Julio 10 (Hacia la paz y serenidad)

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Cuando les hemos dado una mirada cabal a esos defectos, los hemos discutido con otra persona, y hemos llegado a estar dispuestos para que sean eliminados, nuestro parecer acerca de la humildad empieza a tener un significado más amplio. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 79

Cuando se presentan situaciones que destruyen mi serenidad, frecuentemente el dolor me motiva a pedirle a Dios claridad para ver mi papel en la situación. Admitiendo mi impotencia, humildemente le pido aceptación. Me esfuerzo por ver cómo mis defectos de carácter han contribuido a la situación. ¿Podría haber sido más paciente? ¿Era intolerante? ¿Insistí en salirme con la mía? ¿Tenía miedo? Según se van revelando mis defectos, pongo a un lado mi independencia y humildemente le pido a Dios que me libre de mis defectos de carácter.
Puede que la situación no cambiar, pero cuando practico la humildad, disfruto de paz y
serenidad que son los beneficios naturales de poner mi confianza en un poder superior a mí mismo.

Julio 9 (Soy un instrumento)

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Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 75

El tema de la humildad es difícil. Humildad no es pensar en mí mismo menos de lo que
debo; humildad es reconocer que yo hago bien ciertas cosas, es aceptar cortésmente un
elogio.
Dios puede hacer por mí sólo lo que puede hacer por medio de mí. La humildad es el
resultado de saber que Dios es el que lo hace, no yo. A la luz de este conocimiento ¿cómo
puedo sentirme orgulloso por mis logros? Yo soy un instrumento y cualquier trabajo que
parezca estar haciendo es hecho por Dios a través de mí. diariamente le pido a Dios que me libre de mis defectos, para que pueda con más libertad ocuparme de mis asuntos de A.A. de “amor y servicio”.

Julio 8 (Una libertad siempre creciente)

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En el Paso Siete es donde hacemos el cambio en nuestra actitud que nos permite, con la humildad como nuestra guía, salir de nosotros mismos hacia los demás y hacia Dios. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 81

Cuando finalmente le pedí a Dios que me liberase de esas cosas que me estaban apartando de El y de la luz solar del espíritu, me embarqué en el viaje más glorioso que me hubiera podido imaginar. Experimenté una liberación de aquellas características que me tenían envuelto en mí mismo. Debido a este Paso de humildad, hoy me siento limpio.
Estoy especialmente consciente de este Paso porque ahora puedo ser útil a Dios y a mis
compañeros. Sé que El me ha concedido la fortaleza para hacer Su voluntad y me ha
preparado para cualquier persona o cosa que se me presente hoy en mi camino.
Verdaderamente estoy en Sus manos, y doy gracias por la alegría de poder ser útil hoy.

Julio 7 (. . . Y desprenderse de el)

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. . . primordialmente el miedo de perder algo que ya poseíamos o fallar en conseguir algo que exigíamos. al vivir sobre una base de exigencias insatisfechas, nos manteníamos en un estado de continua perturbación y frustración. Por consiguiente, no tendríamos paz a menos que pudiésemos encontrar los medios de reducir esas exigencias. La diferencia entre una exigencia y una sencilla petición resulta obvia para cualquiera. DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 81

Para mí, la paz es posible solamente cuando renuncio a mis expectaciones. Cuando estoy
atrapado en pensamientos respecto a lo que yo quiero y lo que debo recibir, estoy en un
estado de temor o de anticipación inquieta y esto no conduce a la sobriedad emocional. Yo debo rendirme – una y otra vez – a la realidad de mi dependencia de Dios, porque entonces encuentro la paz, la gratitud y la seguridad espiritual.