Noviembre 18 (Una red de seguridad)

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Ocasionalmente . . . nos sobrecoge una rebeldía tan deprimente que sencillamente no podemos orar. cuando esto acontece, no debiéramos pensar muy mal de nosotros mismos. Debiéramos simplemente tratar de reanudar la oración tan pronto como sea posible, haciendo lo que sabemos que es lo mejor para nosotros.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 111

Algunas veces grito, pataleo y le doy la espalda a mi Poder Superior. Entonces mi
enfermedad me dice que soy un fracaso y que si me mantengo enojado, con toda seguridad me emborracharé. En esos momentos de terquedad es como si me hubiera resbalado al borde de un precipicio y hubiera quedado agarrándome con una mano. El párrafo arriba citado es mi red de seguridad porque me insta a probar un nuevo comportamiento, tal como ser bondadoso y paciente conmigo mismo. Esto me asegura que mi Poder Superior esperará hasta que nuevamente yo esté dispuesto a correr el riesgo de soltarme para caer en la red y orar.

Noviembre 20 (Tu Voluntad, no la mía)

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. . . cuando se hagan peticiones específicas, será bueno agregar a cada una de ellas esta reserva: “. . . si es Tu voluntad”.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 109

Yo simplemente pido durante el día que Dios me dé la mejor comprensión de su voluntad
que yo pueda tener para ese día, y que se me conceda la gracia para cumplirla. Según
transcurre el día, puedo hacer una pausa cuando me encuentro en situaciones que debo
enfrentar o con otras decisiones que debo tomar, y renovar la simple petición: “Hágase Tu voluntad, no la mía”.
Siempre debo tener en mente que en todas las situaciones yo soy responsable del esfuerzo y Dios es responsable del resultado. Puedo “desprenderme y dejárselo a Dios” repitiendo humildemente: “Hágase Tu voluntad, no la mía”. La paciencia y la perseverancia en buscar Su voluntad para conmigo, me librarán del dolor que dan las expectativas egoístas.

 

Noviembre 19 (Iba empeorándome rápidamente)

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Los A.A. somos gente activa, que gozamos de la satisfacción de enfrentarnos a la realidad de la existencia . . . no es sorprendente que a menudo tengamos la tendencia a menospreciar la meditación y la oración como algo realmente innecesario. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 103

Me estaba alejando del programa ya por algún tiempo, cuando la amenaza de una
enfermedad mortal me hizo volver a la práctica del Paso Once de nuestra Comunidad.
Aunque llevaba quince años y era muy activo en el programa , sabía que la calidad de mi
sobriedad había desmejorado mucho. Dieciocho meses después, un examen médico reveló un tumor maligno y una prognosis de muerte segura dentro de seis meses. La
desesperación se apoderó de mí cuando ingresé en un programa de rehabilitación, después del cual dos ataques de apoplejía revelaron dos tumores cerebrales grandes. Según iba tocando nuevos fondos, tenía que preguntarme por qué me estaba sucediendo esto. Dios me permitió reconocer mi deshonestidad y recibir enseñanza otra vez. Los milagros empezaron a suceder. Pero primordialmente volví a aprender el pleno significado del Paso Once. Mi salud ha mejorado dramáticamente y mis males son insignificantes en comparación con lo que casi perdí.