Marzo 15 (La idea de Dios)

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Cuando vimos a otros resolver sus problemas mediante una confianza sencilla en el espíritu del Universo, tuvimos que dejar de dudar en el poder de Dios. Nuestras ideas no servían; pero la idea de Dios sí. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 49

Como un hombre ciego que poco a poco va recuperando la vista, lentamente, a tientas,
llegué al Tercer Paso. Me había dado cuenta de que sólo un Poder superior a mí mismo
podía rescatarme del abismo de desesperanza en el que estaba, y supe que éste era un
Poder al que yo tenía que agarrarme y que sería mi ancla en medio de un mar de
calamidades. Aunque en esa época mi fe era minúscula, era suficientemente grande como para hacerme ver que ya era hora de descartar mi confianza en mi arrogante ego y
reemplazarlo con la estabilizante fortaleza que sólo podría venir de un Poder muy superior a mí mismo.

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