Febrero 4 (Cuando falta la fe)

pag-gorrioncito

En ocasiones es más difícil aceptar el programa de A.A. para aquellos que han perdido o rechazado la fe que para quienes nunca la tuvieron, porque los primeros creen que ya intentaron la fe y no les sirvió de nada. Ya conocen el camino de la fe y el camino sin la fe. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 30

Tan convencido estaba de que Dios me había fallado que acabé tomando una actitud
desafiante, aunque sabía que no debía hacerlo, y me lancé a una última parranda. Mi fe se volvió amarga y eso no fue por una mera casualidad. Aquellos que una vez tuvieron gran fe, tocan fondo con más fuerza. Aunque me uní a A.A., tardaba tiempo en reavivar mi fe.
Intelectualmente estaba agradecido por haber sobrevivido una caída tan vertiginosa, pero me sentía todavía duro de corazón. No obstante, seguía ateniéndome al programa de A.A.: las alternativas me parecían demasiado lúgubres. Seguía asistiendo a las reuniones y, poco a poco, iba renaciendo mi fe.

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