Enero 25 (Unos a otros – lo que necesitamos)

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. . . A.A. le dice a todo verdadero bebedor: “Usted es miembro de A.A. si usted lo dice . . . nadie puede impedírselo”. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 147
Durante muchos años, cuando reflexionaba sobre la Tercera Tradición (“El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber”), me parecía ser de valor solamente para los principiantes. Les servía como garantía de que nadie les podría excluir de A.A. Hoy me siento profundamente agradecido por el desarrollo espiritual que esta Tradición me ha traído. No voy buscando a la gente claramente diferente a mí. La Tercera Tradición, que hace resaltar la única forma en que la otra gente y yo nos parecemos, me ha hecho posible conocer y ayudar a todo tipo de alcohólico, quienes igualmente me han ayudado a mí.
Carlota, una atea, me enseñó un más alto criterio del honor y de la ética; Carlos, que es de otra raza, me enseñó la paciencia; Patricio, un homosexual, me conducía por su ejemplo a la verdadera compasión; la joven María dice que el verme en las reuniones, con treinta años de sobriedad, le hace seguir volviendo. La Tercera Tradición aseguraba que se satisfaría lo que necesitábamos – los unos a los otros.

 

Enero 24 (La participación)

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Hay acción y más acción. “La fe sin obras es fe muerta” . . . Ser servicial es nuestro único propósito. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 82-83

Ya sé que el servicio es una parte vital de la recuperación, pero frecuentemente me
pregunto, “¿qué puedo hacer yo?” ¡Simplemente empezar con lo que tengo hoy! Miro a mi alrededor para ver dónde hay una necesidad. ¿Están llenos los ceniceros? ¿Tengo yo pies y manos para vaciarlos y limpiarlos? ¡De repente me veo participando! El mejor orador puede hacer el peor café; el miembro que es mejor con los recién llegados puede que no sepa leer; el que esté deseoso de hacer la limpieza puede que haga un desbarajuste con la cuenta del banco – sin embargo, cada una de estas personas y de estos oficios son esenciales para un grupo activo. El milagro del servicio es éste: Cuando yo uso lo que tengo, me encuentro provisto de más de lo que nunca hubiera podido sospechar.

Enero 23 (¿Ya te estás divirtiendo?)

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. . . no somos una partida de malhumorados. Si los recién llegados no pudieran ver la alegría que hay en nuestra vida, no la desearían. Tratamos de no caer en el escepticismo en lo que se refiere a la situación de las naciones y de no llevar sobre nuestros hombros las dificultades del mundo. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 122

Cuando mi casa está en orden, los distintos aspectos de mi vida me resultan más
manejables. Despojado del manto de culpa y remordimientos que encubría mis años de
bebedor, me veo en la libertad de desempeñar el papel que me corresponde en el universo; pero esta condición requiere mantenimiento. Debo parar a preguntarme, ¿Ya me estoy divirtiendo? Si me resulta difícil o penoso responder a esta pregunta, tal vez me tome demasiado en serio – y me resulte difícil admitir que me he desviado de la práctica de trabajar en el programa para mantener mi casa en orden. Me parece que los dolores que experimento son una forma en la que mi Poder Superior me llama la atención, urgiéndome a que evalúe mi actuación. El poco tiempo y esfuerzo que cuesta trabajar en el programa – por ejemplo, hacer un inventario o hacer reparaciones, lo que sea apropiado – te compensa con creces.

Enero 22 (“Mantengámoslo simple”)

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Algunas horas después me despedí del Dr. Bob . . . Su maravillosa y amplia sonrisa estaba en su rostro cuando me dijo en forma casi divertida, “Recuerda, Bill, no echemos esto a perder. ¡Mantengámoslo simple!” Yo salí sin poder pronunciar una palabra.

Esta fue la última vez que lo vi. A.A. LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD, p. 217

Después de años de sobriedad, de vez en cuando me pregunto a mí mismo: “¿Es posible
que sea tan sencillo?” Luego, en las reuniones, veo a los escépticos y a los desengañados
de años pasados que han logrado salir del infierno siguiendo el camino de A.A., dividiendo sus vidas, sin alcohol, en segmentos de 24 horas, durante las cuales practican unos cuantos principios lo mejor que pueden. Y de nuevo me doy cuenta de que, aunque no sea siempre fácil hacerlo, si lo mantengo sencillo, funciona.

Enero 21 (Servir a mi hermano)

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El miembro A.A. le habla al recién llegado no con un espíritu de poder sino con un espíritu de humildad y debilidad. A.A. LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD, p. 272

Según pasar los días en A.A., le pido a Dios que dirija mis pensamientos y mis palabras al hablar. En esta participación continua se me presentan muchas oportunidades de hablar.
Elevo mi pensamiento y pido: “Querido Dios, ayúdame a vigilar siempre mis pensamientos y mis palabras, que sean las verdades, lo correcto, de nuestro programa. Ayúdame Dios, a reconcentrarme en busca de Tu amorosa guía, de manera que lo que diga sea verdaderamente amoroso, bondadoso, útil y sanador, pero lleno de humildad y despejado de cualquier matiz de superioridad.
Tal vez hoy tenga que enfrentar palabras o actitudes desagradables características del alcohólico. Si esto ocurriera, haré una pausa para centrarme en Dios y entonces reaccionar desde un punto de vista de compostura, fortaleza y sensibilidad.

Enero 20 (“Hacemos una pausa. . .y pedimos”)

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A medida que transcurre el día, hacemos una pausa si estamos inquietos o en duda, ypedimos que se nos conceda la idea justa o la debida manera de actuar.
ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 82

Humildemente le pido hay a mi Poder Superior que me dé la gracia de encontrar el espacio entre mi impulso y mi acción; que deje correr una brisa refrescante cuando y o respondería acaloradamente; que interrumpa la fiereza con una paz apaciguadora; que posibilite que la crítica se convierta en criterio; que el silencio se anteponga cuando mi lengua se apuraría a atacar o a defender. Prometo velar por cualquier oportunidad de volverme hacia mi Poder Superior en busca de guía. Yo sé dónde está este poder: reside dentro de mí, tan claro como un arroyo de la
montaña; oculto entre las lomas – este es el insospechado Recurso Interior.
Doy gracias a mi Poder Superior por este mundo de luz y de verdad que veo cuando le dijo que dirija mi visión. Hoy confío en El y espero que El confíe en que yo voy a hacer todo esfuerzo para encontrar hoy el pensamiento propicio o la acción apropiada.

Enero 19 (Fe a toda hora)

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La fe que operar en y a través de nosotros las veinticuatro horas del día, o de lo contrario pereceremos. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 15
La esencia de mi espiritualidad, y de mi sobriedad, descansa en una fe que dura las veinticuatro horas de cada día, fe en un Poder Superior. Tengo que confiar en el Dios de mi entendimiento y tenerlo siempre presente según sigo adelante con mis actividades diarias.

¡Qué reconfortante es para mí la idea de que Dios obra en y por medio de la gente! Al hacer una pausa en mi rutina cotidiana, ¿traigo a la memoria ejemplos concretos y particulares de la presencia de Dios? ¿Me siento maravillado e inspirado por la multitud de veces en las que este poder se pone de manifiesto? Estoy rebosante de gratitud por la presencia de Dios en mi vida de recuperación. De no tener esta fuerza omnipotente en todas mis actividades, volvería a hundirme en el abismo de mi enfermedad – y la muerte.

Enero 18 (¿Te ayudaría un trago?)

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Al repasar nuestras historias personales de bebedores, pudimos ver que, muchos años antes de habernos dado cuenta de nuestra falta de control, ya estábamos descontrolados, aun entonces nuestra forma de beber no era una mera costumbre, sino, en realidad, el comienzo de una progresión fatal.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 25

Cuando yo todavía estaba bebiendo, no podía responder a cualquier situación de la vida
como lo podía otra gente más sana. El más pequeño de los incidentes me producía un
estado de ánimo tal que creía necesario tomarme un trago para adormecer mis
sentimientos. Pero el adormecimiento no mejoraba la situación, así es que tenía que buscar nuevo escape en la botella. Hoy tengo que estar consciente de mi alcoholismo. No puedo darme el lujo de creer que yo he adquirido control sobre mi forma de beber – pensar otra vez que he reconquistado el control de mi vida. Tal sentimiento de control es fatal para mi recuperación.

Enero 17 (La felicidad llega quedamente)

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El problema que teníamos los alcohólicos era éste: Exigíamos que el mundo nos diera felicidad y tranquilidad de espíritu exactamente en la forma en que nos conviniera obtenerlas – por medio del alcohol. Y no tuvimos éxito. Pero cuando dedicamos algún tiempo a enterarnos de algunas de las leyes espirituales y a familiarizarnos con ellas, y a ponerlas en práctica, entonces obtenemos felicidad y tranquilidad de espíritu . . . Parece que hay algunas reglas que tenemos que cumplir, pero la felicidad y la tranquilidad de espíritu siempre están allí, a la libre disposición de cualquiera. EL DR. BOB Y LOS BUENOS VETERANOS, p. 323

La simplicidad del programa de A.A. me enseña que la felicidad no es algo que yo pueda
exigir. Me llega muy quedamente mientras sirvo a otros. Al ofrecer mi mano al recién llegado o a alguien que ha recaído, veo que mi propia sobriedad ha sido reforzada con una indescriptible gratitud y felicidad.

Enero 16 (Tocar fondo)

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¿Por qué esta insistencia de que es necesario para cualquier A.A. haber tocado primero el fondo? La respuesta es que muy pocas personas tratarán sinceramente de practicar el programa de A.A. si no han llegado a ese fondo personal. Porque la práctica de los once pasos subsiguientes implica la adopción de acciones y actitudes que casi ningún alcohólico que aún esté bebiendo puede soñar siquiera en aceptar. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 25-26

Al tocar fondo se me abrió la mente y estuve dispuesto a probar algo diferente. Lo que
probé fue A.A. Mi nueva vida en la Comunidad era como aprender a montar en bicicleta: A.A. se convirtió en mis ruedas de entrenamiento y mi mano de apoyo. No era que estaba
buscando ayuda, sino simplemente que no quería volver a sufrir tanto. Mi deseo de evitar volver a tocar fondo era más fuerte que mi deseo de beber. Al principio eso era lo que me mantenía sobrio. Pero con el tiempo me encontraba trabajando en los Pasos lo mejor que podía. Pronto me di cuenta de que mis actitudes y acciones estaban cambiando – aunque fuera ligeramente. Un Día a la Vez, llegué a sentirme cómodo conmigo mismo y con otros, y las heridas empezaban a sanar.