Febrero 8 (Deja ir los sentimientos de culpa)

ji.jpgTAT (1989 –      )

Sentirnos bien con nosotros mismos es una elección que hacemos. Lo mismo ocurre con el hecho de sentirnos culpables. Cuando el sentimiento de culpa es legítimo, actúa como una señal de advertencia, indicando que nos hemos salido del camino. Y ahí termina su propósito. Revolcarnos en la culpa les permite a los demás controlarnos.

Provoca que no nos sintamos tan buenos. Nos impide fijar límites y tomar algún otro curso de acción sano para cuidar de nosotros mismos. Podemos haber aprendido a sentirnos culpables habitualmente, cono una reacción instintiva a la vida. Ahora sabemos que no necesitamos sentirnos culpables. Aunque hayamos hecho algo que viole un valor establecido, el sentimiento prolongado de culpa no soluciona el problema sino que lo prolonga. Así que, mejor repara el daño. Cambia una conducta y, luego, deja ir los sentimientos de culpa.

Hoy Dios mío, ayúdame a disponerme por completo a dejar ir los sentimientos de culpa. Por favor apártalos de mí y reemplázalos con amor a mí mismo.

Febrero 7 (Seamos dueños de nuestro poder)

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¡Felicidades MJ! Tú y yo TAT

 

Necesitamos hacer una distinción entre la impotencia y la posesión de nuestro poder. El primer paso en la recuperación es aceptar nuestra impotencia. Hay algunas cosas que no podemos hacer, no importa cuán duro o prolongadamente tratemos. Estas cosas incluyen hacer cambiar a otras personas, solucionarles sus problemas y controlar su conducta. A veces nos sentimos impotentes ante nosotros mismos, acerca de lo que sentimos o creemos, o a causa de los efectos que nos produce una persona o situación en particular.

Es importante someternos a la impotencia, pero lo es igualmente adueñarnos de nuestro poder. No estamos atrapados ni desamparados. A veces podremos sentir que lo estamos, pero no es así. Todos tenemos el poder y el derecho que Dios nos ha dado de cuidar de nosotros mismos bajo cualquier circunstancia y con cualquier persona. El justo medio del cuidado de sí mismo está entre los dos extremos que son controlar a los demás y permitirles a ellos que nos controlen. Podemos caminar por ese justo medio de manera suave y asertiva, con la confianza de que es nuestro derecho y responsabilidad. Que me venga el poder para caminar por ese sendero.

Hoy recordaré que tengo que cuidar de mí mismo. Tengo alternativas y puedo ejercitar las opciones que elija sin sentimientos de culpa.

Febrero 8 (Como convencer al “Sr. Hyde”)

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Aun entonces, según vamos talando y talando, la paz y la alegría todavía nos eludirán. Este es el punto al que hemos llegado muchos de nosotros veteranos de A.A. Y es un punto literalmente infernal. Cómo conseguir que nuestro inconsciente – de donde surgen todavía muchos de nuestros temores, obsesiones y aspiraciones falsas – esté conforme con lo que realmente creemos, sabemos y queremos. Cómo convencer al “Sr. Hyde”, ese monstruo mudo, feroz y oculto, es nuestra tarea principal. LO MEJOR DE BILL, p. 42-43

La asistencia asidua a las reuniones, el servir y ayudar a otros es la receta que muchos han probado y que les ha resultado eficaz. Cuando me desvío de estos principios, brotan de nuevo mis costumbres del pasado y reaparece mi viejo ser con todos sus temores y
defectos. La meta final de todos los miembros de A.A. es la sobriedad permanente, lograda un día a la vez.

Febrero 7 (Un sendero hacia la Fe)

La verdadera humildad y una mente receptiva nos puede conducir a la fe. Cada una de las reuniones de A.A. es una seguridad adicional de que Dios nos devolverá el sano juicio si logramos relacionarnos adecuadamente con El. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 35

Como resultado de mi última borrachera acabé en el hospital totalmente destrozado. Fue
entonces cuando pude ver mi pasado flotar ante mis ojos. Me di cuenta de que, a causa de la bebida, había vivido toda pesadilla que me pudiera haber imaginado. Mi propia
obstinación y obsesión de beber me habían llevado a un abismo negro de alucinaciones,
lagunas mentales y desesperación. Finalmente derrotado, pedí a Dios que me ayudara. Su presencia me convenció para que creyera. Se me quitó la obsesión de la bebida y, desde entonces, he sido librado de mi paranoia. Ya no tengo miedo. Ya sé que mi vida es sana y cuerda.