Noviembre 5 (“La calidad de la Fe”)

PAG-jaguarbaja

Esta . . . se refiere a la calidad de la fe . . . Nunca habíamos hecho un examen concienzudo, en un sentido profundo y significativo . . . Ni siquiera sabíamos orar correctamente. Siempre habíamos dicho “concédeme mis deseos”, en vez de “Hágase Tu Voluntad”.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 34

Dios no me otorga posesiones materiales, no me quita mis sufrimientos, ni me libra de
desastres, pero El me da una buena vida, la habilidad de salir adelante y tranquilidad de
espíritu. Mis oraciones son sencillas: primero, expresan mi gratitud por las buenas cosas de mi vida, aunque tenga que hacer un gran esfuerzo para encontrarlas; y segundo, pido
solamente la fortaleza y sabiduría para hacer Su voluntad. El responde con soluciones a mis problemas, reforzando mi capacidad para superar las frustraciones diarias con una
serenidad que yo no creía que existía, y con la fortaleza para practicar los principios de A.A. en todos mis asuntos cotidianos.

Noviembre 4 (Una disciplina diaria)

PAG-jaguarduerme

. . . cuando esas prácticas (el autoexamen, la meditación y la oración) están lógicamente
relacionadas y entrelazadas, el resultado es una base firme para la vida.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 105

Los últimos tres Pasos del programa invocan la amante disciplina de Dios sobre mi
obstinada naturaleza. Si todas las noches yo dedico unos momentos a revisar los puntos
sobresalientes de mi día, reconociendo a la vez aquellos aspectos que no me gustaron
tanto, obtengo una historia personal de mí mismo, historia que es esencial para el viaje
hacia mi autodescubrimiento. Podía ver mi desarrollo, o la falta del mismo, y pedir en
oración meditativa ser aliviado de aquellos defectos continuos que me causan dolor. La
meditación y la oración también me enseñan el arte de centrarme y escuchar. Veo que el
alboroto del día se va apagando cuando rezo por Su voluntad y orientación. La práctica de pedirle a El que me ayude en mis esfuerzos por la perfección, le da una nueva perspectiva al tedio de cada día, porque sé que hay honor en cualquier trabajo bien hecho. La disciplina diaria de oración y meditación me mantendrán en buena condición espiritual para enfrentarme a lo que venga – sin pensar en un trago.

Noviembre 5 (Hagamos un trato)

PAJ-jaguaroye

La relación simplemente no estaba funcionando, y yo quería tanto que funcionara. Seguía pensando que si me hacía lucir más hermosa, si tan sólo trataba de ser una persona más amorosa, más amable, entonces él me amaría. Me volteé al revés para ser
algo mejor, siendo que como era estaba bien. Sencillamente no podía ver lo que estaba
haciendo, hasta que seguí adelante y acepté la realidad.
Anónimo
Una de las partes más frustrantes de la aceptación es la etapa del regateo. En la negación, hay felicidad; en la ira, alguna sensación de poder. En el regateo vacilamos entre el creer que podemos hacer algo por cambiar las cosas y el darnos cuenta de que no podemos hacerlo.
Podemos alzar en alto nuestras esperanzas una y otra vez, tan solo para que nos las destrocen.
Muchos de nosotros nos hemos volteado al revés para tratar de negociar con la realidad. Algunos de nosotros hemos hecho cosas que parecen absurdas, en retrospectiva, una vez que hemos logrado la aceptación.
“Si trato de ser una persona mejor, entonces esto no sucederá…. Si me veo más bonita, si tengo la casa más limpia, si bajo de peso, si sonrío más, si me dejo ir, si me aferro con más fuerza, si cierro los ojos y cuento hasta diez, si me desgañito gritando, entonces no tendré que enfrentar esta pérdida, este cambio.”
Hay historias de los miembros de Al-Anón acerca de intentos de regateo con el beber del alcohólico: “Si tengo la casa más limpia, el no beberá… Si la hago feliz comprándole un vestido nuevo, ella no beberá… Si le compro a mi hijo un coche nuevo, dejará de usar drogas”.
Los hijos adultos de alcohólicos también han regateado con sus pérdidas: “Quizá si soy el hijo perfecto, mi mamá o mi papá me amarán y me aprobarán, dejarán de beber y me apoyarán en la forma como quiero que lo hagan”. Hacemos cosas grandes, pequeñas y regulares, a veces cosas locas, para resguardarnos del dolor que implica aceptar la realidad, para detenerlo o para ahogarlo.
Aceptar la realidad no tiene sustituto. Esa es nuestra meta. Pero en el camino, podemos tratar de hacer un trato. Reconocer nuestros intentos de regateo por lo que son –parte del proceso de pena- ayuda a que nuestras vidas se vuelvan gobernables.
Hoy me daré a mí mismo y a los demás la libertad para experimentar completamente la pena por las pérdidas. Me haré responsable, pero me daré permiso para ser humano.

Noviembre 4 (Ira)

PAH-torti

Sentirse enojado –y, a veces, el acto de culpar- es una parte natural y necesaria de la aceptación de la pérdida y el cambio, de la pena. Podemos permitirnos a nosotros mismos y a los demás enojarnos mientras vamos de la negación a la aceptación.
Mientras llegamos a aceptar la pérdida y el cambio, podremos culparnos a nosotros mismos, a nuestro Poder Superior o a los demás.
La persona podrá tener relación con la pérdida o ser un inocente espectador. Podemos escucharnos decir a nosotros mismos: “ Si tan solo él hubiera hecho eso… Si él no hubiera hecho eso…¿Por qué Dios no hizo las cosas de otra manera?…” Sabemos que culpar no ayuda. En la recuperación, las contraseñas son autoresponsabilidad y responsabilidad personal, no culpar. En último término, el sometimiento y la autoresponsabilidad son los únicos conceptos que nos pueden llevar hacia delante, pero para llegar ahí podemos necesitar darnos permiso de sentirnos enojados y de ocasionalmente incurrir en el reproche.
Es útil, al tratar con los demás, recordar que ellos, también, pueden necesitar atravesar su etapa de enojo para lograr la aceptación. No permitir a los demás, o a nosotros mismos, atravesar la ira y el culpar puede retardar el proceso de pena.
Confiemos en nosotros mismos y en el proceso de pena. No nos quedaremos enojados para siempre. Pero podemos necesitar ponernos furiosos un rato mientras indagamos qué hubiera podido ser, para finalmente aceptarlo como es.
Dios mío, ayúdame a aceptar mi ira y la de los demás como una parte normal para lograr la aceptación y la paz. Dentro de ese marco, ayúdame a esforzarme por la responsabilidad personal.