¿Qué es la ansiedad?

Según la RAE, la palabra ansiedad viene del latín anxiĕtas, -ātis, es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. En términos médicos es la angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.

La ansiedad puede ser mal interpretada, se puede pensar que es lo mismo que el miedo, pero no es lo mismo. Cuando se siente miedo, se sabe el agente que lo detona, en cambio en el caso de la ansiedad, no siempre se conoce cuál es el factor que la dispara. Ésta es una emoción normal, y puede llegar a salvar vidas, ya que es esa vigilancia o alertividad la que cualquier ser necesita para asegurar su supervivencia. Por ejemplo, es necesario que un ser humano sienta miedo y active sus sentidos de hipervigilancia, descargue adrenalina para correr, sude para escaparse de un predador cuando se avecina un peligro real. La maravillosa máquina llamada cuerpo, está diseñada para sentir ansiedad y anticiparse así a algún desenlace en el que se vea comprometida su integridad física.

Cuando se educa a un niño, es común “insertar” en ellos ansiedad para prevenir un evento peligroso, por ejemplo: cuando se le dice al pequeño: ¡no se tocan los cuchillos porque te puedes cortar un dedo! o ¡bájate de ahí que te vas a romper la cabeza!, en el caso de la educación del menor es aceptado y necesario para que sobreviva sin incidentes que pongan en riesgo su salud.

Entonces ¿cuándo se convierte la ansiedad en un problema?, cuando se reacciona con ansiedad a un elemento que no es una “amenaza”, cuando la ansiedad pasa de ser un episodio aislado, a convertirse en episodios repetitivos, de gran  intensidad y duración prolongada, el cuerpo debería volver a la “normalidad” en cinco minutos, pero las personas que sufren éste trastorno lo padecen horas e incluso días. Es un problema cuando interfiere en diferentes áreas de la vida de la persona que la padece, causando desajustes en su vida, por ejemplo en su alimentación y descanso.

Julio 1

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La última oración de la Segunda Tradición dice así: “Nuestros dirigentes son tan sólo fieles servidores y no gobiernan.” Esto me hace pensar enseguida en uno de los obstáculos en el camino del éxito en el grupo: El dominio. Procuramos celebrar nuestras reuniones como una hermandad de iguales y tratamos de practicar el sistema de turno de nuestros dirigentes. Sin embargo, a veces un miembro puede mantener un puesto de servicio porque nadie más parece dispuesto a ofrecerse para el mismo.

En ocasiones, he ocupado puestos de servicio durante demasiado tiempo. He aprendido que a veces es necesario soltar las riendas, haya o no un reemplazo. Nadie puede recoger la pelota hasta que yo no la deje caer. También enteré de que lo que considero como un sentido de responsabilidad muy desarrollado podría ser en realidad una forma de dominio.

No puedo intentar dirigir los asuntos del grupo sin obstaculizar la recuperación del grupo y la mía.

Pensamiento del día

Hoy participaré en el sistema de turno del liderazgo de grupo.

”Un motivo por el que es tan importante turnarse en el grupo es que le da a todos la misma oportunidad de ser responsables. Turnarse también ayuda a impedir que una persona asuma autoridad en el puesto.”

                                                                                Senderos de recuperación, Pág. 214

Julio 21 (Basta con ser)

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No siempre tenemos claro qué estamos experimentando, o por qué.
En medio de la pena, de la transición, de la transformación, del aprendizaje, de la curación, o de la disciplina, es difícil tener una perspectiva.
Eso es porque aún no hemos aprendido la lección. Estamos en medio de ella. El don de la claridad aún no ha llegado.
Nuestra necesidad de control se puede manifestar como una necesidad de saber exactamente qué está sucediendo.
No siempre podemos saberlo. A veces necesitamos dejarnos ser y confiar en que la claridad vendrá después, en retrospectiva.
Si estamos confundidos, así es como se supone que debemos estar. La confusión es temporal. Luego veremos. La lección, el propósito, se revelará, a su tiempo, a su propio tiempo.
Todo tendrá perfecto sentido, después.
Hoy dejaré de esforzarme en saber lo que no sé, en ver lo que no puedo ver, en entender lo que aún no entiendo. Confiaré en que es suficiente ser, y dejaré ir mi necesidad de averiguar las cosas.

Julio 20 (Deja ir la resistencia)

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Gracias Padrino, ahora vamos juntos a todos tus viajes!

 

No tengas tanta prisa por seguir adelante.
Relájate. Respira hondo. Sé. Permanece en armonía hoy.
Guarda una actitud abierta. Hay belleza a nuestro alrededor y en nuestro interior hoy. Hay un propósito y un significado en el día de hoy.
El día de hoy tiene importancia, no tanto por lo que nos suceda, sino por cómo respondamos.
Deja que transcurra el día de hoy. Aprendemos nuestras lecciones, resolvemos cosas, cambiamos de una manera sencilla: viviendo plenamente nuestra vida hoy.
No te preocupes por los sentimientos, problemas o regalos del mañana. No te preocupes si podremos confiar en nosotros mismos, en la vida o en nuestro Poder Superior mañana.
Todo lo que necesitemos hoy nos será dado. Esa es una promesa, de Dios, del Universo.
Siente los sentimientos de hoy. Soluciona los problemas de hoy.
Disfruta los regalos de hoy. Confía en ti mismo hoy, en la vida y en tu Poder Superior.
Adquiere el arte de vivir plenamente el hoy. De absorber las lecciones, la curación, la belleza, el amor de que disponemos hoy.
No tengas tanta prisa por seguir adelante. No hay prisa. No podemos escapar; tan sólo posponemos. Deja ir los sentimientos; respira en paz y en curación. No tengas tanta prisa por seguir adelante.
Hoy, no correré de mí mismo, de mis circunstancias o de mis sentimientos. Estaré abierto a mí mismo, a los otros, a mi Poder Superior y a la vida. Confiaré en que al enfrentar el hoy al máximo de mi capacidad, adquiriré las destrezas que necesite para encarar el mañana.

Julio 19 (Probémoslo a nosotros mismos)

 

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El primer robot inteligente para padres, es mexicano, Gracias Claudia Linares.

 

Me pasé un año tratando de probarle a mi esposo cuánto me estaba lastimando que él bebiera. Cuando empecé a recuperarme, me di cuenta que era yo la que debía darme cuanta de cuánto me estaba lastimando que él bebiera.
Anónimo
Me pasé meses tratando de probarle a un hombre cuán responsable y sana era yo. Luego me di cuenta de lo que estaba haciendo. El no tenía que darse cuenta de cuán responsable y sana era yo. Yo era la que tenía que darme cuenta.
Anónimo
Tratar de probar lo buenos que somos, tratar de probar que somos suficientemente buenos, tratar de demostrarle a alguien cuánto nos ha herido, tratar de demostrarle a alguien que somos comprensivos, son signos de advertencia de que podemos estar dentro de nuestras conductas autoderrotistas.
Pueden ser una indicación de que estamos tratando de controlar a alguien. Pueden ser una indicación de que no estamos creyendo lo buenos que somos, que somos suficientemente buenos, o de que alguien nos está lastimando.
Pueden ser una advertencia de que hemos permitido quedarnos enganchados en un sistema disfuncional.
Pueden indicar que estamos atorados en esa densa niebla de la negación, que estamos haciendo algo que no nos conviene. Tratar excesivamente de demostrarle algo a alguien
puede significar que aún no nos hemos demostrado ese algo a nosotros mismos. Una vez que nos lo hayamos demostrado a nosotros mismos, una vez que lo hayamos comprendido, sabremos qué hacer.
La cuestión no es que otros nos entiendan y nos tomen en serio. La cuestión no es que los demás crean que somos buenos o que somos suficientemente buenos. La cuestión no es que otros vean y crean lo responsables o adorables o competentes que somos. La cuestión no es que los demás se den cuenta o no cuán hondamente estamos sintiendo un sentimiento en particular. Somos nosotros los que necesitamos ver la luz.
“Hoy, Dios mío, ayúdame a dejar ir mi necesidad de controlar los resultados de los eventos influyendo sobre las creencias de los demás.
Me concentraré en aceptarme a mí mismo, en vez de en tratar de probar algo acerca de mí mismo. Si me sorprendo en la trampa codependiente de tratar de enfatizar algo cerca de mí ante otra persona, me preguntaré si necesito convencerme a mí mismo acerca de ese punto.”

Julio 18 (Tiempo para enojarse)

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Ya es tiempo de que te enojes, sí, de que te enojes mucho.
La ira puede ser una emoción tan potente, atemorizante.
También puede ser un sentimiento que nos guíe hacia importantes decisiones, a veces decisiones difíciles de tomar.
Puede ser señal de los problemas de otras personas, de nuestros problemas, o simplemente de problemas que debemos enfrentar.
Negamos nuestra ira por una serie de razones. No nos damos permiso para permitir que aflore en nuestra conciencia, al principio.
Entiende que la ira no desaparece; se asienta en capas bajo la superficie, esperando a que estemos listos, a que nos sintamos seguros y que estemos lo suficientemente fuertes para lidiar con ella.
Lo que solemos hacer en vez de encarar nuestra ira y lo que ésta nos está diciendo acerca del cuidado de uno mismo, es sentirnos dolidos, victimados, atrapados, culpables e inseguros acerca de cómo cuidar de nosotros mismos. Podemos asilarnos, negar, dar pretextos y esconder la cabeza en la arena, por un tiempo.
Podemos castigar, desquitarnos, levantarnos y preguntarnos.
Podemos perdonar repetidamente a la otra persona por conductas que nos lastiman. Podemos temer que alguien se aleje si enfrentamos la ira que sentimos hacia él o ella. Podemos temer que tengamos que alejarnos nosotros si nos enfrentamos a nuestra ira.
Podemos simplemente tener miedo de nuestra ira y de la potencia de ésta. Podemos no saber que tenemos derecho, una responsabilidad incluso –para con nosotros mismos- de permitirnos sentir nuestra ira y aprender de ella.
“Dios mío, ayuda a que afloren mis sentimientos de ira ocultos o reprimidos. Ayúdame a tener el valor para encararlos. Ayúdame a comprender cómo debo cuidar de mí mismo con la gente hacia la cual siento ira. Ayúdame a dejar de decirme a mí mismo que algo anda mal conmigo cuando la gente me victimiza y me siento enojado por la victimización. Puedo confiar en que mis sentimientos son señal de que existen problemas que necesitan mi atención.”

Julio 17 (Amor, con palabras y acciones)

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Muchos de nosotros tenemos nociones confusas acerca de qué significa que nos amen y se preocupen por nosotros.
A muchos de nosotros nos cuidaron y nos amaron personas que tenían discrepancias entre lo que decían y lo que hacían.
Podemos haber tenido una madre o un padre que nos decía “te amo”, y que luego nos abandonó o nos descuidó, dejándonos con ideas confusas acerca del amor. Y por tanto, ese patrón de conducta lo sentimos como amor, el único amor que conocimos.
Algunos de nosotros hemos estado al cuidado de personas que nos proveían en nuestras necesidades y decían amarnos, pero simultáneamente abusaban de nosotros o nos maltrataban. Esa, entonces, se convierte en nuestra idea del amor.
Algunos de nosotros podemos haber vivido en ambientes emocionales estériles, donde la gente decía amarnos, pero no demostraba sus sentimientos ni su solicitud. Esa puede haberse convertido en nuestra idea del amor.
Podemos aprender a amar a los demás o a nosotros mismos de la manera como hemos sido amados, o podemos dejar que otros nos amen de la manera como hemos sido amados, nos sintamos bien con ello o no. Ya es tiempo de dejar que se satisfagan nuestras necesidades de maneras que realmente funcionen. El amor enfermizo podrá satisfacer algunas necesidades superficiales, pero no nuestra necesidad de ser amados.
Podemos llegar a esperar congruencia en la conducta de los demás.Podemos disminuir el impacto de las puras palabras e insistir en que estén de acuerdo las acciones con las palabras.
Podemos encontrar valor, cuando sea apropiado, para confrontar las discrepancias entre palabras y acciones, no para avergonzar, para culpar o para encontrar culpables, sino para ayudarnos a permanecer en contacto con la realidad y con nuestras necesidades.
Podemos dar y recibir amor cuando la conducta está de acuerdo con las palabras de uno. Merecemos recibir y dar lo mejor que el amor puede ofrecer.
“Hoy estaré abierto a dar y recibir el amor más sano posible.
Vigilaré las discrepancias entre las palabras y las conductas que me confunden y me vuelven loco. Cuando eso suceda, entenderé que no estoy loco; que estoy en medio de una discrepancia.”

Julio 16 (Insiste en lo mejor)

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Nos merecemos lo mejor que pueden ofrecer la vida y el amor, pero cada uno de nosotros enfrenta el desafío de aprender a identificar qué significa eso en su vida. Cada uno de nosotros debe llegar a comprender lo que creemos merecer, lo que queremos y si lo estamos recibiendo o no.
Se puede empezar desde un solo lugar, y ése es justamente en el que estamos, en nuestras circunstancias actuales. El lugar desde el cual comenzamos es con nosotros.
¿Qué nos duele? ¿Qué nos enoja? ¿De qué nos estamos quejando y lamentando? ¿Estamos menospreciando cuánto nos está doliendo una conducta en particular? ¿Estamos disculpando a la otra persona, diciéndonos a nosotros mismos que somos “demasiado exigentes”? ¿Estamos renuentes, por una serie de razones, especialmente el miedo, a atacar los asuntos en nuestras relaciones que pueden estarnos lastimando? ¿Sabemos lo que nos está lastimando y sabemos que tenemos el derecho de detener nuestro dolor si queremos hacerlo?
Podemos comenzar la jornada de la privación al merecimiento. Podemos empezar hoy. También podemos ser pacientes y gentiles con nosotros mismos, a medida que viajamos, cuando cada vez vamos sintiendo menos que nos merecemos lo segundo mejor, y vamos sabiendo en nuestro corazón que nos merecemos lo mejor, y asumimos la responsabilidad de ello.
“Hoy prestaré atención a cómo permito que me trate la gente y cómo me siento acerca de ello. También me fijaré en cómo trato a los demás.
No reaccionaré excesivamente tomándome sus asuntos en forma demasiado personal o demasiado en serio; no reaccionaré de menos negando que ciertas conductas son inapropiadas e inaceptables para mí.”