Septiembre 18 (Recuperado por el amor)

PAG-nutria

Toda nuestra atesorada filosofía de independencia tuvo que ser puesta a un lado. Esto no
fue hecho con nuestra bien conocida fuerza de voluntad; era más bien una cuestión de
desarrollar la disposición de aceptar estas nuevas realidades de la vida. Ni huimos ni
peleamos. Pero sí aceptamos. Y entonces fuimos libres.
* LO MEJOR DEL GRAPEVINE, Vol. I, p. 198

Yo puedo ser liberado de la esclavitud de mi viejo ego. Después de un tiempo reconozco y
creo en lo bueno dentro de mí. Veo que mi Poder Superior, que me envuelve, me ha hecho recuperar por su amor.  Mi Poder Superior se convierte en esa fuente de amor y fortaleza queestá haciendo un milagro continuo.

Estoy sobrio . . . y estoy agradecido.

Septiembre 18 (Deja que sucedan cosas buenas)

PAG-lechuza
Antes de la recuperación, mis relaciones eran pésimas. No me iba muy bien en mi trabajo. Estaba entrampado en mi familia disfuncional ¡Pero al menos sabía qué esperar!
Anónimo
Quiero que la segunda mitad de mi vida sea tan buena como la primera fue de desgraciada. A veces tengo miedo de que no sea así. A veces me asusta que pueda ser así.
Las cosas buenas pueden asustarnos. El cambio, incluso el cambio para bien, puede ser atemorizante. De alguna manera, los cambios para bien pueden ser más atemorizantes que las épocas difíciles.
El pasado, particularmente el de antes de la recuperación, puede haberse vuelto confortablemente familiar. Sabíamos qué esperar en nuestras relaciones. Eran predecibles. Eran repeticiones del mismo patrón, las mismas conductas, el mismo dolor, una y otra vez. Podrán no haber sido lo que queríamos, pero sabíamos lo que iba a suceder.
Esto no ocurre cuando cambiamos de patrones y empezamos la recuperación.
Podemos haber sido bastante buenos para predecir eventos en la mayor parte de las áreas de nuestra vida. Las relaciones serían dolorosas.
Nosotros viviríamos en privación.
Cada año sería casi una repetición del año anterior. A veces, las cosas se ponían un poco peor; otras un poco mejor, pero el cambio no era drástico. No hasta el momento en que empezamos la recuperación.
Entonces cambiaron las cosas. Y cuanto más progresamos en este milagroso programa, más cambiamos nosotros y nuestras circunstancias. Empezamos a explorar un territorio
desconocido.
Las cosas se ponen bien. Se mejoran todo el tiempo.
Empezamos a tener éxito en el amor, en el trabajo, en la vida.
Un día a la vez, empiezan a ocurrir cosas buenas y la desgracia se disipa.
Ya no queremos ser víctimas de la vida. Hemos aprendido a evitar las crisis y traumas innecesarios. La vida se pone buena.
“¿Cómo manejo las cosas buenas?”, preguntó una mujer. “Es más difícil y más extraño que el dolor y la tragedia.”
“Del mismo modo que manejábamos las experiencias difíciles y dolorosas”, le contesté. “Un día a la vez”.
Hoy, Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de vivir en el dolor y en la crisis. Ayúdame a quitarme lo más pronto posible los sentimientos de tristeza y los problemas. Ayúdame a encontrar mi base y equilibrio en la paz, la alegría y la gratitud. Ayúdame a trabajar tan duramente por aceptar lo bueno como he trabajado de duro en el pasado para aceptar lo doloroso y lo difícil.