Diciembre 7 (Verdadera ambición)

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La verdadera ambición es el deseo profundo de vivir últimamente y caminar humildemente bajo la gracia de Dios. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 131

Durante mis años de bebedor, mi única preocupación era la de que todos mis prójimos tuvieran un alto concepto de mí. Mi ambición en todo lo que hacía era tener el poder de estar en la cima. Mi ser interior me decía otra cosa, pero yo no podía aceptarlo. Ni siquiera me permitía darme cuenta de que continuamente usaba una máscara. Finalmente, cuando la máscara se cayó y yo grité al único Dios que podía concebir, la Comunidad de A.A., mi grupo y los Doce Pasos de A.A. estaban allí. Aprendí a transformar los resentimientos en aceptación, el temor en esperanza y la ira en amor. Además, me he dado cuenta de que, amando sin indebidas esperanzas, compartiendo mi interés y mi preocupación por mis
compañeros, cada día puede ser alegre y fructífero. Yo empiezo y termino cada día gracias a Dios, quien tan generosamente ha vertido Su gracia en mí.

 

Diciembre 7 (Cuándo es el tiempo correcto)

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Podemos superar esas épocas. Podemos apoyarnos en nuestro programa y en las disciplinas de la recuperación. Podemos lidiar con estas épocas usando nuestra fe, recurriendo a otras personas y utilizando nuestros recursos.
Acepta la incertidumbre. No siempre tenemos que saber qué hacer o adónde ir a continuación. No siempre tenemos un rumbo claro.
El rehusarnos a aceptar la inacción y el limbo empeora las cosas.
Está bien estar sin rumbo temporalmente. Di “no sé” y siéntete a gusto con ello. No tenemos que tratar de forzar la sabiduría, el conocimiento o la claridad cuando no hay nada de eso.
Mientras esperamos un rumbo, no tenemos por qué poner nuestra vida en suspenso. Deja ir la ansiedad y disfruta la vida. Relájate. Haz algo divertido. Disfruta del amor y la belleza en tu vida. Termina pequeñas tareas. Puede ser que ellas no tengan nada que ver con la solución del problema, o con encontrar el rumbo, pero eso es lo que podemos hacer mientras tanto.
La claridad vendrá. El siguiente paso se presentará solo. La indecisión, la inactividad y la falta de dirección no durará para siempre.
Hoy aceptaré mis circunstancias aunque me falte dirección y una comprensión profunda de las cosas. Me acordaré de hacer cosas que me hagan sentir bien a mí y a los demás durante esas épocas. Confiaré en que la claridad vendrá espontáneamente.

Diciembre 6 (Cuando pierdo las esperanzas)

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Cuando progresamos todavía más, nos dimos cuenta de que la mejor fuente posible de estabilidad emocional es el mismo Dios. Vimos que la dependencia de Su perfecta justicia, perdón y amor era saludable, y funcionaria donde nada más podría hacerlo. Si realmente dependíamos de Dios, no podíamos hacer muy bien el papel de Dios ante nuestros semejantes ni sentiríamos el vivo deseo de depender completamente de la protección y del cuidado humanos.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 123

Mi experiencia ha sido que, cuando todos los recursos humanos parecen haber fallado,
siempre hay Uno que nunca me desampara. Aun más, El siempre está ahí para compartir mi alegría, para enseñarme el buen camino y para confiarme a El cuando no hay nadie más. Mientras que los esfuerzos humanos pueden aumentar o disminuir mi bienestar y felicidad, sólo Dios puede proveerme el amoroso alimento del cual depende mi salud espiritual diaria.

Diciembre 6 (Dejemos ir la vergüenza)

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Muchos de nosotros fuimos victimados, a veces más de una vez. Podemos haber sufrido abuso físico, abuso sexual o haber sido explotados por las adicciones de otro.
Entendemos que si otra persona ha abusado de nosotros, eso no es motivo para que sintamos vergüenza. El sentimiento de culpa por el acto de abuso le pertenece al perpetrador, no a la víctima.
Aunque en recuperación caigamos presas de la victimización, eso no es causa de vergüenza.
La meta de la recuperación es aprender a cuidar de uno mismo, aprender a liberarnos de la victimización y a no culparnos por las experiencias pasadas. La meta es equiparnos para que no sigamos siendo victimados debido a la vergüenza y a sentimientos no resueltos a causa de la victimización original.
Cada uno de nosotros tiene su propio trabajo que hacer, sus propios asuntos, sus tareas de recuperación. Una de esas tareas es dejar de señalar al perpetrador con el dedo, porque eso nos perturba. Aunque hacemos a cada persona responsable de su propia conducta y ésta deba dar cuenta de ella, aprendemos a tener compasión por el perpetrador. Comprendemos que han estado en juego muchas cosas en la vida de esa persona. Al mismo tiempo, nosotros no nos aferramos a la vergüenza. Aprendemos a entender el papel que nosotros jugamos en nuestra victimización, cómo caímos en ese papel y nos rescatamos a nosotros mismos. Pero ésa es una información con la que debemos equiparnos para que no necesite suceder esto otra vez.
Dejar ir la vergüenza de la víctima. Tenemos asuntos por resolver y tareas por hacer, pero uno de nuestros asuntos es no sentirnos culpables y equivocados porque hemos sido victimados.
Hoy me libraré de toda vergüenza de víctima que pueda haber estado albergando o a la que pudiera haber estado aferrándome.

Diciembre 5 (Un nuevo estado de conciencia)

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Se le ha concedido un don que consiste en un nuevo estado de la conciencia y del ser. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 113

Para muchos de nosotros en A.A. el despertar espiritual puede ser algo enigmático. Yo tenía la tendencia a esperar un milagro, algo dramático y espectacular. Pero lo que generalmente sucede es que una sensación de bienestar, un sentimiento de paz nos traslada a un nuevo nivel de conciencia. Eso es lo que me sucedió a mí. Mi locura y mi inquietud interior desaparecieron y entré en una nueva dimensión de esperanza, amor y paz. Creo que el grado en que sigo experimentando esta nueva dimensión está en proporción directa con la sinceridad, profundidad y devoción con las que practique los Doce Pasos de A.A.

Diciembre 5 (Gente difícil)

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Pocas cosas nos pueden volver tan locos como esperar algo de alguien que no tiene nada que dar. Pocas cosas nos pueden frustrar más que tratar de hacer de una persona algo que no es; nos volvemos locos cuando tratamos de pretender que esa persona es alguien que no es.
Podemos habernos pasado años negociando con la realidad en relación con gente en particular de nuestro pasado y de nuestro presente.
Podemos habernos pasado años tratando de que alguien nos ame de cierta manera, cuando esa persona no puede o no quiere hacerlo.
Es tiempo de dejarlo ir. Es tiempo de dejarla ir a ella o de dejarlo ir a él. Eso no significa que ya no podamos amar a esa persona.
Significa que sentimos el inmenso alivio que nos viene cuando dejamos de negar la realidad y empezamos a aceptarla. Ponemos a esa persona en libertad para ser lo que realmente es él o ella. Dejemos de tratar que esa persona sea lo que no es. Lidiamos con nuestros sentimientos y nos alejamos del sistema destructivo.
Aprendemos a amar y a interesarnos de manera diferente, de una manera que toma en cuenta la realidad.
Entramos en relación con esa persona bajo nuevos términos, tomándonos en cuenta a nosotros mismos y nuestras necesidades. Si una persona es adicta al alcohol, a otras drogas, a la desgracia o a otra gente, podemos dejar ir su adicción; le quitamos las manos de encima a la adicción. Le devolvemos su vida a esa persona. Y, en el proceso, a nosotros también se nos devuelve nuestra vida y nuestra libertad.
Dejamos de permitir que nos controle lo que no estamos obteniendo de esa persona. Asumimos la responsabilidad de nuestra vida. Seguimos adelante con el proceso de amarnos y de cuidarnos a nosotros mismos.
Nosotros decidimos cómo queremos interactuar con esa persona, tomando en cuenta la realidad y nuestros mejores intereses. Nos enojamos, nos sentimos heridos, pero aterrizamos en un lugar de perdón. Lo liberamos a él o a ella, y nosotros nos liberamos de la esclavitud.
Esa es la única médula de desapegarse con amor.
Hoy trabajaré para desapegarme con amor de personas conflictivas cercanas a mí. Lucharé por aceptar la realidad de mis relaciones. Me permitiré cuidarme en mis relaciones con la meta de lograr la libertad emocional, física, mental y espiritual para ambas partes.