Agosto 30

PAG-ajolotito

El crujir de las hojas al otro lado de la ventana me indica la presencia de un visitante. Es un pajarito que disfruta del sol.

Permanezco en silencio observándolo; pero también temo perder mi tiempo mientras lo hago. Envidio la manera en que se arregla el plumaje, sin prisas, y el placer evidente del que goza al frotar la cabeza contra sus plumas, suavizándolas y luego volviéndolas a su lugar. “No como mi rutina matinal”, pienso mientras me apresuro y me preparo para ir al trabajo: planchar, darme una ducha y arreglar mi pelo de manera presentable.

Vuelvo a la ventana atraída por el movimiento constante de una hoja debajo del pajarito y entonces vi otro pajarito que no había observado antes, y luego vi un tercero y un cuarto en una rama cercana. Una vez más sentí celos. Tienen tanto tiempo para realizar sus tareas, preparándose para el día. Yo también me preparo para el día, pero no siento la misma calma.

Luego me eché a reír. Me he desprendido de mi vida “demasiado ocupada” por diez minutos para observar los pajaritos únicamente por el placer de hacerlo. Antes de Al-Anon, nunca hubiese podido percibir esos movimientos escondidos en el follaje. Todo lo que aprendo en Al-Anon está tomando raíces. Ahora mi mente posee la calma necesaria para observar a los pajaritos. Puedo valorar el significado de sus vidas sin complicaciones y este se filtra hacia mi alma, haciéndose eco de mis deseos de sencillez y de mi necesidad de encontrar mi equilibrio.

Ahora tengo opciones. Puedo aislarme del mundo exterior o puedo dejar de vivir a la carrera y apreciarlo. Puedo sentir a plenitud las imágenes y el ritmo de mi vida interior y permitirles que nutran mi alma, confiando en que todo lo que brille bajo el sol esté al cuidado de mi Poder Superior.

Pensamiento del día

En Al-Anon he aprendido a saborear los momentos breves, específicos y hermosos de mi vida.

”Durante un cierto tiempo, dejaré mis problemas de lado y valoraré la importancia de una vida activa.”

                                                                        Valor para cambiar, Pág. 325

 

 

 

 

 

 

 

El comportamiento de mi madre fue motivo por el que llegue a Al-Anon. Ella era la primera y la alcohólica más importante en mi vida. A pesar de ser una mujer talentosa y creativa, también estaba perturbada por los efectos de haber crecido en una familia afectada por el alcoholismo y por la muerte de mi hermano. Con el paso del tiempo, su alcoholismo se tornó más evidente, como también lo fue el muro que levantó entre ella y el resto de la familia.

Cuando llegué a Al-Anon mi madre vivía sola y aislada, aunque aparentemente no bebía. Sin embargo, los efectos de la enfermedad familiar del alcoholismo seguían afectando nuestra relación hasta que finalmente comencé a desprenderme de ella con amor. Dejé de tratar de ayudarla a ocuparse de sí misma, lo que también detuvo las peleas que teníamos. Me concentré en mí al darme cuenta de que a causa de mi enfermedad no veía claramente los límites que nos separaban. Descubrir quién era yo, separada de mi madre, fue mi primer desafío en Al-Anon.

En esos primeros días, desprenderme con amor de mi madre significó poner límites cuando nos encontrábamos personalmente. Durante más de un año, nuestra única comunicación fue a través de notas enviadas por correo y el envío de regalos, sin vernos. En ese momento, eso era lo que me hacía falta para la recuperación.

Ahora mi madre y yo tenemos una relación sincera y afectuosa basada en el respeto mutuo a los límites de cada una. Cuando hablamos, me concentro en mí y comparto mis experiencias, fortaleza y esperanza, en lugar de decirle qué hacer. Mi recuperación se ha vuelto más sólida y saludable, así como también la relación con mi madre. Este es el milagro de Al-Anon en mi vida.

Pensamiento del día

El desprendimiento me ayuda a poner límites y a liberarme de las personas que forman parte de mi vida.

“Nuestra primera responsabilidad es decidirnos a poner límites y lograr nuestro bienestar…”

                                                        De la supervivencia a la recuperación, Pág. 204

Agosto 30 (Aceptemos nuestro mejor esfuerzo)

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No tenemos que hacer las cosas mejor de lo que podemos, nunca. Haz las cosas lo mejor que puedas por el momento, luego déjalo ir.
Si necesitamos volverlas a hacer, podremos hacerlas lo mejor posible en otro momento, después.
No podríamos hacer más ni mejor las cosas de lo que somos capaces de hacerlas en este momento. Nos castigamos a nosotros mismos y nos volvemos locos esperando más de lo que razonablemente podemos hacer mejor por ahora.
Esforzarse por la excelencia es una cualidad positiva.
Esforzarse por la perfección es autoderrotista.
¿Quién nos dijo que esperaba que hiciéramos y diéramos más? ¿Quién nos privó siempre de su aprobación?
Llega un momento en que sentimos que hemos hecho las cosas lo mejor posible. Cuando llegue ese momento, déjalo ir.
Hay días en que pensamos que hemos hecho las cosas mejor que nunca y el resultado puede ser inferior a lo que esperábamos. Deja ir esos momentos también. Vuelve a empezar mañana. Trabajemos hasta que se vuelva mejor lo mejor que podemos hacer las cosas.
Hay momentos para la crítica constructiva, pero si eso es lo único que nos damos a nosotros mismos, nos daremos por vencidos.
Concedernos autoridad y hacernos cumplidos a nosotros mismos no nos hará flojos. Nos nutrirá y nos hará capaces de dar, de hacer y de ser lo mejor.
Hoy haré las cosas lo mejor que pueda. Dios mío, ayúdame a dejar de criticarme a mí mismo para que pueda apreciar lo lejos que he llegado.