Agosto 28

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Antes de Al-Anon, tenía una falsa impresión de mi propio ser. Debido a sus enfermedades respectivas, mi padre era alcohólico y mi madre se había criado en un hogar alcohólico, apenas sabían quiénes eran ellos mismos. Ellos tampoco podían ayudarme.

Mientras crecía, parecía que mis padres ni siquiera me veían. Me sentía invisible y muda. No tenía idea de lo que me gustaba o no, mucho menos de lo que podía aceptar en una relación. Me sentía interiormente vacía. Cuando parecía que existía algo en mi interior, lo sentía como una experiencia ajena.

Al-Anon cambió todo eso. Escuché sugerencias como “Concéntrate en ti misma” y “Haz tu propio examen de conciencia en lugar del de otra persona.” Estas ideas me dejaban perpleja. ¿Quién era yo? No me conocía. La persona que yo conocía era esa adolescente que mi madre consideraba una carga. Mi padre me criticaba sin cesar. Todas esas cosas negativas no era lo único que podía haber en mí.

Al aplicar los Pasos, en especial los cuatro primeros, aprendí a conocerme. Con el Primer Paso me sentí como alguien que intentaba controlar el alcoholismo de forma nada saludable pero que no podía hacerlo; y pude darme cuenta de mi incapacidad.

En el Segundo Paso, tuve en cuenta la existencia y la posible ayuda de un Poder que no podía definir. Logré conocer a Dios según mi propio entendimiento, en mi caso particular, “Ella” en vez de “Él”. En el tercer paso experimenté el anhelo de confiar en ese Poder Superior a mí misma. Pude conocer a mi propio yo que se entregaba. Y en el Cuarto Paso experimenté la capacidad de definirme a mí misma en vez de permitirles a los demás que lo hicieran. Llegué a conocerme.

Pensamiento del día

En Al-Anon, puedo hacer sin peligro el trabajo de autodefinirme en lugar de permitirles a los demás que lo hagan.

”La verdad es que quizás somos mucho más valiosos y dignos de amor de lo que otra gente nos ha hecho creer.”

                                                                                        Courage to Be Me, Pág. 122

Agosto 28 (Cuidemos de nosotros mismos en el trabajo)

PAG-sarigueya
Está bien cuidar de nosotros mismos en el trabajo.
No solo está bien, es necesario.
Cuidar de nosotros mismos en el trabajo significa que lidiemos adecuadamente con los sentimientos; que asumamos la responsabilidad que tenemos hacia nosotros mismos. Nos desapegamos cuando sea necesario el desapego.
Fijamos límites cuando necesitemos hacerlo.
Negociamos conflictos; tratamos de separar nuestros asuntos de los asuntos de otras personas y no esperamos la perfección de nosotros mismos ni de los demás.
Dejemos ir nuestra necesidad de controlar lo que no podemos controlar. En vez de ello, nos esforzamos por la paz y la gobernabilidad, por adueñarnos de nuestro poder para ser lo que somos y para cuidar de nosotros mismos.
No toleramos el abuso, ni abusamos ni maltratamos a nadie más.
Trabajamos por dejar ir nuestro miedo y por desarrollar una confianza adecuada. Tratamos de aprender de nuestros errores, pero nos perdonamos a nosotros mismos cuando los cometemos.
Tratamos de no colocarnos en empleos que no era posible que funcionaran, o en empleos que no son adecuados para nosotros. Si nos encontramos en una de esas circunstancias, enfrentamos responsablemente el asunto.
Averiguamos cuales son nuestras responsabilidades y generalmente nos ceñimos a ellas, a menos que se llegue a otro acuerdo. Dejamos espacio para los grandes días y para aquéllos no tan grandes.
Somos gentiles y amorosos con la gente siempre que sea posible, pero somos asertivos y firmes cuando eso es lo que se necesita.
Aceptamos nuestros puntos fuertes y los acrecentamos. Aceptamos nuestras debilidades y limitaciones, incluyendo las limitaciones de nuestro poder.
Nos esforzamos por dejar de tratar de controlar y de cambiar lo que no es asunto nuestro cambiar. Nos concentramos en lo que es nuestra responsabilidad y en lo que podemos cambiar.
Fijamos metas razonables. Nos tomamos en cuenta a nosotros mismos.
Luchamos por lograr el equilibrio.
A veces nos permitimos una buena sesión de congoja para echar todo para afuera, pero lo hacemos apropiadamente, de forma que nos cuidemos a nosotros mismos y liberemos nuestros sentimientos, no para sabotearnos. Nos esforzamos por evitar los chismes maliciosos y otras conductas contraproducentes.
Evitamos la competencia, luchando por la cooperación y por un espíritu amoroso. Entendemos que nos pueden caer bien algunas personas que trabajen con nosotros y caernos mal otras, pero nos esforzamos por encontrar armonía y equilibrio con todo el mundo. No negamos lo que sentimos hacia cierta persona, pero nos esforzamos por mantener buenas relaciones de trabajo siempre que sea posible.
Cuando no sabemos, decimos no sabemos. Cuando necesitamos ayuda, la pedimos directamente. Cuando el pánico se apodera de nosotros, lo tratamos como un asunto separado y tratamos de no permitir que nuestro trabajo y nuestra conducta sean controlados por el pánico.
Nos esforzamos por cuidar responsablemente de nosotros mismos pidiendo de forma adecuada lo que necesitemos en el trabajo, y al mismo tiempo, sin descuidarnos a nosotros mismos.
Si somos parte de un equipo, luchamos por hacer un trabajo de equipo sano como una oportunidad para aprender cómo trabajar en cooperación con los demás.
Si algo se vuelve loco o se siente loco, si nos encontramos trabajando con una persona adicta o que tiene algún tipo de disfunción que sea problemática, no nos volvemos más locos negando el problema. Lo aceptamos y en paz tratamos de averiguar lo que necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos.
Dejamos ir nuestra necesidad de ser mártires o rescatadores en el trabajo. Sabemos que no tenemos que permanecer en situaciones que nos hagan infelices. En vez de sabotear un sistema o a nosotros mismos, planeamos una solución positiva, comprendiendo que necesitamos hacernos responsables de nosotros mismos en el camino.
Dejamos de ser víctimas y trabajamos creyendo que merecemos lo mejor. Practicamos la aceptación, la gratitud y la fe.
Por un solo día a la vez, nos esforzamos por disfrutar lo que es bueno, por resolver los problemas que nos toca resolver, y en el trabajo damos el regalo que somos nosotros mismos.
Hoy pondré atención a las conductas de recuperación que podría practicar para mejorar mi vida laboral. Cuidaré de mí mismo en el trabajo. Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de ser victimado por el trabajo. Ayúdame a estar abierto a todo lo bueno de que dispongo a través de mi trabajo.