea que hacer, tírate al trabajo. Métete en el momento; el momento es correcto.
Somos quienes somos, y eso está bien. Es justamente donde debemos estar para llegar hacia donde vamos a estar mañana.
Y ese lugar será bueno.
Ha sido planeado con amor para nosotros.
Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de ser alguien más de lo que soy hoy. Ayúdame a sumergirme totalmente en el momento presente.
Aceptaré mis momentos presentes y me someteré a ellos, a los difíciles y a los fáciles, confiado en el proceso completo. Dejaré de estar tratando de controlar el proceso; en vez de ello, me relajaré y me permitiré experimentarlo.