Abril 15 (La esclavitud de los resentimientos)

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. . . este asunto de los resentimientos es infinitamente grave. Porque cuando estamos abrigando estos sentimientos nos cerramos a la luz del espíritu.
COMO LO VE BILL, p. 5

Ya se ha dicho, “La ira es un lujo que no me puedo permitir”. ¿Sugiere esto que yo ignore esta emoción humana” No lo creo. Antes de enterarme del programa de A.A. yo era un esclavo de los moldes de comportamiento del alcoholismo. Estaba encadenado a la negatividad, sin esperanza de poder desencadenarme.

Los Pasos me ofrecieron una alternativa. El Paso Cuatro fue el principio del fin de mi cautiverio. El proceso de “desprenderme” empezó con un inventario. No tenía que estar atemorizado, porque los Pasos previos me aseguraron que no estaba solo. Mi Poder Superior me guió a esta puerta y me dio el regalo de poder escoger. Hoy puedo escoger abrir la puerta hacia la libertad y regocijarme a la luz de los Pasos, según limpian el espíritu dentro de mí.

Abril 14 (El ofensor número uno)

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El resentimiento es el ofensor número uno. Destruye más alcohólicos que cualquier otra cosa. De éste se derivan todas las formas de enfermedad espiritual, ya que nosotros hemos estado no solamente física y mentalmente enfermos, sino también espiritualmente. ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 60

Cuando yo me veo practicando el Cuarto Paso, es fácil pasar por alto el daño que yo he
causado, porque fácilmente puedo verlo como una cuestión de “desquitarme” por algún
daño que me hicieron. Si vuelvo a vivir mis viejas heridas, esto es un resentimiento y los
resentimientos ocultan de mi alma la luz del sol. Si continúo reviviendo los dolores y los
odios, me heriré y odiaré a mí mismo. Después de años en la obscuridad de los resentimientos, he encontrado la luz del sol. Tengo que despojarme de mis resentimientos; no puedo permitirme el lujo de conservarlos.

Abril 13 (El falso consuelo de la autoconmiseración)

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La autoconmiseración es uno de los defectos más infelices y que más nos carcomen que conozcamos. Es un obstáculo para todo progreso espiritual y puede cortar toda efectiva comunicación con nuestros compañeros, debido a su reclamación exagerada de atención y simpatía. Es una forma sensiblera del martirio que difícilmente nos podemos permitir. COMO LO VE BILL, p. 238

El falso consuelo de la autoconmiseración me saca de la realidad sólo momentáneamente y después exige, como una droga, que yo tome dosis cada vez mayores. Si yo sucumbo a esto, me puede llevar a una recaída en la bebida. ¿Qué puedo hacer? Un antídoto eficaz es poner mi atención, aunque sea muy ligeramente al principio, en otros que son verdaderamente menos afortunados que yo y preferiblemente en otros alcohólicos. Mi propio sufrimiento exagerado disminuirá en el mismo grado en que demuestre activamente mi simpatía con ellos.