Julio 26 (Adueñémonos de nuestro poder)

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Como era una niña que vivía en un hogar afectado por el alcoholismo, no se me alentaba a compartir mis opiniones. Cuando lo hacía, tenía la impresión de que nadie me escuchaba. Alguien siempre terminaba yéndose dolido o enojado.

Cuando me ascendieron a supervisora en mi trabajo sentí por fin que estaba en una situación de completa autoridad. Cuando había que tomar decisiones o concretar acciones, nunca discutía las opciones con la gente que trabajaba para mí. Ellos, en represalia, hacían mal su trabajo y esto daba una imagen negativa de mí. Estaba confundida porque no sabía que estaba haciendo de manera equivocada.

Como madrastra, también me sentía que estaba al mando. Escuchaba con la mente, no con mi corazón. Los adolescentes en nuestro hogar respondían con ira y a veces se fugaban. Al final me sentí humillada por todo el mundo y nuestro hogar se había convertido en un hervidero de opiniones encontradas.

Cuando me enteré de las Garantías Generales en el Duodécimo Concepto, sentí esperanzas. Para mí, una garantía es precisamente eso. Si mis relaciones no funcionan, puedo volver a las Garantías Generales para equilibrar mis actitudes. Mediante las mismas he aprendido a no usar mi autoridad para promover mis opiniones o para castigar a alguien que no esté de acuerdo conmigo. También he aprendido a evitar las discusiones escuchando y estimulando a los demás a compartir sus puntos de vista la hora de tomar una decisión. A veces, podemos incluso llegar a decisiones unánimes.

Gracias a las Garantías Generales del Duodécimo Concepto, mi relación con los demás es más fácil y menos tensa. Por fin experimento la paz que ansiaba en mi niñez ¡Una vez más los instrumentos de Al-Anon han demostrado su utilidad en todas mis acciones!

Pensamiento del día

Nuestros Conceptos de Servicio y las Garantías Generales son instrumentos que me ayudan en mi recuperación personal. “Muchos miembros de Al-Anon también han encontrado que los Conceptos pueden aplicarse en casa y en situaciones laborales.”

                                                             Senderos de recuperación, Pág. 246

Agosto 9 (Pidamos lo que necesitamos)

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Decide lo que quieres y necesitas, luego acude a la persona que te lo puede dar y pídeselo.
A veces se necesita trabajar duro y con mucha energía para obtener lo que queremos y necesitamos. Tenemos que pasar por el dolor de identificar lo que queremos, y luego luchar por creer que lo merecemos. Luego, quizá tengamos que experimentar la decepción de pedírselo a alguien y que esa persona nos lo niegue, y después imaginar lo que vamos a hacer a continuación.
A veces, obtener lo que queremos y necesitamos no es tan difícil; lo único que tenemos que hacer es pedirlo.
Podemos acudir a otra persona, o a nuestro Poder Superior, y pedirle lo que necesitamos.
Pero por lo difícil que puede ser a veces obtener lo que queremos y necesitamos, podemos quedar atrapados en el ánimo de creer que siempre será igual de difícil. A veces, por no querer tener una disputa, por tener pavor a luchar, o por miedo, con
vertirnos lo que queremos o necesitamos en algo mucho más difícil de lo que realmente
es.
Podemos enojarnos antes de pedirlo, decidiendo que nunca obtendremos lo que queremos, o anticipando la “pelea” que tendremos que soportar. Para cuando hablamos con alguien acerca de lo que queremos, podemos estar ya tan enojados que estemos exigiendo, no pidiendo; así, nuestra ira nos lanza a un juego de poder que no existía excepto en nuestra mente.
O podemos hartarnos tanto que no pedimos, o desperdiciamos mucha más energía de la necesaria luchando contra nosotros mismos, sólo para descubrir luego que la otra persona, o nuestro Poder Superior, está feliz de darnos lo que queremos.
A veces tenemos que luchar y trabajar, y esperar por lo que queremos y necesitamos. A veces podemos obtenerlo simplemente pidiéndolo o comunicando qué es lo que queremos. Pide. Si la respuesta es no, o no es la que queremos, entonces podremos decidir qué hacer a continuación.
“Hoy no provocaré una situación difícil que no existe con otras personas, o con mi Poder Superior, acerca de obtener lo que quiero y necesito. Si hay algo que necesite de alguien, se lo pediré primero, antes de empezar a batallar.”

Agosto 8 (Aprende a decir sí)

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Ayer hablamos acerca de aprender a decir no. Hoy hablemos de otra palabra importante: sí.
Podemos aprender a decir sí a las cosas que nos hacen sentir bien, a lo que queremos, para nosotros mismos y para los demás.
Podemos aprender a decir sí a la diversión. Si a las reuniones, a llamar a un amigo, a pedir ayuda.
Podemos aprender a decir sí a las relaciones sanas, a la gente y a las actividades que nos convienen.
Podemos aprender a decir sí a nosotros mismos, a lo que queremos y necesitamos, a nuestros instintos y a la guía de nuestro Poder Superior.
Podemos aprender a decir sí cuando sentimos que es correcto ayudar a alguien. Podemos aprender a decir sí a nuestros sentimientos.
Podemos aprender a identificar cuándo necesitamos dar un paseo, tomar una siesta, que nos froten la espalda o comprarnos flores.
Podemos aprender a decir sí al trabajo que nos gusta. Podemos aprender a decir sí a todo lo que nos nutre y alimenta. Podemos aprender a decir sí a lo mejor que pueden ofrecernos la vida y el amor.
“Hoy diré sí a todo lo que me hace sentir bien y sienta que es conveniente.”

Agosto 7 (Aprende a decir no)

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Para muchos de nosotros, la palabra más difícil de decir es una de las más cortas y fáciles del vocabulario: No. Anda, dilo en voz alta: No. No, fácil de pronunciar, difícil de decir. Nos da miedo caerle mal a la gente, o nos sentimos culpables. Podemos creer que un “buen” empelado, hijo, padre, cónyuge o cristiano nunca dice no.
El problema es que si no aprendemos a decir no, dejamos de caernos bien a nosotros mismos y a la gente a la que siempre tratamos de complacer. Quizá incluso lleguemos a castigar a los demás a causa del resentimiento.
¿Cuándo decimos no? Cuando realmente queremos decir no.
Cuando aprendemos a decir no, dejamos de mentir. La gente puede confiar en nosotros, y nosotros podemos confiar en nosotros mismos. Pasan todo tipo de cosas buenas cuando empezamos a decir lo que queremos.
Si nos asusta decir no, podemos darnos algo de tiempo. Podemos tomarnos un descanso, ensayar la palabra y volver para decir no. No tenemos que brindar largas explicaciones por nuestras decisiones.
Cuando podemos decir no, también podemos decir sí a lo bueno.
Nuestros noes y nuestros síes empiezan a ser tomados en serio. Ganamos control sobre nosotros mismos. Y es entonces cuando aprendemos un secreto: que en realidad no es tan difícil decir: ” no”.
“Hoy diré no si eso es lo que quiero.”

Agosto 6 (Soluciona los problemas)

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¡Los problemas son para resolverlos!
Algunos de nosotros nos pasamos más tiempo reaccionando al hecho de que tenemos un roblema que tratando de solucionarlo. “¿Por qué me está pasando esto a mí?”… . “¿No es horrible la vida?”… . “¿Por qué tenía que ocurrir esto?”… . “Ay, caray. Esto es terrible”….”¿Por qué Dios (el universo, una agencia, una persona o la vida) la toma conmigo?”
Los problemas son inevitables. Algunos problemas se pueden anticipar. Otros son sorpresas. Pero la idea de que los problemas se dan en forma regular no necesita ser nunca una sorpresa.
Las buenas noticias son que para cada problema hay una solución. A veces, la solución es inmediata o nos lleva cierto tiempo descubrirla. Otras, la solución implica dejarlo ir.
A veces, el problema debemos resolverlo nosotros; otras no. A veces, hay algo que podemos hacer claramente para solucionar el problema; otras, necesitamos batallar, patalear, hacer nuestra parte y luego confiar en la ayuda de nuestro Poder Superior.
A veces, el problema simplemente es parte de la vida; otras, es importante porque estamos aprendiendo algo a través de él y de su solución. A veces, los problemas acaban resultando ser algo bueno en nuestra vida. Nos hacen volvernos en una dirección que es mejor a la que de otra manera hubiéramos tomado.
A veces, los problemas simplemente son; otras, son una señal de advertencia de que estamos en el camino equivocado.
Podemos aprender a aceptar los problemas como parte inevitable de la vida. Podemos aprender a resolver problemas. Podemos aprender a identificar cuáles están tratando de conducirnos en una nueva dirección y cuáles simplemente piden una solución.
Podemos aprender a concentrarnos en la solución más que en el problema y mantener una actitud positiva hacia la vida y hacia el inevitable flujo de problemas y soluciones.
“Hoy aprenderé a confiar en las soluciones, en vez de sentirme victimado por los problemas. No usaré los problemas para probar que estoy desamparado, acosado o martirizado. No señalaré mis problemas para probar lo horrible que es la vida. Aprenderé a confiar en el flujo de problemas y soluciones. Dios mío, ayúdame a resolver los problemas que puedo resolver hoy. Ayúdeme a dejar ir el resto.
Ayúdame a crecer en mi capacidad para afrontar los problemas y resolverlos. Ayúdame a confiar en la corriente. Para cada problema, hay una solución.”

Agosto 5 (Actitudes hacia el dinero)

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A veces, nuestra vida y nuestra historia puede estar tan llena de dolor que pensamos que es totalmente injusto que ahora tengamos que crecer y ser económicamente responsables de nosotros mismos.
El sentimiento es comprensible; la actitud no es sana.
Mucha gente en recuperación puede creer que ciertas personas en particular, y la vida en general, les deben brindar sustento después de lo que han pasado.
Para sentirnos bien con nosotros mismos, para encontrar la paz emocional y la libertad que estamos buscando en la recuperación, necesitamos limites sanos acerca del dinero, de lo que damos a los demás y de lo que nos permitimos recibir de los demás.
¿Sentimos que los demás nos deben dinero porque no podemos cuidar de nosotros mimos? ¿Creemos que los demás nos deben porque nosotros no tenemos tanto dinero como ellos? ¿Creemos consciente o inconscientemente que ellos nos “deben” dinero por
el dolor emocional que sufrimos a consecuencia de nuestra relación con ellos o con otra persona?
Los daños y perjuicios los determina el juez, no el proceso de recuperación.
Los limites enfermizos acerca de lo que nos permitimos recibir de los demás no nos conducirán a relaciones sanas con los demás ni con nosotros mismos.
Prueba viendo en tu interior. La clave es nuestra actitud. La cuestión son los límites acerca de recibir dinero.
Vuélvete dispuesto a enfrentar el reto de asumir la responsabilidad de ti mismo.
“Hoy lucharé por tener límites claros, sanos, acerca de recibir dinero de los demás. Como parte de mi recuperación, analizaré concienzudamente mi historia financiera y examinaré si he tomado dinero ajeno de modo que no refleje unos límites sanos. Si  descubro algunos incidentes que no reflejen una actitud sana y autoresponsabilidad, estaré dispuesto a reparar los daños y a desarrollar un plan razonable para hacerlo.”

Agosto 4 (Vulnerabilidad)

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He aprendido que cuanto más vulnerable me permito ser, en realidad tengo más control de mí mismo.
Anónimo
Muchos de nosotros sentimos que sólo podemos mostrar nuestro lado fuerte, confiado. Creemos que la cara que tenemos que mostrarle al mundo debe ser siempre de educación, perfección, calma, fortaleza, control.
Aunque ciertamente es bueno y a menudo apropiado estar bajo control, calmados y fuertes, todos tenemos otro lado, esa parte de nosotros que se siente necesitada, que se asusta, que tiene dudas y que se enoja. Esa parte nuestra que necesita cuidados, amor y que la tranquilicen de que las cosas van a salir bien. Expresar estas necesidades nos hace vulnerables y menos que perfectos, pero este lado nuestro también necesita de nuestra aceptación.
Permitirnos a nosotros mismos ser vulnerables nos ayudará a formar relaciones duraderas. Compartir nuestra vulnerabilidad nos ayuda a sentirnos cerca de la gente y ayuda a los demás a sentir cercanía con nosotros. Nos ayuda a crecer en amor propio y en autoaceptación.
Nos ayuda a convertirnos en agentes curativos. Nos permite curarnos y ser accesibles a los demás.
“Hoy me permitiré ser vulnerable con los demás cuando sea seguro y apropiado hacerlo.”

Agosto 3 (Adueñémonos de nuestro poder en las relaciones)

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Mucho de lo que yo llamo mi codependencia es miedo y pánico, porque pasé gran parte de mi vida sintiéndome abusada, atrapada y no sabiendo cómo cuidar de mí misma en mis relaciones.
Anónimo.
No importa por cuánto tiempo nos hayamos estado recuperado, podemos seguir tendiendo a darle nuestro poder a los demás, sean figuras de autoridad, un nuevo amor o una criatura.
Cuando hacemos esto, experimentamos la serie de emociones y de pensamientos que llamamos “la locura codependiente”. Podemos sentirnos enojados, culpables, temerosos, confundidos y obsesionados. Podemos sentirnos dependientes y necesitados o volvernos demasiado controladores y rígidos. Podemos volver a conductas familiares en épocas de estrés. Y para los que tenemos asuntos de codependencia y de hijos adultos de alcohólicos por resolver, las relaciones pueden significar estrés.
No tenemos que quedarnos atascados en nuestra codependencia. No tenemos que avergonzarnos o culparnos a nosotros mismos, o a la otra persona, por nuestro estado. Simplemente necesitamos acordarnos de adueñarnos de nuestro poder.
Practica. Practica. Practica a usar tu poder para cuidar de ti mismo, no importa con qué estés lidiando, en dónde estés o qué estés haciendo. Esto es lo que significa la recuperación. Esto no significa que tratemos de controlar a los demás; no significa que nos volvamos cáusticos o abusivos. Significa que nos adueñamos de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. El solo pensar en hacer esto puede generar miedo ¡Eso es normal! Cuida de ti mismo, de todas maneras. Las respuestas, y el poder para hacerlo, están dentro de ti ahora.
Empieza hoy. Empieza desde donde estás. Empieza cuidando lo que tú eres, en el momento presente, al máximo de tu capacidad.
“Hoy me concentraré en adueñarme de mi poder para cuidar de mí mismo.
No dejaré que los miedos, ni un falso sentido de la vergüenza y la culpa, me impidan cuidarme a mí mismo.”

Agosto 2 (Estar en medio)

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A veces, para ir desde donde estamos hasta donde estamos yendo, tenemos que estar dispuestos a estar a la mitad.
Una de las partes más duras de la recuperación es el concepto de dejar ir lo que es viejo y familiar, pero que no queremos, y estar dispuestos a quedarnos con las manos vacías mientras esperamos a que Dios las llene.
Esto se puede aplicar a los sentimientos. Podemos haber estado llenos de ira y de dolor. En cierta forma, estos sentimientos se han vuelto confortablemente familiares. Cuando por fin encaramos nuestra pena y nos despojamos de ella, podemos sentirnos vacíos un tiempo.
Estamos en medio del dolor y de la alegría de la serenidad y de la aceptación.
Estar en medio se puede aplicar a las relaciones. Para prepararnos para las nuevas, primero necesitamos dejar ir las viejas. Esto puede ser atemorizante. Podemos sentirnos vacíos y perdidos durante un tiempo. Podemos sentirnos completamente solos, preguntándonos en qué estamos mal por haber dejado ir el proverbial pájaro en mano, cuando aún no hay nada en el arbusto. Estar en medio se puede aplicar a muchas áreas de la vida y de la recuperación. Podemos estar entre dos empleos, carreras, hogares o metas. Podemos estar entre dos conductas mientras dejamos ir las viejas y aun no estamos seguros con qué las remplazaremos. Eso se pude aplicar a conductas que nos han protegido y nos han servido bien toda nuestra vida, tales como cuidar excesivamente a los demás o ser controladores.
Podemos experimentar muchos sentimientos cuando estamos en medio: brotes de pena por lo que hemos perdido o hemos dejado ir, y sentimientos de ansiedad, miedo y aprensión acerca de lo que viene.
Estos son sentimientos normales cuando se está en medio. Acéptalos. Siéntelos. Libéralos.
Estar en medio no es divertido, pero es necesario.
No durará para siempre. Podemos sentirnos como si estuviéramos parados, quietos, pero no es así. Estamos parados en un lugar que ésta en medio. Así es como llegamos desde aquí hasta allá. Este estado no es el destino final.
Estamos yendo hacia delante, aunque ahora estemos en medio.
“Hoy aceptaré el sitio en donde estoy como el lugar ideal para mí. Si estoy en medio luchare por tener la fe en que este lugar no carece de un propósito y de que me está llevando hacia algo bueno.”

Agosto 1 (Gratitud)

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Aprendemos la mágica lección de que aprovechar lo que tenemos lo convierte en más grande.
Más allá de la codependencia
No digas gracias hasta que lo sientas.
Dale gracias a Dios, a la vida y al universo por todas las personas y las cosas que te han sido enviadas.
La gratitud nos abre a la plenitud de la vida. Convierte lo que tenemos en suficiente, y más. Convierte la negación en aceptación, el caos en orden, la confusión en claridad. Puede convertir una comida en un festín, una casa en un hogar, un extraño en un amigo.
Convertir los problemas en regalos, los fracasos en éxitos, lo inesperado en el momento preciso y los errores en sucesos importantes. Puede convertir una existencia en una vida verdadera, y situaciones sin conexión entre sí en importantes y benéficas lecciones. La gratitud le da sentido a nuestro pasado, nos trae paz para hoy y crea una visión del mañana.
La gratitud corrige las cosas.
La gratitud convierte la energía negativa en energía positiva. No hay situación o circunstancia tan pequeña o tan grande que no sea susceptible al poder de la gratitud. Podemos empezar por quiénes somos y por lo que tenemos hoy, aplicar gratitud y, luego, dejar que obre su magia.
No digas gracias hasta que lo sientas. Si lo dices durante el tiempo suficiente, llegarás a creerlo.
“Hoy haré brillar la luz transformadora de la gratitud en todas las circunstancias de mi vida.”