Noviembre 2 (Mantener a flote el optimismo)

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Los otros Pasos pueden mantenernos sobrios y de alguna manera funcionando a la mayoría de nosotros. Pero el Paso Once puede mantenernos creciendo . . .
* EL LENGUAJE DEL CORAZÓN, p. 240

A un alcohólico sobrio le resulta mucho más fácil ser optimista en la vida. El optimismo es el resultado natural de encontrarme gradualmente posibilitado de sacar el mejor provecho de cada situación. A medida que mi sobriedad física continúa, yo salgo de la niebla, adquiero una más clara perspectiva y puedo determinar mejor qué curso de acción he de seguir. Por vital que sea la sobriedad física, yo puedo lograr un potencial mayor desarrollando una siempre creciente disposición para valerme de la orientación y dirección de un Poder Superior. Mi capacidad para hacer esto viene de aprender – y de practicar – los principios del programa de A.A. La fusión de mi sobriedad física con mi sobriedad espiritual produce la substancia para una vida más positiva.

Noviembre 1 (No puedo cambiar el viento)

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Es fácil descuidarnos en el programa espiritual de acción y dormirnos en nuestros laureles.
Si lo hacemos, estamos buscando dificultades porque el alcohol es un enemigo sutil. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 79

Mi primer padrino me dijo que había dos cosas que decir respecto a la oración y a la
meditación: primero, tenía que empezar y segundo, tenía que continuar. Cuando llegué a
A.A. mi vida espiritual estaba en bancarrota; si yo acaso consideraba a Dios, era solamente cuando mi fuerza de voluntad no bastaba para realizar una tarea o cuando los temores abrumadores erosionaban mi ego.
Hoy estoy agradecido por una nueva vida, una vida en la que mis oraciones son de gratitud.
Mi tiempo de oración es más para escuchar que para hablar. Hoy me doy cuenta de que
aunque no puedo cambiar el viento, puedo arreglar mis velas para navegar. Ya sé la
diferencia entre superstición y espiritualidad. Sé que existe una manera elegante de estar correcto y muchas maneras de estar equivocado.

 

Noviembre 2 (El proceso de pena)

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Experimentando por completo la pena por nuestras pérdidas es la manera como nos sometemos al proceso de la vida y de la recuperación. Algunos expertos, como Patrick Carnes, llaman a los Doce Pasos “un programa para lidiar con nuestras pérdidas, un programa para lidiar con nuestra pena.”
¿Cómo experimentamos la pena?
Difícilmente. Imperfectamente. Por lo general, con gran cantidad de resistencia. A menudo con ira y con el intento de negociar.
Finalmente, sometiéndonos al dolor.
El proceso de pena, dice Elisabeth Kubler – Ross, es un proceso de cinco etapas: negación, ira, regateo, tristeza y, finalmente, aceptación. Así es como experimentamos la pena; así
es como llegamos a aceptar; así es como perdonamos; así es como respondemos a los muchos cambios que nos da la vida.
Aunque este proceso de cinco etapas se ve muy nítido sobre el papel, no es así de claro en la vida real. No lo atravesamos por compartimientos. Por lo general lo atravesamos dando tumbos, pataleando y gritando, yendo para adelante y hacia atrás, hasta que alcanzamos ese pacífico estado llamado aceptación.
Cuando hablamos acerca de “asuntos no resueltos” de nuestro pasado, por lo general nos estamos refiriendo a las pérdidas que no hemos terminado de penar. Estamos hablando de que nos hemos quedado atorados en alguna parte dentro del proceso de pena. Por lo general, en el caso de hijos adultos de alcohólicos y codependientes, el lugar donde nos hemos quedado atorados es en la negación. Atravesar la negación es la primera y más peligrosa etapa de proceso de pena, pero es también el primer paso hacia la aceptación.
Podemos aprender a entender el proceso de pena y cómo se aplica éste a la recuperación. Incluso los cambios buenos en la recuperación pueden conllevar una pérdida y, en consecuencia, la pena. Podemos aprender a ayudarnos a nosotros mismos y a los demá
s comprendiendo este proceso y familiarizándonos con él. Podemos aprender a experimentar por completo la pena por nuestras pérdidas, a sentir nuestro dolor, a aceptar y a perdonar, para que podamos sentir alegría y amor.
Hoy Dios mío, ayúdame a abrirme al proceso de penar por mis perdidas. Ayúdame a permitirme atravesar el proceso de pena, aceptando todas las etapas para que pueda lograr paz y aceptación en mi vida. Ayúdame a aprender a ser amable conmigo mismo y con los demás mientras dura este proceso tan humano de curación.

Noviembre 1 (Transformación a través de la pena)

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Estamos luchando por la aceptación en la recuperación, la aceptación de nosotros mismos, de nuestro pasado, de otras personas y de nuestras circunstancias actuales. La aceptación trae paz, curación y libertad, la libertad para cuidar de nosotros mismos.
La aceptación no es un proceso de un solo paso. Antes de lograr la aceptación, vamos hacia ella atravesando etapas de negación, de ira, de negación y de tristeza. A estas etapas les llamamos el proceso de pena. La pena puede ser frustrante. Puede confundirnos. Podemos vacilar entre la tristeza y la negación. Nuestras conductas pueden ser vacilantes. Puede ser que los demás no nos entiendan. Puede ser que tampoco nosotros nos entendamos a nosotros mismos ni a nuestra conducta mientras estamos penando por nuestras pérdidas. Luego, un día, las cosas comienzan a aclararse. Se levanta la neblina y vemos que hemos estado batallando para afrontar y aceptar una realidad en particular.
No te preocupes. Si hemos estado dando pasos para cuidar de nosotros mismos, atravesaremos este proceso exactamente al ritmo correcto. Sé comprensivo contigo mismo y con los demás por la manera tan humana como atravesamos la transición.
Hoy aceptaré la manera en que atravieso el cambio.
Aceptaré el proceso de pena y sus etapas como la forma en que la gente llega a aceptar la perdida y el cambio.